El SNTE, débil, desdibujado y extraviado

Salvador García Soto

El sindicato más grande de América Latina, el SNTE, carece en estos momentos de un discurso claro y perdió su influencia sobre la problemática educativa. Sometido por el gobierno federal para apoyar la reforma educativa, tras la detención de su presidenta Elba Esther Gordillo, en febrero de 2013, el sindicato magisterial no tiene un liderazgo sólido y la permanencia de Juan Díaz de la Torre —que contra los estatutos internos ocupa al mismo tiempo dos cargos, el de presidente y secretario General— obedece más a la imposición del gobierno que a un liderazgo real del actual dirigente, que no tiene control total de las secciones magisteriales.

Una muestra del terreno perdido por el sindicato magisterial es que a tres años de la implementación de la reforma educativa ni siquiera es el principal interlocutor de la SEP para el tema educativo. Tiene mayor interlocución la CNTE, a la que se la han dado mayores concesiones y apoyos y hasta mesas de diálogo, que el SNTE, aún cuando es el titular oficial del Contrato Colectivo, aunque también en las filas del magisterio oficial hay grupos y secciones que no terminan de aceptar la sustitución de su antiguo Servicio Profesional Docente que contemplaba hasta 60 escalafones por sección, por un escalafón único ligado a la Evaluación Docente.

La Evaluación Docente alteró los equilibrios internos del SNTE. El débil liderazgo de Juan Díaz se refleja en que, cuando fue nombrado —en febrero de 2013 en el Congreso de Guadalajara, tras la detención de Elba Esther— se le otorgaron funciones de “presidente” sólo para un periodo de 6 meses “mientras pasa la emergencia”. Han pasado 3 años y 8 meses y, violando los estatutos internos que le prohiben ocupar los dos cargos, Díaz de la Torre sigue apareciendo en el organigrama oficial como “presidente” y al mismo tiempo como “secretario general”. La razón por la que no convoca a un nuevo Congreso Nacional para elegir a un nuevo presidente o para que lo ratifiquen a él y elijan un nuevo secretario general es porque no tiene el control total de las secciones y sí podría haber una rebelión que le quitara los dos cargos, algo que tampoco conviene al gobierno de Peña Nieto.

Cuando detuvieron a Elba Esther Gordillo en febrero del 2013, la plana mayor del SNTE, reunida en Guadalajara, recibió la noticia como un balde de agua helada. Los dirigentes de las 32 secciones sindicales, comandados por Juan Díaz de la Torre, entraron en shock. Varias voces de dirigentes comenzaron a subir el tono y a proponer una “confrontación total” con el gobierno para exigirle la “liberación inmediata” de su presidenta: “Saquemos a los maestros a las calles, presionemos hasta obligar al gobierno a liberarla”, dijeron líderes seccionales.

Fueron 48 horas de discusiones y tensión en Guadalajara, cuando la hija de Elba Esther y entonces senadora por Nueva Alianza, Mónica Arriola, llamó por teléfono a Juan Díaz y le dijo que se encontraba en ese momento en Bucareli, en el despacho del secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong. “El gobierno quiere negociar con el sindicato y quiere que tú encabeces la negociación”, le dijo la hoy fallecida senadora, quien se encargó de concretar la primera reunión entre la dirigencia del SNTE y Gobernación tras la detención sorpresiva de Gordillo.

En el Congreso del SNTE se plantearon entonces dos salidas: ir a una confrontación abierta y declararle la guerra a Peña Nieto y a su gobierno, con todo lo que eso pudiera significar, o atender el llamado a la negociación de las autoridades y replegarse en busca de un acuerdo político que les garantizara, primero, la liberación de Elba Esther en un plazo máximo de 6 meses y , segundo, la posibilidad de convocar a elecciones para nombrar un nuevo presidente del SNTE. Se impuso la negociación con el gobierno y Juan Díaz de la Torre fue llevado por Osorio Chong a Los Pinos y ahí se acordó que él asumiera el liderazgo del sindicato.

Se sellaba así no sólo la suerte de la maestra, que paulatinamente sería abandonada en la cárcel por la dirigencia de Díaz de la Torre, que ni siquiera ha querido declarar como “testigo de cargo” a favor de su antigua lideresa; también se escribía la suerte del poderoso sindicato que, dividido y fracturado por los pleitos entre Juan Díaz y las hijas de Gordillo, la fallecida Mónica Arriola y Maricruz Montelongo, y el distanciamiento con Fernando González, comenzaría a perder poder y presencia frente al gobierno, mientras la CNTE gana terreno e interlocución.

Hoy la falta de control del nuevo dirigente magisterial se muestra en que el SNTE ni siquiera ha logrado negociar un nuevo Contrato Colectivo de Trabajo que se adecue a las nuevas disposiciones de la reforma educativa, que ya hicieron inválido el antiguo contrato laboral del otrora poderoso y hoy debilitado sindicato magisterial.

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