¿Han visto una foto de Frida Kahlo sonriendo? Son raras y escasas las imágenes de la pintora mexicana mostrando sus dientes. “La Frida espontánea no la conocemos. Ella se cuidaba mucho en sus fotos, sabía que cada imagen suya es una trascendencia de quién es”, explica Luis-Martín Lozano, máximo especialista de la obra de Kahlo y autor del libro Frida Kahlo: The Complete Paintings (Taschen, 2021). La razón de esto es porque “Frida tenía muy feos dientes, porque le gustaban los dulces, fumaba mucho” y fue así como el cuadro Autorretrato con medallón, que en la actualidad es materia de un juicio de amparo, terminó en manos del dentista Samuel Fastlicht.

Aunque, así como en esta pintura el medallón no es el foco central, esta no es la historia principal detrás del cuadro que el banco Ve Por Más busca sacar de México de forma definitiva, caso en el que tendrá la última palabra la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), ahora que regrese de su receso en agosto.

Autorretrato con medallón, que la artista pintó en 1948, terminó en manos de su dentista, Samuel Faaschlicht, como modo de pago. Foto: Colección particular. D.R. @ 2007 Banco de México
Autorretrato con medallón, que la artista pintó en 1948, terminó en manos de su dentista, Samuel Faaschlicht, como modo de pago. Foto: Colección particular. D.R. @ 2007 Banco de México

En exclusiva para EL UNIVERSAL, Lozano comparte un análisis del cuadro que no ha hecho público, al que coloca como pieza “clave” en la obra de la artista, pues forma parte de una trilogía en la que Kahlo muestra su construcción pictórica, y a su vez su destrucción emocional.

Autorretrato con medallón lo hizo Kahlo en 1948 y se lo entregó a su dentista como método de pago, lo mismo ocurrió con otros dos bodegones —uno con un xoloitzcuintle de barro negro y otro menos conocido de una calabaza partida a la mitad. Pero la pintura está hecha con un “ preciosismo” que hace ver que originalmente no iba a ser intercambiada para cubrir gastos médicos y además visualmente es muy similar a un cuadro que había hecho cinco años antes. Lozano recuerda que nada en la obra de Kahlo es coincidencia y que cada símbolo tiene su razón de ser.

Esa otra pintura es Diego en mi pensamiento, que pertenece a la colección Gelman y estará en exhibición hasta este domingo 19 de julio en el MAM, antes de itinerar por Europa por dos años con el resto del acervo.

Diego en mi pensamiento, pintado en 1943 y que pertenece a la colección Gelman, estará en exhibición hasta este domingo 19 de julio en el MAM. Foto: Santiago Cadena/ EL UNIVERSAL
Diego en mi pensamiento, pintado en 1943 y que pertenece a la colección Gelman, estará en exhibición hasta este domingo 19 de julio en el MAM. Foto: Santiago Cadena/ EL UNIVERSAL

La obra la hizo en 1943 y Kahlo se pinta vistiendo una tehuana de la que se desprenden hilos y plantas que abarcan todo el lienzo. “Ella se muestra portentosa, es una gran mujer, ella se expande”, dice Lozano sobre el autorretrato de tamaño mediano (76x61 cm). En su frente, Kahlo pintó el rostro de Diego Rivera, como reconocimiento de que ocupa un gran espacio en su mente. Para esa fecha, Frida perdonó a él su infidelidad con su hermana Cristina y se habían casado de nuevo.

Fue en 1948 cuando Kahlo se volvió a retratar portando una tehuana, quitando a Diego de su mente y sumando un medallón y tres lágrimas. La pintura la hizo cuando Rivera llevaba ya dos años viviendo con Emma Hurtado; habían acordado una relación abierta, pero ella se sentía desplazada, traicionada y desesperada. El sentir lo plasma en un cuadro de menor dimensión (50x40 cm) con un rostro atrapado en medio del resplandor de su vestido y esa crisis era un mensaje que quería comunicar la pintora a la crítica de arte estadounidense Florence Arquin, quien también tenía amistad con el muralista.

“Arquin le pidió un cuadro, lo estaba comprando, por eso quería que fuera uno de sus mejores cuadros, o sea le ‘echó galleta de más’ porque el objetivo es que acabara en una colección en Estados Unidos, no con su dentista. Ella quería decirle a Arquin ‘sí, soy una pintora de México, que se nutre de su cultura, pero yo estoy sufriendo”, dice Lozano. El experto agrega que la tehuana es originaria del Istmo de Tehuantepec, “donde viven las mujeres más independientes de México”, por lo que la indumentaria funciona a la artista para decir que las apariencias engañan y que aunque aparenta, en realidad no es fuerte.

El cuadro Diego y yo muestra a la artista ya sin huipil, con su cabello enredado en el cuello, asfixiándola, con lágrimas de nuevo y con el regreso de Diego en su frente, sólo que ahora un poco más grande y con tres ojos.  Foto: Frida Juárez Bautista/ EL UNIVERSAL
El cuadro Diego y yo muestra a la artista ya sin huipil, con su cabello enredado en el cuello, asfixiándola, con lágrimas de nuevo y con el regreso de Diego en su frente, sólo que ahora un poco más grande y con tres ojos. Foto: Frida Juárez Bautista/ EL UNIVERSAL

En cambio, la crítica de arte recibió una obra distinta, una mucho más pequeña (28x22 cm) pero más contundente: Kahlo se muestra ya sin la decoración de su tehuana, con su cabello rebelde que se le enreda en el cuello asfixiándola, con las mismas tres lágrimas, y con el regreso de Diego en su frente, sólo que ahora un poco más grande y con tres ojos.

“Lo que era artificio en el otro cuadro, acá ya no. En este ella ya no importa”, comenta Lozano. Se trata de Diego y yo, pintado en 1949 y subastado en 2021 por 34.9 millones de dólares.

“Es un antes y un después, están relacionados los tres cuadros, son tres estados de la angustia existencial que ella tiene”, afirma Luis Martín Lozano.

Sobre el caso que llegó a la SCJN la semana pasada, el experto confía en que no se permita la salida de la obra, pues duda que la solución sea “desproteger el patrimonio mexicano por intereses de privados”. También dice que si hay una contradicción entre el decreto presidencial que da el estatus de monumento artístico a la pintura (que prohibe su exportación) y la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos (que sí permite que la propiedad privada salga bajo ciertas condiciones) espera que “se adapte pero no para que el cuadro se vaya”.

“Diría que es una ley que hay que revisar con ojos actuales, apretar las tuercas donde hay que hacerlo, sin menoscabo del valor de la cultura. Los derechos individuales están acotados a los colectivos y en lo cultural no tendría porqué ser diferente”, es como Lozano se suma al debate, insistiendo en que no cuestiona la propiedad privada, pero que debe haber restricciones a favor del patrimonio.

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