Antes de morir, el historiador Miguel León-Portilla (Ciudad de México, 1926-2019) decidió contar su propia historia. Limitado en su visión por sus problemas en la mácula y por la edad, desde 2013 dictó, poco a poco, palabras, pasajes y oraciones a su secretaria. En 2019, cuando su condición empeoró y tuvo que permanecer en el hospital por meses, le pidió a su viuda, la lingüista Ascensión Hernández Triviño, revisar esos escritos y completar los datos faltantes.
Sin embargo, el experto y estudioso de la filosofía y cultura náhuatl falleció antes de publicar su historia, por lo que hoy, en el marco del centenario de su nacimiento (22 de febrero de 1926), familia, colegas, amigos e instituciones pusieron manos a la obra y editaron el libro Soy mi memoria, presentado ayer en El Colegio Nacional.
Soy mi memoria es editado por instituciones clave en la vida de León-Portilla: la Universidad Nacional Autónoma de México, su principal casa de estudio e investigación; la Ibero, por las huellas que dejó la educación jesuita en él; El Colegio Nacional, institución a la que ingresó en 1971, y la Academia Mexicana de la Lengua y la Academia Mexicana de la Historia.
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En entrevista, Ascensión Hernández Triviño da más detalles de la obra, y revela que Soy mi memoria no es el único libro pendiente que dejó León-Portilla tras su fallecimiento.
La lingüista precisa que en la revisión del libro también participó la hija de ambos, María Luisa León-Portilla. “Hemos ido despacio, poco a poco, pero ya se entregaron, primero a la Universidad Nacional, luego a El Colegio, y por fin saldrá a la luz”, explica.
Sobre el título de la novedad editorial, Hernández Triviño refiere que León-Portilla tuvo una intención clara y concisa al realizarlo: contar su historia y plasmar sus memorias.
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El libro hace un recorrido desde la parte familiar del historiador, llega a los momentos significativos de su formación profesional, habla de los maestros que los formaron y narra su paso por las instituciones culturales que fundó. “Cuenta su andar por la vida, su niñez, su juventud, su preparación, su madurez.
“Cuenta su paso como director del Instituto Indigenista Interamericano, que fue un organismo muy importante en su tiempo, después fue director del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, y ya después no quiso ser director de nada, porque lo que quería era tener tiempo para trabajar”, detalla.
Hernández Triviño dice que el libro cita momentos clave en la vida de León-Portilla. “Le dedicó un capítulo entero a su paso por la UNESCO, a su trabajo y a los esfuerzos que realizó para dejar el nombre de México en alto, y, claro, las conmemoraciones del Encuentro de Dos Mundos, en 1992, evento que causó mucho impacto en la vida académica del momento”.
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Otra temática importante del libro son aquellas personas que marcaron a León-Portilla, entre ellas profesores y colegas, hace una larga mención a quien le dirigió la tesis del doctorado en Filosofía —acerca de la cultura y pensamiento náhuatl—, el padre y filólogo Ángel María Garibay.
¿Cuál fue la fuerza que impulsó a Miguel León-Portilla a investigar y comprender la cultura náhuatl?, se le preguntó a Hernández Triviño, quien respondió que ese motor siempre fue poner a los pueblos mesoamericanos a la altura de otras culturas antiguas.
“Ese motor fue analizar el pensamiento de los nahuas con una base de conocimiento, con un método nuevo que nos diera a conocer un pensamiento más profundo. Él estudió mucha filosofía, le dio un sentido filosófico muy profundo a ese pensamiento, quiso poner a las culturas mesoamericanas en el universo de las culturas, a su altura”, reflexiona.
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La lingüista dice que León-Portilla dejó un extenso archivo conformado por 45 cajas con documentos de diferente índole. En la actualidad, a la familia le falta revisar sólo 7 cajas. “Todo será guardado en una casa, con las condiciones adecuadas, en el futuro no sé qué haremos, tal vez lo donemos a alguna institución, la idea es que ese archivo dure el mayor tiempo”.
Hernández Triviño revela que en esos archivos hay otro texto inédito, que aborda “lo indígena en el ser de México”. “Es un texto bonito, pero hay que revisarlo y editarlo, esperaremos un poco y veremos cuándo se publica, porque también es un texto que dictó”.
Por su parte, uno de sus amigos en vida, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, destaca su rigor en la investigación, en una época donde se manipula la historia con fines políticos. “Su obra sigue vigente, es un ejemplo para futuras generaciones, su presencia y su forma de investigar nunca se desviaron, sus libros y sus conferencias no se desvirtúan, al contrario, son ejemplo”.
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Para Matos, la obra de León-Portilla es obligación de quienes estudian el pasado, y libros como Visión de los vencidos (1959) y Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas (1961) no pierden vigencia.
Durante la presentación del libro ayer en El Colegio Nacional, Matos Moctezuma refirió que la publicación de las memorias de su amigo son una muestra del cariño que tiene la comunidad cultural y académica por él. “Han reconocido la sapiencia de un investigador con varias facetas, por ejemplo, la de creador de instituciones, además comentar que León-Portilla vino a reivindicar el mundo indígena, terminar con cierto eurocentrismo, Miguel demuestra con creces ese pensamiento náhuatl”, dijo Matos, y afirmó que sus memorias son un legado.
Como homenaje, Matos mostró al público una selección de fotos del historiador, desde su infancia y sus padres, sus maestros y algunos de los momentos más importantes en su vida, como su boda con Ascensión Hernández.
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