Comer bien sin comer al planeta

Jean Meyer

Hace mucho sabemos que la agricultura comercial y la ganadería son responsables de 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero

En la revista francesa Esprit del mes de junio, Christian Rémésy publica un artículo muy estimulante intitulado Bien alimentarse y preservar el planeta que merecería una difusión muy amplia, especialmente entre los responsables políticos, los encargados de la salud de las naciones y los organismos internacionales supuestamente dedicados a la defensa de nuestro nido, la Tierra. Relaciona dos fenómenos de mala salud, nuestro régimen nutricional y sus consecuencias negativas tanto para nosotros como para el planeta. Afirma que existen soluciones razonables para lograr una “transición en la alimentación”, pero, como siempre, sería necesaria la voluntad política para aplicarlas. Sin ella, como las convenciones firmadas en Kyoto y París, serán letra muerta.

El autor no es un utopista: director de investigación en el Instituto Nacional de Investigación Agronómica (INRA), publicó en 2010 el libro Alimentación sustentable. Por la salud del hombre y del planeta. En su artículo retoma su argumentación: en los últimos cincuenta años, nuestro modo de vida y nuestra alimentación han cambiado radicalmente, a la vez que nos alejamos totalmente de la naturaleza. La preocupación por la presencia de OGM (organismos genéticamente modificados) en nuestra comida resulta una ridiculez comparada a los verdaderos problemas. Lo grave es que nos encerramos en un sistema rico en calorías animales, en calorías “vacías” (azúcares y grasas añadidas), alimentos industriales; tal régimen se está imponiendo en el mundo entero y podemos ver sus resultados catastróficos en nuestro país: conocí en 1962 un México de hombres y mujeres delgados, cuando no flacos; hoy nuestro país tiene el récord mundial de obesidad, le ganamos a EU y eso tiene un costo desastroso para la salud con su cohorte de diabetes, enfermedades cardiacas y respiratorias, osteoporosis, cáncer. Lo sabemos y no hacemos nada.

¿Cuál es la relación con la crisis del ecosistema ambiental? Hace tiempo que sabemos que el sector de la agricultura comercial y la ganadería es responsable del 20% de las emisiones de gases con “efecto invernadero”. La desforestación para plantar caña, palmeras para aceite, aguacates, y abrir pastizales para los vacunos destinados al rastro y a nuestro plato, es una consecuencia muy dañina de nuestra nueva alimentación. El presidente Eisenhower denunció en su tiempo al “complejo militaro-industrial” como una amenaza para la paz, C. Rémésy denuncia los daños colaterales de nuestro modo de comer, con su responsabilidad tanto en la epidemia mundial de obesidad, como en la agravación de la crisis ambiental.

Confiado en nuestra capacidad de entender y cambiar, propone reducir, no abolir, el consumo de carne y fomentar el de verduras y legumbres como frijol, lenteja, garbanzo, arroz, cereales, o sea, regresar a los “verdaderos alimentos”. El cambio en el consumo provocaría una reconstrucción de la agricultura para luchar contra la uniformación de la oferta, revitalizar los territorios dando la preferencia a los productos regionales. ¿Por qué en nuestros supermercados encontramos únicamente manzanas y peras de Estados Unidos? Son buenas, y caras, pero ¿por qué no nos llegan las excelentes manzanas de Puebla, Durango y Chihuahua? ¿Por qué hay tan pocas variedades cuando recuerdo que en nuestra infancia había decenas de especies diferentes? Eso implicaría una reforma de la distribución comercial, algo que no se antoja fácil, pero que sería indispensable.

Debemos formular, inventar más bien, y conectar políticas agrícolas, comerciales, nutricionales, ambientales para remediar los muy graves errores cometidos en la cadena de alimentos, desde su producción hasta su consumo, para frenar la evolución negativa de la salud de los hombres y de la Tierra que maltratamos. El autor concluye que “la feliz concordancia entre los modos de comer buenos para el hombre y el planeta, y la necesidad imperiosa de luchar contra el recalentamiento, incitarán, es de esperarse, la sociedad a buscar una alimentación más sustentable”.

Investigador del CIDE.
[email protected] cide.edu

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