​Glamping con vista al sagrado monte Uluru

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Destinos 15/09/2018 00:30 Viridiana Ramírez Actualizada 10:21

Viaje a uno de los parques nacionales más alucinantes de Australia

Una de las experiencias que ofrece el campamento es explorar uno de los monolitos más grandes del mundo. (Foto:Cortesía Longitude 131)

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Las tardes se disfrutan con bocadillos y vinos australianos. (Foto: Cortesía Longitude 131)

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Los huéspedes tienen reservado un viaje en camello para recorrer los 10 kilómetros que mide la base del Uluru. (Foto: Istock)

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Las habitaciones son confortables. Podrás relajarte y conectarte con la naturaleza. (Foto: Cortesía Longitude 131)

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Por las noches, además de observar las estrellas, se prenden fogatas y se realizan cenas al aire libre. (Foto: Cortesía Longitude 131)

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VIRIDIANA RAMÍREZ
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En cada habitación, la bañera es un asiento de primera fila a una de las vistas más impresionantes del mundo y de todo Australia: el Uluru, ese descomunal monolito de arenisca que delimita el horizonte del Parque Nacional  Uluru-Kata Tjuta, en la región Red Centre del Territorio Norte.
 

Mientras el cuerpo se sumerge en aguas tibias y nutridas con sales del desierto australiano, la vista no tiene impedimento para viajar por ese territorio sagrado que los aborígenes han resguardado por más de 30 mil años: dunas, matorrales, cielos limpios y un extenso mar de arena roja conforman este paisaje.

Para vivir el momento hay que reservar una de las 16 tiendas tipo safari del campamento Longitude 131, cuyo lujo radica en las experiencias que ofrece para explorar uno de los monolitos más grandes del mundo, declarado Patrimonio de la Humanidad.
 

Mañanas, tardes y noches espectaculares
Cada mañana, los huéspedes tienen reservado un viaje en camello para recorrer los 10 kilómetros que mide la base del Uluru y observar cómo va cambiando la tonalidad de roca conforme el sol avanza al cenit.

El recorrido es guiado por un aborigen, quien enseña cómo los antepasados utilizaron el monte para trazar el mapa estelar de la noche australiana y lo memorizaron a través de canciones llamadas “songlines”.

La experiencia cultural va acompañada de una fogata y un almuerzo. Al finalizar, hay que emprender una caminata para internarse en las cuevas tapizadas con pinturas rupestres, hasta llegar a la garganta de Kantju, una grieta que casi corta por completo al monolito.

Las tardes son para disfrutar del campamento: una tienda fue adaptada como bar al aire libre con una piscina desde la que se puede observar el monte sagrado. El huésped se puede dejar consentir con una envoltura corporal de arcilla amarilla, mientras contempla el atardecer.
 

Otra opción, es disfrutar de una comida llamada Table 131. La experiencia consiste en ver el ocaso durante la cena: un maridaje de varios tiempos con vinos australianos. Entrada la noche, el personal conduce al viajero a una duna para recostarse y dejar que un astrónomo lo guíe por las constelaciones del hemisferio sur.
 

Es posible elegir una joya gastronómica más: otra cena al aire libre, pero para contemplar la instalación de luces Field of Light, creada por el artista británico Bruce Munro, quien destaca por sus trabajos a gran escala.

La obra se encuentra en pleno desierto y se compone de 50 mil tallos iluminados de manera rítmica en diversos colores. El huésped también tiene el privilegio de contemplarla desde su habitación, con una fogata encendida y servicio de café gourmet.
 

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