En el cine mundial es raro que un director dirija a sus padres en una película, pero Natalia Beristáin se sumará a esa extraña lista al tener bajo su batuta a la actriz Julieta Egurrola, su mamá.

Ambas harán dupla en Ruido, próximo filme de la realizadora, que abordará el caso de una mujer buscando a su hija desaparecida.

“Llegará el momento en que cuando llegue al set me pregunte cuándo pensé que era una buena idea esto (risas), pero será algo especial”, dice Beristáin.

“Desde antes del guión ya había pensado en ella como protagonista, me emociona trabajar con una actriz como ella, sé sus tonos, sus alcances y su profesionalismo”, agrega la realizadora de Los adioses.

Anteriormente han trabajado juntas en la tesis de cine de Natalia y luego en una obra de teatro en la que la directora era asistente.

“Ruido estaba puesta para arrancar en esta segunda mitad del año, pero ahora todo está en stand by, veremos cómo se reactiva la vida laboral y una vez viendo el panorama del crew y el elenco cómo queda”.

Con su hija

Esta semana, el más reciente trabajo de la egresada del Centro de Capacitación Cinematografía se vio en el proyecto multinacional Hecho en casa, que son 17 cortometrajes rodados durante la contigencia sanitaria.

En el concepto se encuentran, entre otros Pablo Larraín, Paolo Sorrentino, Sebastián Lelio, Laddj Ly, y las actrices-directoras Kristen Stewart y Maggie Gyllenhaal.

Beristáin, única mexicana en el proyecto, dirigió a su propia hija de cinco años en el corto Espacios.

“Me contactaron en mayo para ver si me interesaba y sólo pedían que durara entre cinco y siete minutos, sin romper las reglas de confinamiento del lugar y se hiciera con lo que tuviera a la mano, además de ser para todo público”, recuerda.

“Trae la actuación con ella, hubo un momento en que le decía que debía poner una banquita en la entrada para quitar el seguro de la puerta, se golpeó sin querer y sostuvo la ficción, nunca me volteó a ver ni dijo nada, me sentí la peor mamá, pero jamás rompió la ficción y he visto a varios actores que por menos de eso, la rompen”, narra.

Comenta que la pequeña no quería representar a una niña que está sola, pero al final la convenció.

“En un momento me decía que apagara la cámara y le decía que debíamos hacer otra porque quizás el avioncito no cayó donde debía y después transitábamos bien a nuestra cotidianidad, a hacer de comer, porque eso era lo que más interesaba, que ella comiera bien tres veces al día”, subraya.

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