La Copa del Mundo no es para cualquiera. Esta no es simplemente una frase, sino una sentencia que destruye las ilusiones de quienes sueñan con ver a sus selecciones campeonas por primera vez y que impulsa a los grandes campeones de otros años a repetir sus hazañas.
Desde la primera edición en Uruguay, en 1930, solamente ocho países de los 211 afiliados a la FIFA saben cuánto pesa la Copa del Mundo.
En este siglo, se jugaron seis finales y solamente en una de ellas el campeón fue un país que no lo había logrado en el pasado. España, en Sudáfrica 2010, venció a Países Bajos de manera agónica y logró romper esa maldición para ingresar a la lista privilegiada conformada por Brasil, Alemania, Italia, Argentina, Francia, Inglaterra y Uruguay.

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En cuartos de final de Norteamérica 2026, Argentina eliminó a Suiza, España hizo lo propio con Bélgica, Francia despidió a Marruecos e Inglaterra hundió el barco vikingo de Noruega, por lo que, una vez más, el trofeo volverá a las manos de algún viejo conocido.
Portugal, comandado por Cristiano Ronaldo y una generación dorada de futbolistas como Bruno Fernandes y Vitinha, entre otros, llegó al Mundial como uno de los grandes candidatos a conquistar el campeonato, pero después de una fase de grupos irregular, la Furia Roja los eliminó en octavos de final.
Países Bajos, que ostenta el récord de ser el país con más finales perdidas de la Copa del Mundo con tres subcampeonatos, tampoco pudo enterrar sus fantasmas y en territorio mexicano, en Monterrey, se despidió del Mundial al caer por penales contra Marruecos.
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El artista detrás del trofeo, el italiano Silvio Gazzaniga, mencionó hace varios años que “quien gana una competición tan difícil y prestigiosa como esta, se convierte en un gigante en el momento de la victoria y su premio, la Copa, tiene que expresar todo esto".
El trofeo de la Copa del Mundo es celoso, no termina en brazos de cualquiera. Este es el torneo de naciones más importante no sólo por el nivel de excelencia con el que se compite, también por lo complicado que es entrar al Olimpo, el cual por cuatro años más, no tendrá un nuevo invitado.
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