Furia afroamericana

Editorial EL UNIVERSAL

El país más poderoso y rico del mundo exhibe con hechos frecuentes la división y la enorme tensión racial que vive. En Estados Unidos, el jueves pasado, 11 elementos policiacos fueron emboscados y blanco de agresión —cinco de ellos murieron— al final de una jornada de protestas de la comunidad afroamericana. Las manifestaciones se dieron luego de la muerte de dos hombres, en días consecutivos, como consecuencia de la brutalidad policiaca, una tragedia ya vista, en la cual el delito más grave de las víctimas es su color de piel.

En uno de los casos la policía ordenó el alto a un hombre que viajaba con su novia porque una luz trasera de su auto estaba rota. Cuando se disponía a mostrar la identificación que le había sido solicitada, el agente le disparó y lo hirió de muerte. La imagen quedó grabada en video e incluso se transmitió en vivo en las redes sociales. Las protestas se esparcieron por ciudades estadounidenses dejando una pregunta en el aire: ¿el policía habría accionado su arma si los ocupantes del vehículo hubieran tenido la tez blanca?

Desde que fue promulgada la Ley de Derechos Civiles, en 1964, Estados Unidos lleva más de 50 años promoviendo la imagen de un país sin racismo, pero en los hechos la situación es diferente. Ante los ojos de corporaciones policiacas, las personas afroamericanas viven el estigma de seres peligrosos en quienes no se puede confiar y a los cuales se puede matar, si es necesario.

La comunidad negra, por décadas tratada como personas de segunda categoría, es la más afectada, pero no la única. Los grupos de origen hispano también han vivido el abuso y la violencia policial por su color de piel y su origen. Los discursos políticos que llaman a adoptar medidas radicales contra inmigrantes o contra comunidades que profesan un credo diferente lo único que hacen es sacar a la luz los sentimientos racistas, ahora soterrados, pero que prevalecen aún en sectores estadounidenses.

Estados Unidos, antes de ser promotor de la justicia y los derechos humanos en el mundo, tiene que arreglar las diferencias sociales que persisten dentro de sus fronteras. El presidente Obama ha aceptado que no es un tema sólo de negros, sino de todos los estadounidenses y reconoció profundas desigualdades en el sistema judicial.

Los actos cometidos por los agentes policiacos son totalmente reprobables, pero igualmente condenable es el hecho criminal cometido contra efectivos que no estuvieron implicados en los abusos.

Desde su origen la sociedad estadounidense ha hecho de la segregación una práctica cotidiana: las tribus originarias fueron relegadas a reservas y en las ciudades actuales las distintas razas ocupan barrios específicos. Gran parte de las nuevas generaciones llegan con un pensamiento distinto, lo que da esperanzas de que se genere un cambio. Erradicar ideas racistas será difícil, pero no imposible.

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