¿En qué se parecen EPN y Bachelet?

Katia D'Artigues

Sendos mandatarios tienen bajos niveles de aprobación entre sus gobernados; además de conflictos de interés relacionados con familiares

Es obvio que son diferentes. Enuncio algunas características enfrentadas: uno es hombre; la otra es mujer (ella misma es ex líder de ONU Mujeres y hablará del tema hoy). Él gobierna con un monolítico PRI (donde es el jefe todopoderoso) y su achichincle sin castigo, el Partido Verde; y ella con una complicada coalición de 7 partidos llamada “Nueva Mayoría”. Él se dice de centro y ella nunca ha negado ser de izquierda.

Aun así, Enrique Peña Nieto y Michelle Bachelet (la presidenta de Chile que hoy está en el país) tienen 5 cosas interesantes en común con las que batallan en sus respectivos gobiernos.

1) Los dos tienen ahora una bajísima popularidad entre sus gobernados. Ella apenas un 26% de respaldo contra 70% de desaprobación; él 34 de respaldo (entre ciudadanos; entre líderes cae al 15%) contra 64 de desaprobación (84% de “líderes”). Y eso que a ambos —diríamos en México— se les atribuía un “efecto teflón” (de que ninguna acusación se les pegaba) antes de ser electos, él por primera vez y ella por segunda ocasión. De ella se decía que era “incombustible”, que tenía un carisma a toda prueba y de él se recuerdan las horas que pasaba saludando personas en sus eventos a ahora… cuando inaugura estadios de futbol vacíos.

2) A los dos los persigue el tema de la corrupción… relacionado con sus familias. De hecho, la percepción de corrupción institucional es un tema de los peor evaluados en sus gestiones.

Mientras en México esperamos, con mucha paciencia, los resultados de la investigación de Virgilio Andrade para que nos diga si hubo o no “conflictos de interés” en la compra de la Casa Blanca de la primera dama y la casa de Malinalco del secretario de Hacienda, “hermano” político del Presidente; en Chile a ella la persigue el llamado “Caso Caval” (antes “Nueragate”).

¿De qué va? Que una sociedad exportadora de la nuera de Bachelet, Natalia Compagnon, casada con su hijo Sebastián Dávalos, recibió un crédito del Banco de Chile por 10 millones de dólares un día después de que ella —bien raro— triunfó en las elecciones.

En Chile, su hijo renunció a ser director del área sociocultural de la Presidencia, puesto que asumen las primeras damas por tradición; aquí Angélica Rivera no ha renunciado a nada, pero, ¿hace cuánto no la vemos en un evento del DIF?

3) A los dos se les ha criticado por la tardanza en mover a sus equipos cercanos. Ella tardó casi un mes en nombrar al sustituto del Ministerio de la Secretaría General de la Presidencia al aceptar, a 27 días de nombrarlo, la renuncia de Jorge Insunza; aunque luego movió a la mitad de su gabinete.

A él aún no le conocemos cambios sustanciales en su gobierno sin importar cómo lo hagan quedar a él, nacional e internacionalmente.

4) Los dos enfrentan graves problemas con reformas educativas. Aunque es muy difícil comparar: en Chile está en la mesa la gratuidad de la educación universitaria para todos, aquí… pues ya para qué le digo. A todo esto, 11 días Emilio Chuayffet lleva en el hospital, ¿pues qué tiene?

5) El “síndrome de Benjamín Button”, ese envejecimiento prematuro que no se sabe por qué se da ni cómo enfrentarlo. Esta es una descripción del gobierno de Bachelet que le robo al columnista Joaquín García Huidobro, de El Mercurio. Bachelet ya enfrenta en su país rumores de su sucesión cuando inició en el gobierno apenas el 11 de marzo de 2014. Aquí la sucesión inició antes de terminar la elección de junio pasado. Ambos terminan en distintos meses de 2018.

¿Le entregarán los gobiernos a opositores? Veremos, por lo pronto al PRI le interesará saber que ella le dejó la primera vez la Presidencia a un opositor a pesar de tener 80% de aprobación.

Eso sí, es de reconocer que —aunque quizá no con el apoyo que ella hubiera esperado— Bachelet sí aceptó problemas, hizo cambios a su gabinete, y declaró un “segundo tiempo” de su gobierno (inspirado en el final de la Copa América que se jugó en su país). Ha asumido como eje de su gobierno el “realismo sin renuncia”; es decir, que ante la baja de crecimiento económico (¿le suena?) se ajustarán a lo que realistamente puedan hacer como prioridad pero sin renunciar porque “no sirvo para darme por vencida”.

Ella acaba de declarar en su viaje a El Salvador —antes de tocar México— esto, que perfecto me lo puedo imaginar en boca de EPN:

—Sin confianza cívica y legitimidad de la representación política, las reformas, por buenas que sean en su diseño y objetivo, despiertan suspicacias y cuestionamientos.

 

México es el país de las burlas.

1) No importa que en una tragedia donde murieron 49 niños y niñas menores de edad hace 6 años, la justicia no alcance a funcionarios de primer nivel estatal y federal. Los responsables, como casi siempre sucede, son los más desprotegidos, los empleados, que sí tendrían alguna responsabilidad, pero nadie de más arriba. La PGR acaba de pedir orden de aprehensión contra 22 mujeres, todas empleadas a las que también se les cayó un techo ardiendo encima.

2) Qué importa que un partido viole cuanta ley (de hecho lo hizo 14 veces), si esto no es causa para retirarle su registro. Que no hay que “abaratar” una decisión así, dice Lorenzo Córdova al justificar no quitarle el registro al Verde. En tan sólo 597 millones 500 mil pesos en multas le salió al PRI tener mayoría en el Congreso. Eso sí es barato.

 

Él responde:

--Ahora nos viene a invitar a colaborar en su gobierno, como dirían los jóvenes, zafo: Andrés Manuel López Obrador al guiño lanzado por el gobernador electo de Michoacán, Silvano Aureoles, de que MORENA participe en su próximo gobierno.

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