Epidemia silenciosa

Editorial EL UNIVERSAL

El capitalino es fácilmente identificable cuando visita los estados. Se le describe como una persona que actúa con ritmo frenético en las actividades que realiza, desde caminar hasta conducir. Con la urbanización del país en las últimas décadas y el surgimiento de ciudades densamente pobladas, el estilo de vida de la capital está comenzando a reproducirse en otras metrópolis que empiezan a sufrir problemas como hacinamiento, intenso tráfico vehicular y largas jornadas de trabajo. Esta forma de cotidianidad está generando una epidemia silenciosa a nivel nacional llamada estrés.

De acuerdo con cifras oficiales que hoy publica EL UNIVERSAL, entre 10% y 14% de la población presenta estrés patológico (ansiedad), por lo que requiere atención médica. Este padecimiento es la segunda causa de consulta siquiátrica en los hospitales públicos, después de las consultas por adicciones a las drogas. El estrés laboral, el más frecuente, se presenta en 43% de la población con empleo.

Ante este panorama especialistas lanzan la alerta: el estrés puede ser la puerta a problemas más graves como adicciones, pues alcohol, drogas y tabaco son usados como paliativos a la tensión de la vida diaria. Señalan también que la nutrición deficiente, la obesidad y el sedentarismo son otros factores ligados al estrés. Lo anterior genera un círculo vicioso en el que un aspecto conduce a problemas mayores, de enfermedades y riesgos de trabajo.

La situación de competencia que predomina en el mundo actual agrava el padecimiento. La búsqueda del éxito y del reconocimiento —y las acciones para mantenerlos— pasa inevitablemente por el estrés. No hay que olvidar, sin embargo, que también puede ser generado por otro tipo de situaciones que son reflejo de la situación económico-social, como desempleo e inseguridad. No encontrar una ocupación cuando se tiene una familia o vivir en una región en la que bandas criminales son prácticamente la autoridad ocasionan angustia a familias enteras.

En las grandes ciudades es casi imposible eliminar el estrés. La primera acción debe venir del individuo, modificando hábitos y aprendiendo a controlarlo, sin embargo tendrá mejores resultados si en esta cruzada lo acompaña su centros de trabajo y acciones gubernamentales de prevención.

Sorprende que un problema al que tradicionalmente la población no le da la importancia debida sea el origen de situaciones más graves que pueden incidir en la productividad del país entero. Identificarlo se convierte en una prioridad para el sector salud, debido a que una detección oportuna contribuye a evitar que la bola de nieve que se forma aplaste al individuo, en lo particular, y a la sociedad, en lo general.

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