Cataluña ¿en España?

Jean Meyer

El gran historiador griego, Polibio, escribió, unos 150 años antes de Cristo: “Pues, ha de considerarse en cualquier asunto como causa suprema, tanto del éxito como del fracaso, la estructura de la constitución política, pues de ésta manan como de una fuente, no sólo las intenciones y los proyectos de las acciones, sino su resultado”.

Lo dicho explica tanto el conflicto entre Barcelona y Madrid, como apunta hacia su posible solución. Manuel Vázquez Montalbán (QEPD) lo expuso claramente en la página 108 de su novela policiaca El hombre de mi vida. Vuelve Pepe Carvalho (Planeta, 2000): “Carvalho, el Estado de las Autonomías es un gran invento, pero como todo gran invento depende del uso que se haga de él. La energía atómica, por ejemplo. Un gran invento, pero ¿qué uso se ha hecho de ella? El Estado de las Autonomías puede ser el principio del fin de España o la posibilidad de una España armonizada ¿comprende? Por otra parte, hay una serie de preocupaciones internacionales por movimientos como Pueblos sin Estado o Nación sin Estado, porque eso puede ser la termita de Europa en un momento delicado de la construcción europea”. Hoy en día Europa se ha olvidado de Cataluña, y de España también, con su obsesión por los refugiados y el terrorismo.

Después de las elecciones autonómicas catalanas del 27 de septiembre y de las generales de diciembre de 2015, lo que queda bien claro es que la sociedad catalana ha consumado su división en dos mitades casi empatadas, cuya reconciliación no va a ser fácil de lograr en los próximos años, pase lo que pase en España. Un gran amigo de Cataluña, y de España, el historiador británico John H. Elliott, lamenta que el gobierno autonómico haya logrado liquidar la pluralidad cultural, las identidades diversas de la que fue, en los años 1970, la comunidad más abierta, europea, cosmopolita de toda España. John H. Elliot le confesó a Juan Cruz que le daba tristeza ver las divisiones que separan ahora a los catalanes, “el papel de la intimidación en esa sociedad, el miedo a hablar con claridad sobre lo que estás pensando si no estás conforme con el movimiento secesionista, por ejemplo. Eso es lo peor de estos movimientos nacionalistas, que quieren acaparar todo y no dejan que los sensatos, que solo querrían emitir su opinión, no puedan levantar la voz… Dije hace tiempo que esto es la consecuencia de la combinación de una recesión económica con el auge de políticos bastante mediocres y demagogos que manipulan la situación. Eso está pasando en muchas partes, quiero mucho a los catalanes, y a los españoles, pero siento que es lo que sucede en Cataluña”. (El País, 27 y 30 de noviembre 2015).

Los gobiernos de la Generalitat abandonaron la pluralidad propia de una sociedad abierta por los mecanismos binarios de un nacionalismo cerrado e intolerante, que no duda en manipular las cuentas que no salen. En las elecciones autonómicas que presentaron como plebiscito para la independencia, los partidos independentistas, si bien en curules ganaron la mayoría absoluta, en votos perdieron con un 47% contra 52%. Sin embargo, proclamaron su victoria: “Hemos recibido un mandato claro y democrático”.

No es ni claro, ni democrático, si uno piensa que ignoran a la mitad de la población que no es independentista. Nos enseñaron que la democracia está hecha de reconocimiento mutuo, cesiones y concesiones, compromisos ganados en el dialogo. A la muerte de Franco, en circunstancias mucho más difíciles que las presentes, los españoles encontraron una solución razonable al problema aparentemente sin solución, el de la dictadura. Debería ser más fácil encontrar una solución razonable al problema de Cataluña. La Constitución admite ser reformada y, como lo dijo Polibio, de ella podría manar, como de una fuente, buenos resultados. Siempre y cuando haya un verdadero gobierno en Madrid, con la mayoría indispensable para la reforma.

Investigador del CIDE.
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