El libro Vargas Llosa, su otra gran pasión (Planeta), del abogado peruano Pedro Cateriano, es la primera biografía política sobre Mario Vargas Llosa, uno de los intelectuales más influyentes contemporáneos que ejerció la literatura con el mismo fervor que la política, terreno donde libró numerosas batallas contra las dictaduras, de derecha y de izquierda, y donde protagonizó sus principales y más acaloradas polémicas y una ardorosa defensa de la cultura de la libertad que hoy como nunca está en juego.
Sobre esa minuciosa investigación sobre las acciones políticas del Nobel de Literatura, desde su participación en una célula comunista en la Universidad de San Marcos, su adhesión a la Revolución cubana y posterior rompimiento —por no ser el socialismo en libertad en el que creía—, su tránsito hacia el liberalismo, su campaña presidencial en Perú en la década de 1980 (que no ganó), da cuenta Cateriano, quien en entrevista reflexiona sobre el pensamiento político del intelectual fallecido en abril de 2025, quien tuvo una gran cercanía con México a través de Octavio Paz, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez.
¿En la política miró más allá de Perú, a toda Latinoamérica, México, Cuba, Venezuela?
Vargas Llosa no solo fue un hombre de palabra, fue de acción, cuando él tomaba una decisión iba contra la corriente, polemizaba, daba a conocer sus puntos de vista y decidía. Por ejemplo, ¿qué lo motivó a ir a Venezuela en el apogeo de la dictadura de Hugo Chávez y someterse a los insultos de la maquinaria estatal y mediática que controlaba Chávez?, quería expresar su solidaridad en el lugar de los hechos a los sectores democráticos de Venezuela. Y en ese contexto ocurrió algo curioso, entusiasmado por estos ataques a Vargas Llosa, el dictador lo retó a un debate, Vargas Llosa sólo le puso como condición: “Deme a mí los mismos minutos que va a usar usted”. El que terminó corriendo fue Chávez, entonces, yo creo que eso es lo que lo distingue de otros escritores. Fue un escritor comprometido, algo que le inculcó Sartre, y fue un rol que jugó hasta el final de sus días en distintos ámbitos, opinando sobre elecciones en América Latina, sobre elecciones en el Perú.

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¿Hasta el final dio batallas contra las dictaduras?
En los últimos años expresó su desacuerdo con López Obrador, con Petro, con Lula y con Boric. Los pronósticos electorales de Vargas Llosa fallaron y el stablishment de la izquierda latinoamericana se burló de Vargas Llosa, pero al final, ¿qué ocurrió? El tiempo le dio la razón a Vargas Llosa. ¿Qué hicieron estos presidentes de izquierda de origen democrático? Terminaron avalando el escandaloso fraude de Maduro. No solo era un intelectual, un escritor, un periodista, era un hombre de acción. Y eso lo diferenció del resto de escritores.
¿Tan de acción que fue a una campaña presidencial?
Lo hizo en un contexto fatídico de nuestra historia republicana. El terrorismo del MRTA y de Sendero Luminoso tenían hackeado al Estado, una hiperinflación superior a los 2 millones que tenía quebrada a la economía, empresas públicas quebradas, la reputación del país internacionalmente afectada, una gran migración de jóvenes buscando un futuro. En ese contexto, Vargas Llosa decide ser candidato, pero no un candidato cualquiera, sino con un discurso liberal radical para reformar ese modelo económico estatista, izquierdista.
¿La relación con México fue larga y fructífera?
Con Octavio Paz tuvo una relación muy cercana, con subidas y bajadas, pero de un respeto intelectual y admiración mutua. Paz no fue un liberal como Vargas Llosa, pero fue un defensor de la libertad de prensa, de los valores democráticos. Estuvo con Vargas Llosa en esa célebre intervención donde acuñó la conocida frase relativa al gobierno del PRI de “La dictadura perfecta”; esa cercanía le permitió a Paz decirle en Londres que no se postulara a la presidencia de Perú, y sin embargo, cuando Vargas Llosa tomó la decisión de candidatear, Paz le mandó un mensaje de respaldo. Son dos grandes genios literarios y dos personas que han tenido una gran influencia en el ámbito ideológico y político latinoamericano.

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¿Qué comprendió mejor?
Por ejemplo, Vargas Llosa cuando viaja a París a cumplir con sus deseos de ser escritor, toma conciencia de su condición de ser latinoamericano y esto se refleja en su obra literaria. La guerra del fin del mundo, que ve a Brasil; La fiesta del chivo, que es la novela que expresa lo que es el salvajismo, la brutalidad de una dictadura; o Tiempos recios, en donde relata lo que significó la injerencia norteamericana en Guatemala. Fue en esencia un intelectual que estuvo comprometido con la compleja realidad política y social latinoamericana.
¿Los latinoamericanos ya nos percatamos de la falta que hacen las ideas de Mario?
Ha dejado un gran legado: su obra literaria, ensayística, periodística. Vamos a extrañar su voz, sus opiniones en los contextos de dificultades, pero deja un gran legado de defensa de la cultura de la libertad, y creo que esa lucidez y valentía que tuvo para condenar a las dictaduras como forma de gobierno y explicar el daño que han representado en América Latina para la formación de una auténtica cultura democrática, es una gran herencia de Vargas Llosa. Él ha desaparecido físicamente, pero su obra de alguna manera va a ser permanente. Y a diferencia de Fidel Castro o Hugo Chávez o Nicolás Maduro, que la historia no los absolverá, Vargas Llosa va a ocupar un lugar de privilegio en defensa de lo que llamaba la cultura de la libertad.
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