DF, la ciudad que latió con Chava Flores
19 | FEB | 2020
DF, la ciudad que latió con Chava Flores
El cantante, quien también realizó cine, murió el 5 de agosto de 1987. ARCHIVO EL UNIVERSAL

DF, la ciudad que latió con Chava Flores

14/01/2020
01:33
Janet Mérida y Reyna Avendaño
Ciudad de México
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Hace 100 años, La Merced vio nacer al cronista que retrató al México de los 70 y 80

Hoy, hace 100 años, el corazón de La Merced latió al mismo tiempo que el de Chava Flores, quien nació el 14 de enero de 1920. Desde aquel momento, su voz, ingenio, albur y sentido del humor quedaron atados a esas calles, a esa gente, a ese ruido, risas e injusticias que cronicó en casi 200 canciones que, para alegría de miles de personas, compartió y cantó hasta que la voz se lo permitió, y que hoy siguen vivas en quien las canta.

Escribió, por ejemplo, “¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?”, ”Sábado Distrito Federal”, “Bartola”, “El gato viudo”, “Dos horas de balazos”, “Voy en el metro”, “La casa de la Lupe”, “Boda de vecindad”, entre muchas otras canciones que son el vivo retrato de esta ciudad.

Tuvo ocho hijos, seis mujeres y dos hombres (en su segunda relación), entre ellos María, quien conoció no sólo al artista sino al padre amoroso del que hoy conserva infinidad de recuerdos. Ella también es la encargada de su obra, junto a sus hermanos.

 

 

 

“Tuve la fortuna de contar con un padre muy dedicado a la familia, lo recuerdo con orgullo y responsabilidad porque ya no es nada más el padre sino el personaje con el que estamos tratando. La obra tiene que ser tratada también con mucho cuidado, mucho cariño y mucho respeto. Fue un padre que ayudaba a hacer la tarea, que te llevaba de días de campo, un padre con domingos (libres), las navidades eran únicas y, la verdad, eso no se puede pasar por alto porque uno lo aprecia más cada día, cada hijo era especiales”.

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Fototeca EL UNIVERSAL 
 

Antes de ser el Chava Flores que conocemos, se dedicó a muchísimas cosas: contador y comerciante, por ejemplo, aunque no tuvo mucha suerte en el oficio. También vivió en casi toda la ciudad de México: Tepito, Peralvillo, Santa María la Ribera, entre otras colonias.

De allí que se forjara como el compositor que fue: con los sentidos abiertos, muy dispuestos a observar y traducir en canciones. En sus conciertos, siempre contaba las historias de sus canciones.

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Fototeca EL UNIVERSAL 

 

“Recuerden que yo soy un compositor de canciones que tratan de reflejar el modo de sentir del pueblo de la Ciudad de México, cómo somos, cómo comemos, cómo vivimos, cuáles son nuestros sucesos, cómo son nuestras cosas, nuestros vestidos, no puedo pasar desapercibido cómo hablamos; 80% del mexicano capitalino es alburero, somos albureros, hay otro 10% que nada más habla puro albur y el otro 10% no lo habla, lo piensa... ese es peligroso”, se le escucha decir previo a alguna canción.
 

Chava Flores se despidió sin voz 

Chava Flores tuvo muchas despedidas en escenarios como el Teatro Ferrocarrilero, el Teatro de la Ciudad y el Teatro Reforma. En septiembre de 1982 informó de su retiro en el Ferrocarrilero, donde se despidió con lágrimas y entre ovaciones.

En aquella ocasión dijo a EL UNIVERSAL, que nunca se consideró un cantante, se conformó con ser un buen intérprete de sus canciones, sin embargo, reconoció que jamás se preocupó por cuidar su voz, y eso trajo consecuencias.

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“Ya no puedo cantar. Es más, nunca fui cantante. Me conformaba con interpretar bien mis canciones, porque las cantaba bien. Pero un cantante debe tener educación para no acabar con su voz. Y yo no la tuve”, expresó.

“Ya no puedo cantar, es más, nunca fui cantante. Me conformaba con interpretar bien mis canciones, porque las cantaba bien, pero un cantante debe tener educación para no acabar con su voz. Yo no la tuve. Entonces, como nunca eduqué mi voz, no he logrado que perdure. Es una lástima, pero ni modo, ahora mi voz vale para pura vergüenza”.

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Chava Flores detalló emocionado, que su voz estaba lejos de causar admiración, y que por ese motivo emprendía la retirada.

“Entonces, como nunca eduqué mi voz, no he logrado que perdure. Es una lástima; pero ni modo, ahora mi voz vale para pura vergüenza”.

Ante 2 mil personas, Chava interpretó sus entrañables temas, luego, entre ovaciones lloró, lloró mucho, se despidió pero dejó clara una cosa, que seguiría escribiéndole a su ciudad.

“Ahora que está de moda llorar en las telenovelas, yo lloro, y lloro por esto que dejo, que han sido 31 años de cantar y de poder expresar mi sentimiento. Aquí queda mi vida, pero si hay algo que pueda yo escribir para seguir cantando a mi ciudad, lo seguiré haciendo”, reiteró.

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En la etapa final de su vida, don Chava valoró mucho que la gente escuchara y cantara sus canciones, con eso se daba por bien servido, y sobre lo que sería de él en el futuro, admitió feliz que seguiría siendo por siempre un bohemio.  

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“Pero quedan algunas de mis canciones para que las escuchen quienes como yo, hemos sido pobres, habitantes de una ciudad bonita pero en la cual hay que enfrentarse diariamente a la supervivencia”.

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Chava Flores, Miguel Aceves Mejía  y José Alfredo Jiménez. Fototeca EL UNIVERSAL

 

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