Jasper Gwyn, personaje de Alessandro Baricco, decide cambiar su forma de mirar el mundo. Tras una especie de abandono de la literatura, "Mr. Gwyn" invita a la gente a su estudio para ser observada durante 30 días y, desentrañar y transcribir así el secreto, la historia y lo que subyace en cada individuo.
“Eso es absolutamente teatral”, afirma Alonso Iñiguez, director de esta adaptación para escena hecha por Juan Cabello.
"Mr. Gwyn", dice, es una novela brutalmente contemplativa, que trata sobre la mirada y contemplar a alguien no por su apariencia, sino por su historia:

“No es una obra álgida, donde los conflictos de los personajes estén brutalmente expuestos, latentes o sean melodramáticos. La obra, como la propia novela, tiene un tono bastante suave y sutil, poético y contemplativo. Y creo que el mismo Baricco, desde su novela, propone estos recursos teatrales, que son fáciles de trasladar a la escena por su propia naturaleza”, continúa el director.
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Para remarcar el discurso de Baricco respecto a la mirada, Iñiguez buscó que la obra tuviera, al menos, una sección absolutamente contemplativa:
“Contamos la trama, pero también tenemos pasajes donde sólo observamos lo que está pasando. No hay diálogo, en muchos minutos de la obra no hay diálogo, sólo hay imagen. Es una apuesta porque creo que, a nivel estructural y formal, no se hace tan seguido en el teatro. Estamos contentos y nerviosos, apostamos para sostener el discurso de la novela y de la obra de teatro”.
Iñiguez recuerda que el proyecto inició gracias a una sugerencia del compositor de música para cine y teatro, Pablo Chemor, quien le sugirió leer Mr. Gwyn, de Baricco: “Me dijo: es súper bonita, yo creo que puede ser una cosa teatral. Entonces, leí la novela, me encantó y empezamos el trabajo de la adaptación”.
Es enfático en que la novela y la obra tratan sobre cómo la gente se compra una historia acerca de quién es:
“Lo que dice Baricco es que eso es incorrecto: nosotros somos toda la historia, no sólo somos el personaje. Podemos ser ese personaje, pero también somos el suelo donde camina, la luz que lo golpea, el viento que sopla, el bosque que está detrás de él. Nosotros somos todo el paisaje completo. Ese es el descubrimiento de la protagonista; es decir, ella no se sentía completa, ella no se sentía mirada, ella no se sentía bien en su propio cuerpo. Y después de hacer el retrato —porque Mr. Gwyn es un escritor que se dedica a hacer retratos escritos— entiende que no sólo es el protagonista del paisaje, sino todo lo que encierra ese paisaje”.
Pero también trata, dice, de cómo lo que Mr. Gwyn hace al observar y ser observado es ayudar a que los personajes puedan regresar a casa, en sentido metafórico.
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