Sinsentidos mexicanos y el sentido común de Trump

José Carreño Carlón

Unidos por el pavimento. De lo más completa, la cobertura informativa de EL UNIVERSAL sobre las marchas del domingo en la CDMX y otras ciudades mexicanas contra la retórica y las políticas del nuevo gobierno de Estados Unidos. Si bien la afluencia no alcanzó las expectativas, estas páginas ofrecieron un balance equilibrado y finalmente promisorio, en general, de este deseable resurgimiento de la participación social de amplio espectro ideológico con disposición a la defensa de principios civilizatorios comunes.

Ya en particular, las crónicas de Héctor de Mauleón y Ricardo Raphael contribuyeron a documentar también una colección de sinsentidos nacionales en choque con el sentido nacional que trataron de darle a las movilizaciones las organizaciones y las personalidades convocantes, con el rector de la UNAM a la cabeza, así como la mayor parte de quienes asistieron. Pero aquí hay que reconocer la conjunción de impericias organizativas y el síndrome antiestablishment que domina la agenda de la conversación del país, que impidieron una manifestación contundente, capaz de expresar con claridad el rechazo mexicano a las agresiones del presidente estadounidense.

Estas condiciones se unieron a su vez a la confusión reinante que ha impedido construir una agenda común de intereses nacionales y sociales a partir de una razonablemente consensuada jerarquización de prioridades. En este sentido, parecería al menos discutible la valoración que se hace de una ‘convivencia’ en la ‘pluralidad’ entre marchantes que sólo compartieron el pavimento del Paseo de la Reforma. Porque lo que dejan ver las crónicas es una estridente incapacidad de algunos ya no digamos de unirse en objetivos comunes, sino siquiera de escucharse entre sí sin recelar, o de voltear a ver —con ánimo de interlocución— las consignas de los otros en la dispersión mareante de mantas, gritos, coros, banderines y pancartas. Celebrar que no hayan llegado a las manos sería conformarse con poco frente a las exigencias de esclarecimiento y acuerdos de los retos actuales.

 

Mensaje fallido. En cuanto al imperativo de enviar al mundo un mensaje mexicano inequívoco de rechazo a los mensajes de racismo anti inmigrante y de guerra comercial, el fracaso fue rotundo. Por ejemplo, sobre la puntual contabilidad de la crónica de Raphael, (la venta de una banderita contra el presidente mexicano por cada 4 contra el estadounidense) el diario de mayor circulación en Estados Unidos, en su versión impresa, el Wall Street Journal, emparejó los cartones en su ‘cabeza’: “Miles marchan en México para protestar contra Trump y Peña Nieto”. Y todavía los inclinó en el ‘sumario’ a favor de Trump, contra quien sólo registró el cuestionamiento a sus políticas, mientras contra el Presidente mexicano destacó un llamado a renunciar.

Esto dejaría claro que también los sinsentidos generan sentidos, más allá de la intención de quienes protagonizan hechos absurdos, ilógicos o irracionales, como define el término el diccionario.

 

¿Sentido común? Días antes, Trump mismo enarboló en su favor otro concepto polémico, el de ‘sentido común’ (del que se dijo portador), en su bullying contra los jueces que suspendieron su ‘orden ejecutiva’ contra migrantes de países mayoritariamente musulmanes. Pero va para un siglo que Gramsci definió el término como una baratija de la ‘filosofía’ popular, con frecuencia cargada de supersticiones (racistas, en el caso de Trump), una apelación que “no requiere de razonamiento, discusión, lógica ni reflexión”, como completa John Hartley.

Este reconocido académico en comunicación y estudios culturales de Cardiff University alerta que el ‘sentido común’ —como los ‘sinsentidos’ descritos, habría que agregar— son campos de batalla en los que se dirime la imposición de ‘verdades’ que deben considerarse obvias, naturales, indiscutibles (en el caso del ‘sentido común’) o la imposición de consignas como expresiones de corrección política de la moda anti sistema (en el caso de los sinsentidos del domingo).

 

Director general del Fondo de Cultura Económica

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