¿Zika-pocalipsis?

Jean Meyer

En un mundo globalizado, con millones de viajeros cada día, es imposible evitar la propagación de cualquier epidemia

Las pandemias son de miedo y cada vez que la Organización Mundial de la Salud (OMS) proclama el estado de emergencia, cunde el pánico. La propagación muy rápida del zika se debe tomar en serio, lo más que se pueda y, por lo tanto, se debe hacer algo. El virus, portado por mosquitos de la variedad Aedes Aegypti, se llama así por el bosque Zika, en Uganda, donde vivía el mono en el cual fue descubierto, en 1947. Desde aquel lejano entonces, había sido considerado como leve en sus consecuencias, mucho más leve que el dengue o que el muy reciente chikungunya. En 2007 hizo su aparición en el Pacífico, en 2013 en Tahití, en 2014 pasó a Nueva Caledonia y en el verano llegó a Brasil. A fines de 2015, por nuestra familia en Recife, que desaconsejó ir a visitarla, nos enteramos de un fenómeno extraño y terrible que aún no era noticia mundial: en la ciudad de Recife, en el estado de Pernambuco y en Salvador de Bahía, había cientos, miles de casos de bebés con microcefalia.

En un mundo globalizado, con millones de viajeros cada día, es imposible evitar la propagación de cualquier epidemia. En América, solamente Canadá y Chile se salvarán, por razones climáticas, de un virus que ya tocó a 18 países. En Brasil, la microcefalia afectó, oficialmente, a cerca de 4 mil bebés, con un porcentaje significativo de parálisis cerebral. Se estima que el total de personas infectadas por el virus fluctúa entre 500 mil y un millón 500 mil . Lo que, al principio, se presentaba como un dengue muy leve, resultó algo mucho más grave. Por eso el gobierno brasileño movilizó 220 mil soldados el día 13 de febrero para apoyar las operaciones de fumigación contra los mosquitos. En la semana siguiente, 50 mil soldados continuaron la operación en las grandes ciudades con más incidencia de casos de dengue —puesto que es el mismo mosquito que lleva todo—.

El gobierno llegó a aconsejar a las mujeres no embarazarse durante la temporada de aguas, otros gobiernos latinoamericanos hablaron de seis meses, uno, dos años… cargando toda la responsabilidad sobre la mujer, olvidando la del hombre. Si el vínculo del zika con la microcefalia es algo muy grave, no deja de ser preocupante el hecho de que se relaciona también con el síndrome Guillain-Barré, hasta ahora clasificado entre las enfermedades raras: una forma de parálisis que empieza con las extremidades y puede provocar la muerte por asfixia. Ataque autoinmune a las células nerviosas, a veces deja que el enfermo recupere progresivamente, en meses o años, su movilidad, pero a veces deja secuelas de por vida.

Ahora bien, si los científicos apenas empiezan el estudio del virus, si no hay tratamiento y no habrá vacuna antes de x años, podemos, debemos luchar contra el vector que es el mosquito aquel: Aedes Aegypti, —tenía sentido del humor el biólogo que lo bautizo aedo, es decir poeta, bardo de Egipto, por su canto— estuvo a punto de ser eliminado, entre 1955-1966, en una gran campaña de erradicación del paludismo. Recuerdo, la primera vez que llegué a México, en 1962, en Barra de Navidad, lugar desconocido del incipiente turismo, haber visto en cada casita con techo de paja o de palmas, un número en el dintel, precisando la fecha de la última fumigación. Esa campaña se llevó a cabo con una seriedad muy grande, y el resultado lo comprobé entre 1965 y 1970: no había zancudos en las playas mexicanas, menos en San Blas, infectado por el jején.

Que nuestros gobiernos estatales, municipales y federal dejen de gastar tanto dinero (nuestro) en las campañas electorales que ya empezaron, y lo gasten, primero, explicando a la gente lo que hay que hacer, segundo empezando a erradicar, esta vez hasta el final, el temible aedo. Sé de ciudades, de estados afectados por el dengue, donde no se fumiga el tercer año, el sexto año —año de salida del equipo en el poder— porque es el año de Hidalgo y el dinero de salubridad se emplea en propaganda o beneficios personales. ¡Por favor!

Investigador del CIDE.
[email protected] cide.edu

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