Lo "mejorcito" del Verde

Carlos Loret de Mola

Cuando en la política mexicana hablan del PVEM brota de manera natural un gesto que en el mejor de los casos es de resignación

En el mundo de la política, los rivales llegan a conocerse y a construir relaciones personales que sobreviven a las diferencias de partido, ideología e intereses.

Durante la negociación del Pacto por México, por ejemplo, se tejieron buenas amistades entre los priístas, panistas y perredistas que participaron. Se fundaron en la confianza y respeto por la palabra. Esos puentes han sido útiles para negociaciones posteriores. Alguien puede criticar ferozmente a un partido rival pero tener un gran amigo en él.

Cuando los actores más relevantes de la política mexicana hablan del Partido Verde Ecologista de México brota de manera natural un gesto que en el mejor de los casos es de resignación, si no de abierto rechazo.

La estrategia de buscar permanentemente vulnerar la ley, doblarla, estirarla o flagrantemente violarla, en algunos generó admiración por la osadía y en otros reprobación por la desfachatez.

Incluso entre sus aliados, causan pena algunas de las figuras más relevantes del partido. Pienso en los comportamientos públicos de su dueño, Jorge Emilio González Martínez El Niño Verde, entre otros, que se ostentan como representantes de una generación joven de políticos, pero que en realidad desfilan entre la inexperiencia y el patetismo.

En cualquier caso, al hablar del Verde, había un denominador común que anoté desde hace años: muchos de sus interlocutores —socios y enemigos— coincidían en definir a Arturo Escobar como “lo mejorcito que tiene el Verde”.

Me llamó la atención porque muchas veces usaban exactamente esa frase. Y a lo largo del tiempo, en lo que Escobar navegaba entre puestos partidistas y legislativos, se la escuché a priístas, panistas, perredistas y hasta a los hoy morenistas. Incluso después de aquel incriminatorio episodio en que fue sorprendido con un portafolio de dinero aterrizando en Chiapas en plena época de campañas, le atribuían inteligencia política y discurso, un nivel varios peldaños arriba que el promedio del Verde.

Escobar fue nombrado subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana en Gobernación. Imagino que en la administración federal buscaban tener un guiño con el aliado fundamental que ha sido el Verde para que el presidente Peña Nieto siga controlando el Congreso, un cuadro joven pero con recorrido y buen acceso a los más relevantes de la política —decían que era “lo mejorcito”—. En buena medida por eso, deduzco, ganó la carrera a Eunice Rendón Cárdenas, quien estuvo un tiempo como encargada del despacho de esa Subsecretaría (al salir Roberto Campa Cifrián) y en ese lapso dejó sorprendidos a algunos pares y superiores.

Pero el Partido Verde, comandado por González Martínez y operado por Escobar, ya había generado mucha indignación en el camino. Supongo que en el mismo gobierno no calcularon el impulso de la protesta ante el nombramiento. Lo que vino después fue devastador: la Fiscalía para la Atención de Delitos Electorales de la PGR solicitó una merecida orden de aprehensión en su contra. Y Escobar cayó.

SACIAMORBOS. Y si así está “lo mejorcito”…

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