Ricos y pobres

Jean Meyer

Hoy en todas partes la política sirve más al enriquecimiento personal que al bien común y al servicio público

La semana pasada, estimados lectores, les hablaba de la corrupción universal y eterna, pero tenemos también ejemplos de incorruptibles; no estoy pensando en Robespierre porque, si bien fue El Incorruptible, fue a la vez terrorista. Se dan muchos casos, especialmente al principio de los regímenes. Así, cuando se fundó el Estado de Israel, su flamante Secretario de Relaciones, Moshe Sharett, hizo algo que en aquel entonces parecía normal: vendió su departamento. Como ministro ocupaba una residencia oficial, modesta por cierto. No le pareció correcto, como funcionario, conservar un alojamiento privado cuando vivía con dinero público. Ni guardó el dinero de la venta de su departamento, sino lo donó a diversas asociaciones defensoras de los derechos humanos. A la distancia, 68 años después, parece una locura y su autor un bienaventurado que alojarían en la Castañeda local. Hoy en Israel como en México, y en todas partes, la política sirve más al enriquecimiento personal que al bien común, al servicio público.

Da tristeza ver cómo la justicia debe perseguir a cuantos políticos de todos colores en España y en Francia, al hijo y a la nuera de la presidente Bachelet en Chile, a los más importantes políticos en Brasil. En algunos países, como los que acabo de mencionar, la justicia es capaz de operar. Así, en Israel un tribunal condenó a pena de cárcel al ex primer ministro Ehud Olmert, por bribón, de modo que alcanzará en la penitenciaría a un ex presidente condenado por acoso sexual y violación. El actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, y su esposa se encuentran bajo investigación por haber usado dinero del Estado para cubrir gastos de sus casas. Hay jueces de verdad, todavía, pero la raza de locos como Moshe Sharett se extinguió. En México ni tenemos el consuelo de ver a la justicia perseguir a los políticos que confunden su bolsa con el erario público.

Eso en cuanto a los ricos. ¿Qué pueden pensar los pobres frente a semejante teatro? Que todos los medios son válidos para salir de la pobreza. Ahí están nuestros pequeños dealers y nuestros grandes traficantes de lo que sea; trafican como los políticos. Ahí están los jóvenes sicarios, con su brevísima esperanza de vida y terrible impaciencia: vale más morir a los veinte o a los veinticinco años, después de haber experimentado brevemente todo lo que puede dar el dinero, que sobrevivir cincuenta años sin esperanza.

Ese patrón de conducta funciona en todo el mundo. Se aplica a muchos jóvenes que, desde la pequeña criminalidad y la cárcel, saltan a la yihad, a la guerra santa bajo la bandera negra del Califato. Tiene consecuencias sorprendentes pero no menos lógicas y racionales. El Financial Times del 4 de octubre 2015 publicó un largo artículo de Alec Russell intitulado “Juego grande, dinero grande”. Trata del exterminio de los rinocerontes y de los elefantes en África, concretamente en Mozambique y Sudáfrica. Un cuerno de rinoceronte vale más por kilo que el oro, y el marfil elefantino es también terriblemente cotizado. Hace diez años el gran Parque Nacional Kruger era un refugio seguro para los mastodontes. Hasta 2007, cada año, los cazadores furtivos mataban en promedio catorce rinos; en 2008 la cifra saltó a 83 y en 2014 a mil 215, o sea el 5% de los rinos de toda África. El Comandante Jorge Cebola explica: “Muchos jóvenes mozambiqueños encuentran así la solución. No tienen nada y quieren volverse ricos en un día”. De modo que en una de las regiones más pobres de África uno encuentra de repente casonas al estilo narco mexicano. En Oriente sobran clientes dispuestos a pagar cualquier precio para cuernos y defensas. En México también existe el comercio criminal de especies en vía de extinción, estimulado por un mercado voraz y la pobreza de los cazadores.

Investigador del CIDE
[email protected] cide.edu

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