Por qué en las redes Peña falla y Obama acierta

José Carreño Carlón

De infalibilidades. Ya ni el Papa es infalible, pero en México las redes digitales decidieron que el presidente Obama sí lo es, incluso cuando divaga sobre nociones que no maneja. Especialistas de Estados Unidos le criticaron sus errores conceptuales al hablar de populismo. El más directo e informado, Jonathan Chait, en el New York Magazine, lo corrige desde el titular: Lo siento, Obama: Donald Trump es un populista y tú no. También la prensa mundial le ha enmendado la plana. Para The Economist, Trump sí es un populista: una “desagradable mezcla de populismo, nativismo y xenofobia con una porción de cinismo”.

Pero “la hegemonía de los ignorantes”, como llama Arcadi Espada al poder de las redes, estableció en México que fue Obama quien le corrigió al presidente Peña Nieto la advertencia que éste hizo en la Cumbre de América del Norte sobre el riesgo de la expansión de los liderazgos populistas. Aparentemente, Obama pretendía ahondar en la descalificación de Trump al negarle siquiera el título de populista, para dejarlo en xenófobo y cínico. Sólo que falló con su propia inscripción en un populismo de diccionario (así sea el de Oxford, referido a políticas populares), y confundió el debate mundial acerca del populismo que estudian hoy las ciencias sociales: el de los políticos que enganchan al pueblo con demagogia nacionalista, mentiras y promesas insustentables, como lo contextualizó el Presidente mexicano.

Aquella confusión se puso al servicio de la lucha política en México con un empeño malinchista: colocar al Presidente de México en las redes como reprendido por el de Estados Unidos, y también en la línea de denigración institucional de los espacios digitales del planeta. Acaba de salir un artículo sobre el tema en The Atlantic bajo el título La confianza en los gobiernos se está colapsando alrededor del mundo, con un sumario que indica que esa tendencia ayuda a explicar los fenómenos de Trump y del Brexit.

Poder tumultuario. “Las redes sociales han vertebrado, y otorgado identidad, poder y disciplina, aun tumultuaria, a los ignorantes”, escribe el comunicólogo catalán Arcadi Espada, citado arriba, en su columna de El Mundo. “Luego está el embrutecimiento”, agrega, que “se asocia al despotismo de las emociones”. Finalmente establece que “la llamada politización” de estos grupos (el asalto montonero en las redes en nombre de la sociedad) “fosiliza la política”, como la recarga emotiva del debate digital (con todo y sus ‘emoticones’) “fosiliza las emociones”.

El artículo de The Atlantic parte a su vez de un estudio de Richard Edelman que descubre un nuevo ‘mundo autorreferenciado’ en que los habitantes de la redes ven, por ejemplo, a los ‘amigos’ de Facebook, como las fuentes confiables de información. Por eso reproducen sus ‘noticias’, sin acudir a los medios tradicionales.

‘Verdades’ digitales. Así, los participantes recién politizados de las redes, o sea, fosilizados en sus ‘verdades’ digitales, no se enteraron de lo destacado por la prensa nacional y mundial —en la cumbre de América del Norte— sobre la postura conjunta de los mandatarios Obama, Peña y Trudeau contra la xenofobia, es decir, contra Trump. Ni sobre el ejemplo —enaltecido por los medios del mundo— que le está dando a Europa la región comercial del TLC de Norteamérica. Y tampoco valoraron la gestión mexicana que revirtió el requisito de la visa para connacionales que van a Canadá.

En cambio, su ‘información’ provino de tuiteros o ‘amigos’ de Facebook que convirtieron la pifia conceptual de Obama en verdad infalible contra el supuesto error de Peña. También descifraron un par de imágenes supuestamente ‘significantes’ de menosprecios de sus colegas al Presidente mexicano. E incluso armaron ‘memes’ para mofarse del contraste entre la talla de los espigados Obama y Trudeau y la del mexicano, como si el promedio de estatura de nuestros tuiteros fuera de basquetbolistas de la NBA. Extraña mezcla de autodenigración y soberbia: la arrogancia de la ignorancia.

Director general del Fondo de Cultura Económica

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