Se encuentra usted aquí

‘Trump’ en inglés significa triunfo

Si la victoria de Donald Trump fue una sorpresa, lo debemos a lo que Uri Avnery llama “el culto pagano a los sondeos"
11/12/2016
02:15
-A +A

Amiga lectora, estimado lector, han de estar más que aburridos por los artículos sobre Donald Trump. Tienen razón, pero les quiero decir que, muchas veces, una corazonada vale más que todos los sondeos del mundo. Cuando Donald Trump ganó de manera aplastante las primarias del Partido Republicano, contra la dirigencia de dicho partido, busqué en el Collins Spanish Dictionary si la palabra “trump” tenía algún sentido. Encontré que significa “triunfo” en el juego de naipes, que “to turn up trumps” es “salir o resultar bien”, pero que “to trump” tiene el sentido de “fallar” y “to trump up”, el de “inventar”. Me impresionó demasiado las dos primeras traducciones y las interpreté como de mal agüero.

Tanto más que me acordé del pronóstico, que había descartado con molestia, el que formulaba un amigo, biólogo argentino, muy ducho en neurociencia. Según él, Donald Trump iba a ganar porque los estados del Middle West, tradicionalmente demócratas, no se habían recuperado de la tremenda crisis económica producida por la desindustrialización: Michigan, Ohio, Wisconsin y Pensilvania. También afirmaba que los numerosos jóvenes y no tan jóvenes que, en las primarias demócratas, habían votado Bernie Sanders, no votarían a favor de Hillary Clinton a la hora de la verdad. En aquel entonces le reclamé un pronóstico que resultó certero diagnóstico y, a lo largo de los meses siguientes, me conforté con los sondeos que daban la victoria a la demócrata.

Resulta que la ciencia de los sondeos no es más fiable, no es más científica que el arte griego o romano de adivinar el futuro en las entrañas de unos animales o el arte moderno de los astrólogos. Sondeo y horóscopo se valen, como lo muestra la serie de pronósticos equivocados, en el caso del Brexit inglés, del referéndum colombiano sobre el acuerdo de paz con las FARC, de las primarias de la derecha francesa a fines de noviembre. Si la victoria de Donald Trump fue una sorpresa, lo debemos a lo que Uri Avnery llama “el culto pagano a los sondeos”; él afirma que, en la mayoría de los casos, los sondeos se equivocan y que si, de vez en cuando, un sondeo atina, lo hace como “el reloj roto que da la buena hora dos veces al día”. La culpa no la tienen los que hacen los sondeos, sino el método. Es demasiada numerosa la gente que miente a quien le pregunta por quién va a votar; muchos americanos no se atrevieron a decir que votarían por Trump, el candidato dizque de la plebe, el Hugh Hefner de la política, contra una mujer, la preciosa candidata de la élite, de las mujeres, de las minorías étnicas, de los homosexuales, de gente de diversas religiones o (¡horror!) de ninguna.

Dejemos a un lado lo bizarro de un sistema electoral que da la Presidencia a quién tuvo 2 millones 500 mil votos menos que su contrincante, la culpa final de la llegada de Donald Trump a la Presidencia la tienen los seis millones de demócratas que se negaron a votar por H. Clinton, al estilo de Susan Sarandon, admirable actriz, catastrófica electora, la que declaró que no votaría por Clinton porque “no voto con la vagina”. ¿Por qué dar la cifra de seis millones? En 2012, cuando Obama ganó la reelección, su adversario republicano cosechó un millón de votos de más que Trump en 2016, y Obama 6,5 millones más que Hillary.

Bien lo decía Aristóteles, bien lo repitió su lector, el gran historiador Polibio, la democracia cuando degenera se vuelve “cacocracia”. Parece que muchas democracias en nuestro mundo han entrado en tal proceso: Chequía, Hungría, Inglaterra, Israel, Polonia, Rusia, Turquía… La victoria de Donald Trump le da alas a la “Internacional Populista” y el Frente Nacional ya sueña con Marine Le Pen a la Presidencia de la República francesa en 2017.

Cómo la esperanza muere al final, prefiero pensar que el presidente Trump, al ser fiel al candidato Trump, obligará a México, América Latina (y Canadá) y a la Unión Europea a tomar sus responsabilidades y a enfrentar con valor una racha de mal tiempo. El segundo sentido del verbo “trump” es “fallar”. Después de la lluvia sale el sol.

 

Investigador del CIDE.
[email protected] cide.edu

Jean Meyer
Es un historiador mexicano de origen francés. Obtuvo la licenciatura y el grado de doctor en la Universidad de la Sorbonne. Es profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia...

TEMAS

Comentarios