Donación de óvulos

Arnoldo Kraus

Pensemos en el siguiente panorama: altruismo, necesidades económicas, imperativos de clase social, enfermedades hereditarias y avances en tecnología médica. Los cinco espacios se entremezclan “para bien y para mal”, ofrecen ayuda y plantean problemas éticos. Los cinco espacios devienen un escenario: donar y recibir óvulos con el propósito de ser utilizados en alguna técnica de reproducción asistida. En este marco, cuyo fin es la reproducción asistida, hay tres actores: la mujer que dona óvulos (donante), la que los recibe (receptora) y los equipos médicos cuyas destrezas consiguen implantar el óvulo de la donante en el útero de la receptora con la única finalidad de conseguir que la segunda se embarace.

La tecnología ha conseguido que muchas mujeres, imposibilitadas para quedar preñadas por causas físicas o por edad, cumplan un anhelo de su vida, ser madres. La misma tecnología —la diosa tecnología—, mal utilizada, ha sido usufructuada por galenos faltos de ética para preñar a mujeres mayores de 60 años; en el mismo sentido, ha desafiado principios éticos básicos, al someterse a los dictados de parejas que buscan óvulos high class: de mujeres guapas, altas, que estudien en universidades de gran prestigio y con herencia de “primera clase” (algo así como el pedigrí de los perros).

Enlisto, para facilitar la lectura, algunos puntos cardinales que exponen dudas y preguntas provenientes del panorama mencionado al inicio:

1. La reproducción asistida es una gran conquista de la ciencia. Ayuda a las mujeres a procrear.

2. La reproducción asistida permite embarazar a quien ha sufrido abortos repetidos.

3. La reproducción asistida impide que el producto desarrolle alteraciones genéticas propias de la madre.

4. La inmensa mayoría de las donantes lo hacen para recibir compensaciones económicas; pocas, imposible conocer los datos, lo hacen por altruismo.

5. En algunas clínicas, a las donadoras se les otorga dinero extra, además del que perciben por donar, si llevan a otras personas.

6. La donación de óvulos y temas vinculados como “úteros prestados o de alquiler” ha generado turismo médico. México e India son algunos países donde esta práctica florece. Para llevarse a cabo se requiere participación médica —huelga decir lejana de principios éticos—, turistas ricos y receptoras pobres.

7. El turismo médico tiene varias caras. Comparto dos; quienes pueden pagarlo se benefician: cumplen un deseo. Quienes prestan su útero ganan dinero (imposible saber las cifras). No estoy de acuerdo ni con el turismo médico y menos con quienes han convertido en negocio esa práctica. Ahora comparto un dilema: en países saqueados y empobrecidos como el nuestro, quien presta su útero puede sortear, por algún tiempo, embrollos económicos acuciantes (enfermedades, casas hipotecadas, deudas). ¿Qué decir?

8. En relación al punto previo: ¿las futuras madres o los médicos involucrados se ocupan del trauma psicológico de la persona que prestó su útero? La respuesta es no.

9. Grupos feministas alegan, con razón, que la donación es una forma de explotación.

10. En México la donación de óvulos no esta regulada, es decir, no ha sido aprobada por las instancias de salud. Se calcula, nuevamente es imposible conocer los datos exactos, que el mercado de gametos crece cada año (en 2015, aparentemente, aumentó 40% en relación a 2014). A pesar de la falta de regulación, las ofertas en internet son múltiples. Alarma el número de entradas en la red, el número de ciudades con clínicas ad hoc (¿?), las ofertas económicas y… etcétera: se calcula que en México hay más de cien clínicas de fertilidad, ¿cuántas cumplen los requisitos mínimos?

Regreso al panorama enlistado al inicio. Dos incisos son fáciles de responder. Altruismo: nadie, o “casi nadie”, dona en forma altruista. El altruismo, creo, tiende a desaparecer en la sociedad moderna (el tema merece un artículo). Cuando la donación se utiliza para sortear en la receptora enfermedades genéticas, incurables, desgastantes, es bienvenida.

En relación a las necesidades económicas de la receptora, tal y como lo expresé líneas arriba, en ocasiones el dinero percibido resuelve problemas vitales; imposible unificar respuestas: algunos consideran que es ético “ofrecerse” para proteger a los seres cercanos; otros, sobre todo desde la moral religiosa, lo considerarán inadecuado. En cuanto al uso y abuso de la tecnología —“bebés a la carta”, madres guapas— por parte de la profesión, el quid, como siempre, es encontrar las vías para que los médicos se ciñan a principios éticos elementales. La modernidad líquida contemporánea ofrece pocas esperanzas: la ética en la sociedad moderna es un valor anti diluviano.

Notas insomnes. ¿Supondrán la robótica y la inteligencia artificial el fin del ser humano tal y como lo conocemos?

Médico

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