La narcotiendita de barrio

Editorial EL UNIVERSAL

En la Ciudad de México, colonias como la Morelos y la Guerrero tienen más puntos de venta de droga que planteles escolares; en tanto, en la esquina de las calles Magnolia y Lerdo, en la colonia Guerrero, hay una estación de policía con un centro de narcomenudeo a sus espaldas. Casos como estos pululan por toda la Delegación Cuauhtémoc, de acuerdo con un informe de inteligencia de la demarcación, el cual revela la existencia de 87 narcotienditas.

Un recorrido realizado por EL UNIVERSAL en esas zonas atestiguó que los puntos de venta forman parte de un entorno común de caos urbano. Muy cerca hay comercios legales, colegios, unidades habitacionales. Es decir, son lugares que con facilidad pueden ser identificados por quien conozca el barrio. Entonces, ¿por qué nadie actúa?

En entrevista previa con este diario, el delegado Ricardo Monreal explicó que la ley no le otorga facultades para actuar en contra de las narcotienditas. El gobierno capitalino, por su parte, ha insistido en que no hay cárteles del narcotráfico en la Ciudad de México. A su vez, el gobierno federal está más bien enfocado en zonas más calientes como Guerrero y Tamaulipas.

Además, otros dos factores permiten esta realidad. Por un lado, la dificultad de eliminar la venta de drogas en la medida en que existe un mercado de consumo ávido; por otro, la tolerancia de la sociedad y de la policía local ante un delito que en apariencia pudiera parecer no tan grave.

Pero, ¿en qué medida la existencia de estos lugares promueve entre nuevas personas el consumo de sustancias ilícitas? Ese es el verdadero problema. Como todo negocio, el del narcomenudeo busca expandir su mercado y eso se logra mientras mayores sean los adictos. El inicio de ese círculo vicioso no siempre arranca con la sola voluntad del consumidor, sino también con la presión de la banda dedicada a vender el producto.

Adicionalmente, la existencia de un mercado de consumo propicia la pelea entre grupos criminales por el control exclusivo de la venta de drogas. En ocasiones esas pugnas no se ven, incluso llega a haber acuerdos entre los delincuentes para respetar las zonas de comercio ilegal de cada uno. Otras veces, sin embargo, el conflicto entre criminales se extiende hacia los habitantes y es ahí cuando aparecen los muertos, los secuestros y las extorsiones.

La información elaborada por expertos de la delegación Cuauhtémoc identifica, con nombre completo y antecedentes penales, a los sospechosos. ¿Estarán al tanto las autoridades capitalinas y las federales? Debe preocuparles y moverles a actuar, pues mientras menos afectados sean los grupos criminales, mayor poder y control sobre su entorno acumulan.

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