Cuando México se paraliza es con el Clásico Nacional. Cuando el país se divide en azulcremas y rojiblancos, es en el América contra el Guadalajara, y así fue anoche.

En el Metro de la Ciudad de México, en específico la Línea 2 en dirección a Taxqueña, los aficionados de ambas escuadras emprendían su camino hacia el Estadio Banorte.

Antes de llegar al mítico Coloso de Santa Úrsula, se tenía que hacer escala en el Tren Ligerol.

Los cientos de aficionados complicaban el andar hacia la explanada del Azteca, pero el canto azulcrema le quitaba tensión a la espera de poder bajar las escaleras que conducían al punto de encuentro de muchos seguidores.

Como es tradición, las familias llegaban divididas entre americanistas y tapatíos. Las parejas presentes también venían con el corazón dividido; uno por el amor al otro, como por su club.

La afición azulcrema hacía pesar su casa con cada grito de “¡América, América!”. Los tambores sonaban sin descanso, así como se agitaban las banderas con el escudo de las Águilas. Cuando aparecía cierto silencio, un fuerte “¡Chivas, Chivas!” retumbaba en el tres veces mundialista y evidenciaba una gran presencia de seguidores del Rebaño.

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