La mirada de Mauricio Sulaimán se torna cristalina cuando escucha el nombre de Julio César Chávez Jr. Al presidente del Consejo Mundial de Boxeo le duele todo lo sucedido con el primogénito del mejor púgil en la historia de México, aunque le alegra que empieza a ver la luz al final del túnel.

Con problemas de adicciones y en libertad condicional, como parte de un proceso legal en su contra por presunto tráfico de armas y nexos con el Cártel de Sinaloa, el dirigente considera que el Hijo de la Leyenda no pudo con el peso del apellido.

“Viendo la historia, fue un bulto que ha tenido que cargar. Muy pesada esa comparación eterna”, lamenta. “Por su diferencia física con el papá, debió haber boxeado diferente. Siendo mucho más alto, con una buena distancia, pudo haber sido un peleador más técnico, usando el jab, pero la exigencia de ser como el papá lo ha llevado a tener un estilo de choque, de pelea adentro, que no es precisamente lo que pudo usar.

“Chávez Jr. es un gran peleador, ojalá que rehaga su vida arriba del ring”, añade. “Está haciendo su vida abajo, lleva más de 15 meses sobrio y con ganas de vivir”.

Esa es su eterna batalla. Sulaimán lo conoció desde pequeño y no olvida que ser hijo de Julio César Chávez resultó más perjudicial que benéfico: “Son muchachos nobles, de buen corazón, pero víctimas de las circunstancias”.

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