Población afrodescendiente: la tercera raíz olvidada de México

Desde los tiempos coloniales hasta la independencia de México, los afrodescendientes han jugado un papel relevante en todas las áreas de la vida nacional, pero a menudo son ignorados y marginados

Población afrodescendiente: la tercera raíz olvidada de México
Mientras que México silenció la contribución afrodescendiente a su sociedad otros países latinoamericanos la han reconocido plenamente - Foto: Especial/EL UNIVERSAL
English 20/02/2019 16:59 Gabriel Moyssen Ciudad de México Actualizada 17:21

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Desde los tiempos coloniales hasta la independencia de México, los afrodescendientes han jugado un papel relevante en todas las áreas de la vida nacional, pero a menudo son ignorados y marginados, al vivir en comunidades rurales pobres.

Mientras que Estados Unidos y Canadá celebran su Mes de la Historia Negra en este febrero–también observado en Reino Unido, Países Bajos e Irlanda en octubre–vale la pena echar un vistazo a los afrodescendientes en México, luego de que los primeros grupos de esclavos africanos arribaron en el siglo XVI, traídos por colonizadores españoles para trabajar en las minas de oro y plata en reemplazo de la población nativa en descenso.

Se considera que durante el Virreinato de la Nueva España cerca de 250,000 mujeres, hombres y niños del África Subsahariana llegaron a los puertos de Veracruz y Campeche en el Golfo de México siguiendo la ruta atlántica, así como a Acapulco en la costa del Pacífico.

Los esclavos también trabajaron en ingenios azucareros, la ganadería, el servicio doméstico y diversos oficios, desde el actual estado norteño de Coahuila hasta la península de Yucatán.

Al mezclarse con otras poblaciones al paso del tiempo, cultivaron rasgos culturales distintivos, reflejados, por ejemplo, en “La Chilena”, un estilo musical introducido a la Costa Chica de Oaxaca por marineros chilenos que viajaban a la fiebre del oro en California, o “La Danza de los Diablos”, que se acostumbra en octubre y noviembre en torno al Día de Muertos.

En 1570, Gaspar Yanga, un miembro de la familia real de Gabón capturado y vendido como esclavo, estableció con otros rebeldes una colonia de cimarrones (esclavos prófugos) en el altiplano cerca de Córdoba, Veracruz.

Resistieron con éxito un ataque español en 1609 y diez años más tarde acordaron con las autoridades el autogobierno de la colonia, después llamada San Lorenzo de los Negros.

En el siglo XIX, Yanga fue nombrado “héroe nacional de México” y “el primer libertador de las Américas”; en 1932 el asentamiento que formó fue rebautizado en su honor como Yanga.

Tras la independencia en 1810, el sistema de castas español que dividió a la sociedad fue abolido junto a la esclavitud.

Héroes nacionales como el líder independentista José María Morelos; el segundo presidente de México, Vicente Guerrero y el presidente Lázaro Cárdenas, quien ordenó la nacionalización de la industria petrolera en 1938, tuvieron sangre africana en sus venas.

Durante la parte final del siglo XVIII, 26 de los primeros 44 colonos mexicanos en California también tuvieron ascendencia africana.

Pío de Jesús Pico, de raíces españolas, africanas e indígenas, fungió como último gobernador mexicano de la Alta California en dos periodos y como concejal de Los Ángeles antes de su muerte en 1894.

De manera interesante, otro hito de la historia de los afrodescendientes entre ambos países ocurrió en la Ciudad de México durante los juegos olímpicos en 1968, cuando los atletas estadounidenses Tommie Smith y John Carlos levantaron su puño con un guante negro–símbolo del influyente movimiento de las Panteras Negras–en su ceremonia de premiación, al tiempo que el himno nacional de Estados Unidos era interpretado.

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Foto: Especial/EL UNIVERSAL

En México, sin embargo, algunos afrodescendientes están frustrados por la falta de reconocimiento legal como una minoría, con base en que hablan español, según expertos.

Canten el himno nacional

Aún peor, de vez en cuando surgen casos aberrantes de discriminación.

En 2008 la familia del ciudadano mexicano Simeón Herrera fue detenida en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, porque las autoridades no creyeron que fueran mexicanos.

Los familiares de Herrera fueron interrogados y obligados a cantar el himno nacional; se les liberó después de que presentaron sus actas de nacimiento.

Pese a la ausencia de un sistema segregado como el que rigió en Estados Unidos hasta la Guerra Civil, la creación de una identidad colectiva tras la Revolución Mexicana a principios del siglo XX relegó a los afrodescendientes.

El controvertido secretario de Educación Pública, escritor, filósofo y político José Vasconcelos definió a la mexicanidad como la unión entre indígenas y españoles; en su famosa teoría sobre la “raza cósmica”, emulando las tendencias nacionalistas de la época, Vasconcelos afirmó que la “raza de bronce” era producto del encuentro de Europa y América, ignorando a África.

Casi 500 años después de que los primeros africanos arribaron a las playas de Veracruz, el gobierno federal reconoció la tercera raíz de México.

Por primera vez, los encuestados en el censo nacional de 2015 pudieron identificarse como negros, demostrando que 1.4 millones de personas o 1.2% de la población total es afrodescendiente.

En la actualidad, la mayoría de las comunidades afromexicanas aún padece discriminación y racismo, debido a su falta de reconocimiento en la historia.

Los libros de texto sólo dedican unos cuantos párrafos a la importancia de su participación y muchas veces repiten estereotipos y prejuicios, indicó a EL UNIVERSAL in English María Elisa Velázquez, coordinadora nacional de Antropología en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

“En los museos no se aborda su historia y su importancia, por lo tanto, la mayoría de las y los mexicanos piensan que en México ‘no hay negros’ y las mismas comunidades y pueblos afromexicanos no conocen su historia”, resaltó.

Durante la colonia, explicó Velázquez, muchos esclavos lograron la libertad y otros afromexicanos nacieron libres, ya que las uniones entre africanos e indígenas eran comunes y los hijos de las mujeres indígenas no podían ser considerados esclavos, por la prohibición de la esclavitud entre los americanos nativos en 1542.

La académica enfatizó que los esfuerzos de los últimos 20 años realizados por el Consejo Nacional para la Prevención de la Discriminación, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el INAH y otras instituciones han hecho avances en el reconocimiento constitucional de los afromexicanos en Oaxaca, Guerrero y la Ciudad de México.

Colombia, Perú y otras naciones latinoamericanas recibieron un número similar de africanos al de México.

La cifra total fue más elevada en Brasil y Cuba, países sin una gran población nativa y donde la esclavitud continuó hasta fines del siglo XIX, explotando el auge del tráfico de personas y las ideas del “racismo científico”.

No obstante, mientras que México silenció la contribución afrodescendiente a su sociedad otros países latinoamericanos la han reconocido plenamente, añadió Velázquez.

Editado por Sofía Danis
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