La Copa del Mundo Estados Unidos 1994 fue una auténtica montaña rusa de emociones para Arturo Brizio.
El exárbitro mexicano tocó el cielo al haber sido designado para la inauguración, al ser considerado por la FIFA el mejor del mundo, pero —de un “trancazo”— se perdió la posibilidad de avanzar más allá de los octavos de final.
“El Mundial del ‘94 era una ilusión. Fue muy padre, porque me tocó la inauguración, que fue panorama extraordinario, y me tocó arbitrarles a los tres tricampeones del mundo, hasta ese momento, que eran Alemania, Brasil e Italia, pero me tocó regresar a casa con la frente marchita, por sobrado”, compartió.

Con autocrítica y “una buena dosis de humildad”, aceptó que el único culpable de lo que vivió fue él, por lo que tuvo que digerir “el coraje, la rabia y la frustración” al despedirse.
“Llegué en el pináculo [de mi carrera], pero me regresaron a casa porque me tocó arbitrar muy mal un partido; no pude... Me derrumbé. El culpable del problema era yo, por sobrado, soberbio y por pensar que —en mis partidos— no podía pasar nada, porque era el mejor árbitro del mundo”, se sinceró.
El golpe anímico que sufrió no evitó que tuviera las ganas de revancha y decidió luchar para ser considerado en Francia 1998.
“Tuve que replantear algunas cuestiones”, reveló.