Toda la miseria del mundo

Jean Meyer

Desde hace más de veinte años y hasta ahora, la migración es tratada en Europa como un problema sólo de seguridad

Hace un cuarto de siglo, un primer ministro francés declaró, a propósito de los inmigrantes que “Francia no puede recibir toda la miseria del mundo”. Hace más de veinte años que Europa trata el problema como uno de seguridad y lo sigue haciendo cuando en los últimos años el flujo de las entradas ha duplicado. Desde la desaparición de Yugoslavia en las guerras balcánicas, no se producían unos desplazamientos de población tan intensos. De Libia escaparon dos millones de personas, de Siria cuatro, de Irak son ya más de dos. Turquía acoge 1.7 millones de refugiados y el minúsculo Líbano 1.2, mientras que la Unión Europea y sus 450 millones de habitantes intentan, en vano por cierto, cerrar sus puertas. El año pasado recibió 120 mil peticiones de asilo político de ciudadanos sirios, más 500 mil de otras nacionalidades. 290 mil recibieron una contestación positiva, pero como cada país defiende a capa y espada su soberanía, especialmente en este asunto, debemos señalar dos naciones generosas: Alemania y Suecia que recibieron 70 mil y 60 mil personas. Francia 15 mil e Inglaterra menos aún.

El caso sueco es fascinante y se entiende fácilmente porque sirios, somalíes, eritreos y demás iraquíes sueñan con establecerse en ese país frío y nórdico. Ningún solicitante de asilo duerme en la calle en Suecia. La ley estipula que el Estado debe dar techo, alimentación y educación a todos los que huyen de su país. Tan pronto como una solicitud de asilo se registra en la Oficina Sueca de Migraciones, las autoridades contactan a los ayuntamientos para conocer sus disponibilidades de alojamiento y rentan una casa o un departamento para la persona o familia. Los niños tienen una protección suplementaria: su lugar en una escuela pública. Esa política de las más generosas goza del apoyo de 65% de la población. Ciertamente el aumento constante de las solicitudes fortalece la minoría que piensa que no le toca a Suecia recibir toda la miseria del mundo: a como van las cosas, recibirá más de 100 mil peticiones en 2015. El 21% de la población es ya de origen extranjera. Por lo mismo las Iglesias que juegan un papel muy importante, concentran su trabajo en la evolución de las mentalidades. Un pastor me explica que forman benévolos para acoger mejor a los inmigrantes, para que se sientan bienvenidos. Explican a la nación las razones que los obligan a dejar su país, incitan a sus miembros a organizar talleres entre los recién llegados y los suecos, para que compartan su cultura. Al nivel nacional, las Iglesias y ONG son vigilantes porque hay siempre diputados que ponen en duda la apertura del país y se montan sobre una corriente populista.

Recientemente, una serie dramática de naufragios en el Mediterráneo pudo despertar a los europeos. Bruselas propuso una tímida Agenda Europea sobre Migración, pero el único punto que interesa a los gobiernos es una eventual acción militar en Libia para destruir los cárteles que organizan el tráfico de personas. Más de un millón de personas venidas de África y del Medio Oriente esperan su turno para embarcarse en las naves de la muerte. ¿Atacar las causas del éxodo masivo? No, gracias. ¿Abrir las puertas de Europa? Ni pensarlo. Y sin embargo, seguirán llegando: hace una semana, la armada italiana salvó en un sólo día a 4 mil 500 personas.

La crítica es fácil cuando es cierto que el flujo migratorio despierta una peligrosa reacción populista nacionalista. Por ejemplo, un país como Francia aún no ha logrado asimilar la tercera generación, los nietos de los inmigrantes argelinos y marroquíes. Es cierto también que los países árabes ricos, empezando por Arabia, no reciben los refugiados víctimas de unas guerras que se dan en el mundo árabe, y que son, en buena parte, causadas y financiadas por esos mismos Estados. No es una excusa y la UE debe sin tardar construir una seria política de inmigración.

Investigador del CIDE.
[email protected]

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios