“Mis propósitos: seguir escribiendo poesía”, planteó el poeta Jaime Sabines en su proyecto de postulación a la beca del Centro Mexicano de Escritores (CME), en un texto de una sola cuartilla, escrito de manera concisa y con su firma al calce. El poeta obtuvo la beca entre 1964 y 1965 y gracias a ella pudo dedicarse a la poesía en cuerpo y alma y entregar una colección de 26 poemas con el título provisional de “Osiris”.
Ese mecanuscrito de 38 páginas que al calce dice: “Escritos durante el año (ag. 64-ag.65) en que el autor fue Becario del Centro Mexicano de Escritores”, encuadernado en pasta dura, con correcciones de su puño y letra, y algunas anotaciones, forma parte del Expediente de Jaime Sabines del Centro Mexicano de Escritores, que resguarda el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México.
El libro “Osiris”, con los 26 poemas escritos como becario, nunca vio la luz con ese nombre. En realidad, al menos 20 de los poemas los integró a Yuria, su séptimo libro publicado en 1967, por Joaquín Mortíz, como él mismo lo señaló en 1971 al actualizar sus datos como exbecario del CME: “Fui becario en 1964-65. Escribí algunas partes de Yuria”, apunta.

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En esa actualización anota que para 1972 publicará Maltiempo, (con Mortíz) y señala que “ninguna obra en conjunto ha sido traducida. Hay sí, traducciones al inglés, al francés, y al alemán, de numerosos poemas sueltos”; y afirma: “Mi estado civil: casado, con cuatro hijos”.
En “Osiris”, Sabines incluyó también un fragmento del célebre poema sobre su padre: “Algo sobre la muerte del Mayor Sabines”, con el que abre la colección, y en la primera página, debajo del título lleva anotado de su puño y letra dos palabras entre un paréntesis: “(Parte Final)”. Ese fragmento, que inicia: “Mientras los niños crecen, tú, con todos los muertos,/ poco a poco te acabas…” sí abre la segunda y última parte de dicho poema.
Cuando el autor publicó esa obra, en 1973, agregó algunos poemas más como cierre. Ahora, a 100 años de su nacimiento (25 de marzo), y a 27 años de su muerte (19 de marzo de 1999), ese poema a su padre es, al igual que toda su obra, una referencia literaria.

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Su expediente en el Centro Mexicano de Escritores es uno de los más gruesos y concisos. Reúne un gran número de notas periodísticas que el CME iba registrando y catalogando. Sin embargo, en contenido de mecanuscritos, manuscritos, cartas, recados, fotos o anotaciones, es breve, pero con documentos valiosos.
Su proyecto de solicitud de beca apunta que tiene “treinta y ocho años”, que nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; que vive en Santa María La Ribera y que sus estudios son: “Dos años en la Facultad de Medicina de la Universidad de México, y tres años más, siguiendo cursos de Lengua y Literatura Españolas, en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma U.N.A.M”.
Pero abunda en citar las obras que ya tiene publicadas: “HORAL (poesía), Chiapas, 1950; LA SEÑAL (poesía), México, 1951; TARUMBA (poesía), Colección Metáfora, México, 1956; DIARIO SEMANARIO y Poemas en Prosa, Colección Ficción, Universidad de Veracruz, 1961; y RECUENTO DE POEMAS, Universidad de México, 1962.”

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Ahí se encuentra allí el “Contrato de trabajo que celebran el Centro Mexicano de Escritores y Jaime Sabines”, donde queda constancia que recibirá “el día quince de cada mes, y no antes, a partir de septiembre de 1964 y durante doce meses, la cantidad de $1,916.00 (UN MIL NOVECIENTOS DIEZ Y SEIS PESOS)”; y que “El becario recibirá dos mil pesos más al entregar la obra a la que se ha comprometido según este contrato”.
Allí se apunta que Sabines deberá entregar “UN LIBRO DE POEMAS, DURANTE EL PERIODO DE LA BECA (1964-1965) según proyecto que presentó en el XVI Concurso del CEM de 1964.”, que adquiere la obligación de asistir a las reuniones y colaborar en las actividades para las que se solicite su ayuda, y que “deberá mantener la calidad y cantidad de su producción”.
Hay un poema suelto de tres cuartillas, y tres cartas que intercambiaron Margaret Shedd, a cargo del Comité de Becas del Centro Mexicano de Escritores, y Armando Correia Pacheco, Jefe División de Filosofía y Letras de la Organización de Estados Americanos, que en una solicitud fechada el 25 de julio de 1965 le pide que le recomiende a un “crítico con buena formación académica y sin filiaciones políticas radicales, preferentemente joven” para hacer la antología Panorama de la actual literatura mexicana en 10 meses y con remuneración.

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Fue hasta el 19 de noviembre de 1965 que Shedd respondió la carta: “Me gustaría recomendarle a Jaime Sabines. Estoy segura de que conoce su poesía, pero mientras estuvo con nosotros como becario el año pasado, tuvimos la oportunidad de apreciar su capacidad crítica, discreta y sumamente bien fundamentada. No es un hombre con intereses políticos, excepto en el sentido común. Es una persona que cumple con sus obligaciones y estoy segura de que haría un trabajo de primera categoría”. La recomendación llegó tarde.
Otra de esas curiosidades que dejan ver los poemas escritos con la beca es el impacto que le causó Cuba y Fidel Castro, como lo evoca su poema “Cuba 65”, incluido en Yuria, donde destaca “¿Quién es Fidel?”. Esa época la recuerda muy bien su hija Judith Sabines Rodríguez, quien dice que Cuba fue de gran importancia para la familia de su padre que dejó el imperio turco-otomano (hoy Líbano) y se instaló en Cuba, salvo su abuelo, que viajó a México y fundó su estirpe en Chiapas. Su padre fue a Cuba cuando sus papás se exiliaron en Cuba siendo el poeta un bebé.
A la isla Sabines regresó en 1965 como parte del Jurado del Premio Casa de las Américas. Fue tras ese viaje que escribió “Cuba 65” y luego el poema a Fidel Castro.

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“Todo mundo le decía ‘no lo publiques’. Y yo: ‘papá, está padrísimo el poema de Fidel Castro’. Lo publicó y le fue como en feria. Lo atacaron por todos lados, pero es un poema bello”, relata Judith.
Sabines ya era un escritor consolidado cuando llegó al CME, pero esa beca durante un año le dio el tiempo para la escritura. Allí su voz se hizo fuerte e intensa y su figura reconocida. Mario Benedetti dijo que era “uno de los poetas fundamentales no sólo de México sino de Hispanoamérica y la lengua castellana” y Octavio Paz afirmó que era “uno de los mejores poetas contemporáneos de nuestra lengua. Muy pronto desde su primer libro, encontró su voz. Una voz inconfundible”. Y así vive a 100 años de su nacimiento.

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