Para muchos, el jueves terminó como cualquier otro. Para quienes ocuparon una butaca en el Teatro Metropólitan, la noche apenas comenzaba. Las luces se apagaron y, cuando sonaron los primeros acordes de "Los amantes", apareció en el escenario para abrir una puerta hacia el pasado.

No hizo falta demasiado. Bastaron las primeras notas para que el público reconociera una historia que lleva años sonando en la memoria. La voz de Torroja hizo que el tiempo pareciera detenerse y, por unos minutos, el Metropólitan dejó de ser un teatro para convertirse en ese lugar donde los recuerdos regresan acompañados de una canción.

La noche avanzó sin darle demasiado espacio al silencio. "Me colé en una fiesta" provocó que el público se levantara de sus asientos y cantara al unísono. Las voces de los asistentes se mezclaron con la de la española, recuperando el espíritu de Mecano y aquella fiesta que parecía volver a ocurrir frente a ellos.

"Allí me colé y en tu fiesta me planté / Coca-Cola para todos y algo de comer", cantaron los asistentes, demostrando que algunas letras no necesitan presentación: basta con escuchar los primeros acordes para recordarlas completas.

Después de las primeras canciones llegó un momento de calma. Torroja se detuvo para mirar al público y agradecerle el cariño que México le ha entregado durante tantos años.

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"Me faltan las palabras para agradecer a este país y a cada uno de vosotros. Los quiero un chingo", dijo la cantante.

La respuesta fue inmediata. Desde las butacas llegó el grito: "Ana, hermana, ya eres mexicana".

Y la noche siguió.

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"Aire" apareció entre las canciones que han acompañado a Torroja durante su carrera. El tema volvió a sonar frente a un público que no necesitó demasiado para reconocerlo, mientras la cantante recorría el escenario vestida con una falda de cuero negra, botas azules y una blusa negra.

Ana Torroja en el Teatro Metropólitan. Foto: MAYRA ORTIZ.
Ana Torroja en el Teatro Metropólitan. Foto: MAYRA ORTIZ.

Torroja se movía de un lado a otro, cambiando de actitud conforme cambiaba la canción. Por momentos parecía aquella intérprete que conquistó al público con Mecano; en otros, aparecía la artista que ha construido su propio camino lejos de aquella agrupación.

Porque el concierto también miró hacia adelante.

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"La Maleta", "Modo avión" y "Recordar", canciones de su etapa más reciente, encontraron su espacio entre los clásicos. La respuesta de los asistentes confirmó que la historia de Ana Torroja no se quedó en aquellas canciones que marcaron los años de Mecano.

Pero entonces llegó "Mujer contra mujer".

El ambiente cambió. Las voces comenzaron a bajar y la emoción se apoderó del recinto. Algunas personas cantaron con los ojos cerrados; otras dejaron escapar lágrimas mientras la canción avanzaba.

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"¿Quién detiene palomas al vuelo? / Mujer contra mujer", se escuchó en el Metropólitan.

Por unos minutos, la canción dejó de pertenecer únicamente a Torroja. Era del público, de quienes la habían escuchado años atrás, de quienes la descubrieron después y de quienes esa noche encontraron en ella un recuerdo propio.

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"Hijo de la luna" continuó el recorrido. En la voz de Ana Torroja, uno de los temas más reconocidos de Mecano volvió a cobrar vida y recordó el peso de una época que, aunque ya no existe de la misma manera, permanece en las canciones.

Después llegaron las trompetas de "La fuerza del destino" y el Metropólitan recuperó el movimiento. El público volvió a cantar, aplaudir y dejarse llevar por una canción que transportó a muchos a una época en la que la fiesta parecía ser suficiente motivo para celebrar.

Ana Torroja no necesitó quedarse únicamente en el pasado. Su concierto fue precisamente un diálogo entre lo que fue y lo que todavía está por venir: las canciones que construyeron su historia convivieron con las que hoy forman parte de su presente.

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Y cuando la noche llegó a su final, quedó una sensación clara entre las butacas: algunas canciones envejecen, otras simplemente se convierten en recuerdos. Las de Ana Torroja parecen haber elegido un tercer camino: seguir acompañando a quienes las escuchan, incluso cuando los años ya han pasado.

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