“Todo sacrificio ha valido la pena”, repite Daniel López, mejor conocido como El Satánico. Con 76 años de edad, el legendario gladiador mexicano hace un balance de más de cinco décadas entregadas al cuadrilátero.

Con nostalgia, recuerda los cumpleaños ausentes, los aniversarios que no pudo celebrar y los viajes interminables que lo alejaron de su familia. Sin embargo, cada renuncia se transformó en un legado. El deporte le dio fama, respeto y —sobre todo— la posibilidad de brindar sustento y valores a los suyos.

“Fue muy difícil. Entré a la lucha libre por necesidad y quería ayudar a mi familia. Al recibir un pago, sentí hambre de buscar más. Me perdí eventos escolares, cumpleaños y atender a mi esposa. Todo valió la pena; sin esos sacrificios, mis hijos no tendrían casa donde dormir, ni los estudios que lograron”, mencionó la leyenda, en charla con EL UNIVERSAL Deportes.

El gladiador tapatío, quien fue uno de los alumnos más destacados de Cuauhtémoc Diablo Velasco, agradeció en especial la compañía de su esposa durante esos años de gloria.

“Duré mucho tiempo sin descansar un solo día. Mi esposa iba al aeropuerto con una maleta y mis hijos pequeños para cambiarme de ropa. Estaba en el momento cumbre y hablé con ella sobre no dejar pasar las oportunidades... No tenía tiempo”, recordó. “Ha sido muy comprensiva. Hubo disgustos, pero la nostalgia nos invade con el paso de los años”.

López pidió a los grandes ídolos actuales de la lucha libre aprovechar el momento y las oportunidades que llegan.

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