En 1956, quien el 22 de febrero hubiera cumplido un siglo de vida, concluyó, bajo la dirección y asesoría de su maestro Ángel María Garibay, su tesis La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, con la que obtuvo, ese mismo año, el doctorado en Filosofía por la UNAM.

León-Portilla fue aprobado con los máximos honores y aquélla se publicó casi de inmediato en forma de libro y tuvo una repercusión enorme en el ámbito cultural del país.

“En esa época, la formación de los filósofos se basaba, sobre todo, en las corrientes filosóficas de Occidente, y algunos de ellos se preguntaban si, en realidad, los pueblos habían logrado desarrollar un pensamiento, una filosofía. León-Portilla vino a demostrar, a partir del estudio de fuentes históricas (documentos, escritos, códices, etcétera), que sí, que estos grupos tenían una forma particular de concebir el universo y al hombre, así como la vida y la muerte”, dice , arqueólogo y fundador y director (de 1978 a 1982) del Proyecto Templo Mayor, Investigador Emérito por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y Doctor Honoris Causa por la UNAM.

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Tres años después, en 1959, León-Portilla publicó, en la colección Biblioteca del Estudiante Universitario de la UNAM, Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la Conquista, un libro que compila varios relatos de este hecho escritos desde la perspectiva indígena y traducidos del náhuatl por Ángel María Garibay.

“Quizás éste sea el libro de Léon-Portilla con más traducciones y ediciones”, señala el también ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2007 y el Premio Princesa de Asturias 2022.

Durante el sexenio del presidente Miguel de la Madrid (1982-1988), León-Portilla fue llamado a encabezar la Comisión Mexicana para la conmemoración de lo que entonces se denominaba V Centenario del Descubrimiento de América, la cual se realizaría en 1992.

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Al respecto, Matos Moctezuma recuerda: “En las reuniones previas, León-Portilla dijo que tal hecho histórico no debería considerarse un descubrimiento, sino un encuentro de dos mundos, de dos sociedades con una larga historia, y que por ello proponía cambiar el nombre de dicha conmemoración por el de V Centenario del Encuentro de Dos Mundos. Esta propuesta no fue aceptada en la reunión de Santo Domingo, en la República Dominicana, pero en la siguiente, en Argentina, sí. Es decir, tanto en sus obras como en sus acciones, León-Portilla fue, desde un principio y a lo largo de toda su vida, un defensor y difusor de las culturas indígenas mesoamericanas.”

Amor por la UNAM

De acuerdo con Matos Moctezuma, León-Portilla sentía un profundo amor por la UNAM, donde se desempeñó como docente, investigador y funcionario.

“Fue un universitario cabal... Cuando estaba al frente del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH) reestructuró varias áreas y creó publicaciones muy importantes, como la revista Estudios de Cultura Náhuatl, en la que muchos especialistas en lingüística, arqueología, antropología física, historia, historia del arte… pudieron expresar su pensamiento y presentar el avance de sus investigaciones sobre los pueblos nahuas. Hoy en día, esta revista sigue publicándose y destacando en el ámbito no sólo nacional, sino también internacional. Asimismo, debido a que, en esos años, el IIH tenía entre sus filas una gran cantidad de distinguidos antropólogos y arqueólogos, como Pedro Bosch Gimpera, Juan Comas Camps, Santiago Genovés y Jaime Litvak, y a que él pensaba que los estudios que llevaban a cabo desde la perspectiva de la antropología física, la arqueología, la etnología y la lingüística eran fundamentales para el conocimiento del pasado y el presente de México, le propuso al rector Pablo González Casanova fundar un nuevo instituto: el de Investigaciones Antropológicas, lo cual se hizo realidad durante el rectorado de Guillermo Soberón Acevedo.”

Por supuesto, en su faceta de docente. León-Portilla sobresalió por su impresionante capacidad intelectual y memorística, pero también por su don de gentes.

“En su Seminario de Cultura Náhuatl, y en los cursos y conferencias que impartía constantemente, hablaba con una absoluta claridad, sin muletillas. Era maravilloso escuchar de su boca todo el conocimiento que tenía de las culturas mesoamericanas”, agrega Matos Moctezuma.

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Amistad

En la década de los años 70, León-Portilla y Matos Moctezuma se conocieron personalmente y entablaron una buena amistad que los llevó a convivir y conversar horas y horas.

“Incluso se nos ocurrió, en algún momento, improvisar diálogos sobre un tema específico. Hicimos, por lo menos, cuatro. El primero fue en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, en Morelia, donde hablamos sobre arqueología e historia; el segundo, en El Colegio Nacional, donde platicamos sobre mitos mesoamericanos; el tercero, en la Universidad Autónoma del Estado de México, donde abordamos la figura de don Manuel Gamio y su famosa investigación de la población del Valle de Teotihuacan; y el cuarto, en el Museo de Antropología, donde, en un auditorio atestado, dialogamos sobre las excavaciones del Templo Mayor.”

Matos Moctezuma resalta otro aspecto personal de León-Portilla: aunque ya había recibido más de 20 doctorados Honoris Causa en diversas partes del mundo (llegaría a recibir 30) y era una figura reconocida en el ámbito nacional e internacional, dialogaba con un joven que se había graduado apenas en 1965 en la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

“A veces, por fortuna, aquellos diálogos se convertían en monólogos, porque él se apasionaba con lo que decía y yo prefería quedarme callado para escucharlo y aprender. Posteriormente, él apoyó mi ingreso en El Colegio Nacional y respondió mis discursos de ingreso en la Academia Mexicana de la Historia y en la Academia Mexicana de la Lengua”, finaliza.

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