Suscríbete

Cada día que pasa observamos que el sistema político en México se pudre más y se reproduce en un mundo lleno de trampas. A cada paso que puede significar un avance democrático, se le oponen múltiples obstáculos y desafíos. Cada reforma que se orienta a garantizar un derecho, se ve detenida mediante trampas y pretextos. Cada institución autónoma que se crea para regular una actividad democrática, es capturada y encuentra muy pronto un muro de contención que vulnera su actividad.

Si miramos hacia atrás vemos que ya no estamos en el país de los años 80 del siglo pasado, pero las viejas inercias del autoritarismo y del régimen dominante se vuelven a recrear con tanto parecido que se vive un clima de regresión. Hoy tenemos un enorme sistema de organismos autónomos (para derechos humanos, elecciones, información, telecomunicaciones, entre otros) y el de reciente creación es un Sistema Nacional Anticorrupción (SNA). Sin embargo, en todos esos espacios de la vida pública cada día estamos peor. Niveles más altos de opacidad y corrupción; elecciones de Estado; crisis de derechos humanos.

La ilusión de la alternancia, como mecanismo de transformación, quedó en un enorme desencanto; el objetivo de la transparencia sigue pendiente; en la lucha contra la corrupción se tienen las reglas de arranque, pero todavía está casi todo por hacerse. Ni siquiera los básicos funcionan, por ejemplo, los funcionarios que integran el SNA “no entienden que no entienden”, como dijo The Economist del gobierno de Peña, por eso no aceptan que desviar un recurso para otro fin es corrupción (como espiar a periodistas en lugar de delincuentes). Tan distorsionados están los criterios que no quisieron tocar al Ejecutivo ni con el pétalo de un exhorto. A excepción de la voz ciudadana, representada por Jacqueline Peschard, todos los integrantes del Comité Coordinador del SNA votaron en contra, el titular de la Auditoría Superior de la Federación, el titular de la Función Pública, el presidente del Instituto Nacional de Transparencia, el presidente del Tribunal Federal de Justicia Administrativa. El SNA no acaba de despegar y ya está plagado de retrasos y desconfianzas. Los legisladores ni siquiera han nombrado al fiscal anticorrupción.

Otra perla fue que la Suprema Corte avaló (6 contra 5) una violación a la ley para que los magistrados del Tribunal Electoral se queden más años del plazo original para el que fueron nombrados; una decisión que modifica a conveniencia política el nombramiento de funcionarios.

El país atraviesa por momentos muy complicados. La violencia creciente sigue destruyendo tejidos sociales y comunidades; la corrupción es cada día un pozo más profundo; la impunidad es una constante, como se muestra en los asesinatos de periodistas donde no hay un solo responsable. Para completar el cuadro, el reciente descubrimiento sobre el espionaje del gobierno a periodistas, fue un escándalo efímero y encubierto. ¿Quién se responsabiliza de cómo se gastaron millones de pesos para espiar a críticos, periodistas y a los integrantes del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), que hizo la investigación sobre el caso de Ayotzinapa? Otro escándalo internacional para el gobierno de Peña que de nuevo sale en la primera plana del New York Times.

El “ogro filantrópico” (O. Paz) se ha convertido en una bestia tramposa que se traga todo para reproducirse. No estamos en el Estado de Hobbes, el Leviatán, porque hoy la maquinaria ni siquiera puede marcar la frontera entre lo legal y lo ilegal, no puede o no quiere recuperar los territorios (gobiernos locales, comunidades, caminos, carreteras, recursos, combustibles) que han sido expropiados por las bandas del crimen organizado. Estamos frente a un Estado tramposo, plagado de dispositivos y mecanismos para debilitar el espacio público, para capturar a las instituciones autónomas. Es el Estado de la simulación que habla de participación ciudadana, pero en realidad organiza clientelas electorales; que habla de democracia y hace elecciones de Estado.

¿Aceptará una sociedad harta una elección de Estado (tramposa) en 2018, como ya se hizo en el Estado de México? ¿Cuántas trampas más aguantará el país? Ya lo veremos…

Investigador del CIESAS.
@AzizNassif

TEMAS RELACIONADOS

Comentarios