El legado del aeropuerto

Editorial EL UNIVERSAL

Construir un nuevo aeropuerto para el Valle de México es indispensable

Construir un nuevo aeropuerto para el Valle de México es indispensable. Diagnósticos desde hace más de diez años anticipaban ya la saturación del actual, de eso no queda duda a nadie. Pero las ventajas del desahogo del tráfico aéreo y del incremento en la inversión para la zona no pueden ser pretextos para un desarrollo descuidado y apresurado del proyecto. La Línea 12 del metro, las obras del Bicentenario y la infraestructura destruida por los huracanes del último lustro en Guerrero son una muestra de lo desastroso —para el erario y para las personas— que puede llegar a ser una gran obra con falta de supervisión.

La Secretaría de Comunicaciones y Transportes lanza hoy la licitación de 21 paquetes de obras de infraestructura para la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), cuyo costo para esta primera fase fue valuado en cerca de 91 mil millones de pesos. Este solo hecho implica dos grandes retos, por un lado satisfacer todas las necesidades técnicas y, por otro, garantizar al contribuyente que su dinero no terminará en manos de un contratista “amigo” del gobierno en turno.

La única forma de lograr ambos objetivos es con transparencia y reglas claras para todos los participantes en las licitaciones porque las propias empresas quizá busquen “facilidades”.

Cabe recordar el estrepitoso fracaso que significó para la administración del ex presidente Vicente Fox la cancelación del último gran proyecto de construcción de un nuevo aeropuerto. En ese tiempo el problema fue el poco tacto del gobierno federal a la hora de lidiar con propietarios de tierras que se negaron a vender sus terrenos. Sin embargo, detrás hubo una sospecha de origen: ¿se forzaba a los dueños a malbaratar sus tierras para beneficiar a los próximos tenedores de las mismas?

Abrir al público en general cada paso del proceso evitará también sospechas infundadas. Actuar en opacidad sólo alimentará suspicacias en una sociedad acostumbrada a las noticias de corrupción en todos los ámbitos de gobierno.

A la transparencia en los concursos entre empresas hay que sumar una labor de escucha y respuesta a los señalamientos de actores inconformes, si los hubiere. No es descabellado que la Presidencia de la República o la Secretaría de Comunicaciones cumplan con su obligada rendición de cuentas mientras funcionarios menores recurren a espacios de discreción para hacer negocios propios. La mejor manera de prevenir tal escenario sería tomando en cuenta hasta la más pequeña queja y así enviar un mensaje a todos los involucrados de que cualquier irregularidad será detectada y sancionada.

El nuevo aeropuerto será un legado de este gobierno para bien o para mal. En sus manos está decidir esa orientación.

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