En surgieron Las niñas bien. Toda esta mentalidad, esta conciencia de clase es mucho de Guadalajara, asegura la escritora Guadalupe Loeza, quien reconoce que, a 40 años de la primera edición de este libro de crónicas y a pesar de la distancia, son historias con vigencia y que tienen mucho que ver con el México en el que vivimos.

La también autora de Las reinas de Polanco y Primero las damas, dice que esta edición conmemorativa hecha por Planeta le permite dar cuenta que las no llegaron al poder junto con la primera presidenta de México y que, incluso, a las mujeres no se les escucha, aunque reconoce avances.

¿En esas niñas bien que retrató tenían voz o la han ido ganando?

Esas niñas bien de las que hablo no votaban, no eran tomadas en cuenta, su voz no importaba. No les importaba el país, no participaban como ciudadanas, no se sentían ciudadanas, se sentían... pues quién sabe qué se sentían, a veces ni mexicanas. Y en eso sí ha cambiado. Sin embargo, siguen teniendo esa conciencia de clase, sienten que pertenecen a una elite, por sus apellidos, por su pasado, por su familia, por sus antepasados.

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¿Cómo ha visto crecer estas crónicas y a su sociedad?

La sociedad desafortunadamente está muy polarizada, muy enconada, López Obrador se encargó de eso. Despertó un sentimiento de lucha de clases, con los fifís, con la derecha, la izquierda, que sigue Claudia Sheinbaum sin ocuparse de la clase media. No les importa la clase media, no la escuchan. No escuchan a los jóvenes y sí, es una sociedad dividida, hay resentimiento, hay coraje, hay ira. Mucha ira contenida que sale de repente en las manifestaciones, que sale a través de los secuestros, de las extorsiones, de los desaparecidos. Estamos viviendo un momento muy difícil.

¿Hoy la situación es mucho más dura con las mujeres?

Absolutamente. Es cierto que la mujer ha ganado mucho terreno, la mujer de la clase media, de la clase menos privilegiada y de la clase privilegiada también. Sabemos que podemos contar con más derechos, con más oportunidades y que nuestra voz se está escuchando. Eso sí lo sabemos, estamos conscientes de ello, aunque sigan los feminicidios, sigue la violencia intrafamiliar en las casas mexicanas. Eso también lo sabemos.

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Vivimos una esquizofrenia muy particular, por un lado una toma de conciencia en lo que se refiere a las mujeres. Ya no nos callamos, ya declaramos, ya protestamos, ya salimos a gritar; pero por otro lado, sentimos que no nos escuchan. Sentimos que la Presidenta le cuesta mucho trabajo tomar en cuenta nuestras voces.

¿Esta frase de “Llegamos todas”, no es cierta?

Para nada, pero para nada; en primer lugar, llegó solita. Llegó gracias a López Obrador, y en segundo lugar porque no demuestra ninguna solidaridad por las demás. No nos escucha, no le importamos, ahí están las manifestaciones de los 8 de marzo. Terrible. A ver, ¿qué hace con las protestas?, ¿qué hace con todo eso?, ¿cómo le va a hacer? Es un gran desafío, sin duda. Es terrible. No llegamos todas. Llegaron las de la cuarta y punto.

Y no tan copiosamente, no llegaron todas las de la 4T, porque ya dentro de la 4T hay muchas divisiones, es otro de sus problemas. Ya no la apoyan tanto, ya la ven muy dividida, bajo la sombra de López Obrador.

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¿Tuvo la tentación de entrar a los textos, ajustarle algunas ideas?

No, no quise, están tal cual porque representan una época y sobre todo un mundo raro, como dice la canción de José Alfredo Jiménez. Prefiero seguir escribiendo nuevas historias, me gusta mucho estar cerca de mis lectores. Decirles “aquí estoy, malita, pero aquí estoy”. Me gusta que se sientan escuchados, es como mandarles un saludo cariñoso con mis textos. Ayer me sentía yo cansadísima, pero dije, “tengo que publicar”, así decía Becerra Acosta, que si estamos dispuestos a publicar aunque se nos muera un pariente cercano o tengamos una enfermedad seria, entonces sí podemos seguir.

¿Usted tuvo pronto la escritura, la posibilidad de contar?

Yo tenía 38 años. Lo que ha sido llamativo es que comencé con el género epistolar, con cartas. Eran unas cartas tan bonitas... Esas cartas se van a publicar, algunas, pero tengo muchísimas. Me encanta el género epistolar.

¿A quién le escribía?

A mis hermanas. Y como tuve ocho, pues hay muchas cartas. Todas las conservo. Para mi nueva novela Las yeguas enamoradas, estuve revisándolas y dije, “pero qué buena persona era, que chica tan joven, llena de ideales y de convicciones, es recobrar el pasado a través de la escritura.

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¿A la par de la novela que saldrá, trabaja en un nuevo libro?

Sí, se va a llamar Lágrimas negras y voy a hablar de mi relación con Granados Chapa, que duró 15 años, en los cuales vertí muchas lágrimas negras... el rímel que compraba, yo creo era muy barato... Hablo sobre todo de mi toma de conciencia. Está la niña bien que se vuelve ciudadana. Está la niña bien que tomó una decisión fundamental que fue el divorcio y tiene muchos costos, y está la niña bien que no sabía quién era. Va a ser totalmente autobiográfica.

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