Higinio Sobera de la Flor, el psicópata sexual y asesino en serie que aterró a México en 1952

Higinio Sobera de la Flor, un joven heredero de 24 años, cometió una serie de crímenes en mayo de 1952 que la policía fue hilando a través de una investigación que se veía obstruida por la enfermedad mental del criminal

Higinio Sobera de la Flor
Higinio Sobera de la Flor tenía como apodo "El Pelón". Foto: Hemeroteca El Universal
Cultura 24/10/2020 13:56 Frida Juárez México Actualizada 04:56

Todo inició con un simple altercado de tránsito. Sin embargo, los estímulos más pequeños podían desatar la furia irracional de Higinio Sobera de la Flor, un joven de 24 años que padecía esquizofrenia, adinerado y que padecía una obsesión por su físico.

El grito “¡Payaso!” durante un pleito en Avenida Insurgentes, activó los traumas de Sobera que lo llevaron a cometer el asesinato de un conductor y poco después al de una joven, quien después también fue violada, no sin antes detenerse para tomar una "Coca Cola y un Sidral pues tenía mucha sed", declaró.

El caso fue complicado para la policía, porque la actitud, desplantes y mentiras del criminal impedían llegar a la conclusión y confirmar los hechos. Incluso se cree que fue el autor de otros homicidios, pero no pudieron ser comprobados.

Así cubrió EL UNIVERSAL el caso de Higinio Sobera de la Flor.

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Foto: Hemeroteca El Universal

Armando Lepe asesinado en Insurgentes desde el auto 76115

12 de mayo de 1952

Le dispararon numerosos tiros

En forma artera y villana fué (sic.) asesinado ayer, a las 12 horas, en la Avenida, de los Insurgentes y Yucatán, el señor Armando Lepe, a manos de un individuo calvo y blanco, que tripulaba, el automóvil placas de circulación 76-115, y desde donde hizo fuego sobre aquél, que iba acompañado de la señora María Guadalupe Manzano López, de 26 años de edad, que resultó con un rozón en un dedo.

Un agente de tránsito, el número 273, Filemón Elizalde González, lejos de cumplir con su deber deteniendo al asesino, procuró ponerse a salvo sin ni siquiera preocuparse por anotar el número de las placas de circulación del auto en que escapó el villano asesino.

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Foto: Hemeroteca El Universal

Armando Lepe fué (sic.) en un tiempo agente del Servicio Secreto.

Inminente captura del matador del Sr. Lepe

13 de mayo de 1952

El asesino del señor Armando Lepe Ruiz, Higinio Sobera de la Flor, de 24 años de edad prepara su coartada, para el momento en que sea detenido o se presente a declarar ante las autoridades judiciales y policíacas. Esta coartada consiste, según se desprende de los datos obtenidos por EL UNIVERSAL, en declararse enfermo mental y, por lo tanto, inconsciente de sus actos.

Hasta ayer por la tarde no había sido aprehendido, por más que la policía le sigue sus pasos muy de cerca, y le será muy difícil escapar, suponiéndose ha encerrado en alguna casa para hablar con quien se encargará de defenderlo cuando se abra el proceso.

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Foto: Hemeroteca El Universal

Habla la madre

Higinio, de 24 años de edad, y sus hermanos vivían decorosa y holgadamente, pues su padre dejó una fortuna bastante estimable al morir.

Llora la anciana madre, que pide al cielo, entre lágrimas, que lo cuide y que haga que pronto recapacite y se presente ante la policía

—Es tan bueno mi hijo Higinio, que seguramente al volver en sí y darse cuenta de que mató a un hombre, tratará de suicidarse y llorando llegará a la policía a entregarse... 

Higinio es alto, rapado completamente, debido a que en días pasados quiso rasurarse las entradas del pelo sobre la frente, y como quedó “'tuzado’’, la propia madre lo obligó a ir a la peluquería acompañado por ella.

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—Cuando su padre murió, Higinio se encontraba estudiando contabilidad en una Universidad de Los Angeles, California. Seguramente la noticia le fué (sic.) dada en forma poco adecuada, pues el muchacho sufrió un ataque de nervios y a partir de esa fecha se convirtió en un neurasténico.

“Varios psiquiatras lo habían visto y todos ellos dijeron que no se trataba de un loco, sino simplemente de un hombre que tenía su sistema nervioso destrozado y necesitaba reposo”, dijo la madre.

El matador de Armando Lepe Ruiz fue capturado

14 de mayo de 1952

Es un rico y demente - Disparó porque quiso demostrar “que no es ningún payaso”

Al verse copado en el cuarto del hotel “Montejo”. que había alquilado antier por la noche, Higinio Sobera de la Flor decidió entregarse y desistir de su idea primitiva de hacer resistencia a la policía para evitar su aprehensión. Llevado a la Jefatura de Policía, confesó, plenamente haber matado al señor Armando Lepe Ruiz “porque supuso que éste lo quería matar y para demostrarle que no soy ningún payaso".

Todo hace suponer que Higinio Sobera de la Flor se encuentra entorno de los nervios y con principios de esquizofrenia. Serán, sin embargo, los médicos legistas que se encarguen de examinar al asesino.

Antecedentes

El encargado del Hotel “Isabel” nos dió una versión amplísima sobre la peligrosidad de dicho individuo.

Un día llegó sumamente irritado. Tuvo una dificultad con el encargado, señor Javier Urdanivia y trató de ahorcarlo. Afortunadamente nosotros intervenimos a tiempo y no fué (sic.) posible que consiguiera su propósito. Tenemos la seguridad de que está loco, porque sus actos son los de un demente. Imagínense ustedes que un día amarró a la lámpara de pie, en su cuarto, una reata, cambió al centro de la habitación el ropero, la cama la hizo a un lado y luego comenzó a jalar de la cuerda al mismo tiempo que decía: “así me gusta que mueras en mis manos, pérfida mujer...”, y luego reía a carcajadas. Esto lo escucharon muchas personas que, alarmadas, dieron la queja.

Se inyectaba medicinas

Higinio tenía por costumbre inyectarse sustancias químicas que él mismo se recetaba para dizque calmar sus nervios.

Era el doctor Rafael Bustamante León, de la Calle de Bolívar 60, el que con mayor frecuencia visitaba Higinio.

—Venía con relativa frecuencia a diversas horas a que lo inyectara para los nervios, pero él traía sus sustancias, en realidad se trataba de medicamentos para curar la gripe y otras afecciones ... no le hacían daño alguno y por eso lo complacía, inyectándolo. Yo creo que más responsable que él lo es su familia que le daba automóvil, pistola, y lo dejaba caminar libre en la calle, cuando en realidad tenía que estar encerrado en un manicomio... su obsesión es que las mujeres lo quieran mucho.

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Foto: Hemeroteca El Universal

Entrevista

— ¿Quiere hacernos una reseña exacta de lo ocurrido?

— Con todo gusto. Iba sobre la Avenida de los Insurgentes y al llegar a Álvaro Obregón se me murió la marcha del carro. Tuve que detenerme. Esto disgustó a un señor que iba en otro automóvil. Con su defensa le pegó a mi defensa, quedito, pero me disgustó y entonces nos injuriamos. Avancé lento, no lo dejé pasar. Cuando nos tocó un “alto”, me volvió a injuriar y yo le contesté con mi pistola apuntándole. La señora que iba junto a él gritó “¡Payaso!”... Le disparé y lo maté… Eso es todo.

— ¿Y luego qué hizo? 

— Me eché a correr. Me detuve para tomar una “Coca-cola'' y un “Sidral”, pues tenía mucha sed... De ahí me fui a Chapultepec a pasear como diariamente lo hago y luego a mi casa.

—¿Platicó a alguien lo ocurrido?

—Cómo no, a mi madre y a mi hermana... Les dije que había tenido un incidente con un individuo al que había matado. (...) Ustedes saben que en México hay muchos pleitos diariamente y hay que andar muy “abusados”.' porque si no, lo matan a uno primero.

A pesar de la desaparición de las prendas de Hortensia López, su asesino sin duda no es un ladrón, sino un sádico monstruoso

15 de mayo de 1952

El cadáver, violado, presenta 6 impactos

Según versión del chofer del automóvil, Estéban Hernández, el cual abordó Hortensia López, el autor del crimen fué (sic.) un sujeto quien le dió (sic.) varios tiros en diversas partes del cuerpo a la muchacha y posteriormente lo amenazó a él con matarlo si no guiaba a cierta velocidad su vehículo. Al llegar a la entrada del Bosque de Chapultepec, el criminal lo obligó a descender del auto y más tarde emprendió la fuga en el mismo carro.

El chofer a duras penas pudo manifestar que se trataba de un hombre joven el cual se cubría la cabeza con una boina ya que al parecer se encontraba rapado.

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Foto: Hemeroteca El Universal​​​​​​​

Es puesto frente a un homicida

Higinio Sobera de la Flor fué (sic.) presentado al chofer Hernández y le preguntaron si el sujeto que había matado y ultrajado a Hortensia tenía algún parecido con ese hombre, a lo cual expresó Hernández que sí, principalmente porque llevaba una boina muy semejante a la del criminal y porque se encontraba rapado.

El asesino de Lepe y de Hortensia López se derrumbó moralmente al llegar a la penitenciaría, donde los mismos presos lo repudiaron

16 de mayo de 1952

Declaró que está enfermo

Nota de Eduardo Téllez Vargas

Densamente pálido, deprimido, mirando hacia uno y otro sitio u tratando de ocultar su rostro a las miradas de un centenar de personas que le lanzaban los peores anatemas, entró a la Penitenciaría ayer a las 15:45 horas el repugnante asesino Higinio Sobera de la Flor. 

En el trayecto de los separos de la Jefatura de la Policía a la Penitenciaría, varias personas que se dieron cuenta de que en el automóvil policiaco iba el asesino, lo injuriaron y una señorita le arrojó a la cara un escupitajo. Higinio rió idiotamente.

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Foto: Hemeroteca El Universal

No se encuentra arrepentido por lo que hizo y espera que se le mande cuanto antes a un sanatorio pues “necesito mucha atención”, afirimando también que “no habré de suicidarme ni trataré de morir en ninguna forma pues le tengo miedo a la muerte... como todos...”

Sobera padece neurosis aguda y esquizofrenia larvada

De acuerdo con el estudio clínico que se le había hecho con anterioridad, el asesino Higinio Sobera de la Flor es un enfermo psicópata sexual que padece neurosis aguda y esquizofrenia larvada, según nos dijo el doctor Alfonso León de Garay, psiquiatra que durante algunos meses lo atendió.

De haber sido internado a tiempo, Higinio si no hubiera sanado totalmente, sí se le hubiera hecho mejorar notablemente y su mal no lo hubiera llevado, como ha ocurrido, a cometer crímenes tan tremendos como el del señor Armando Lepe Ruiz y el de la señorita Hortensia López Gómez.

Desgraciadamente, ni los parientes de Higinio, ni su tutor y albacea de sus millones, licenciado Rodolfo Brito Foucher, quisieron internarlo, a pesar de saber a ciencia cierta la peligrosidad del individuo y su estado de salud mental.

Yoísta

Es Yoísta, nos dice el médico, es decir que le molestaba profundamente que le vieran las orejas que tenía hacia el frente y la nariz, demasiado larga. De ahí que cuando alguien se colocaba cerca de él, a sus lados, rápidamente se volvía para evitar que le miraran la nariz, pero al volverse de frente recordaba las orejas y entonces su preocupación era total. De ahí que tan luego como pudo se realizó operaciones faciales. 

— Tiene una preocupación por su físico tremenda.

El psicópata, como lo es Higinio, no puede orientar su conducta física hacia los valores morales porque no los entiende. Entonces se apodera de él el instinto físico que es lo único que le preocupaba y preponderaba en lo sexual. Por eso ha cometido los peores excesos.

Desde niño, sus compañeros en la escuela le llamaban “payaso” y en su cerebro se fué (sic.) creando un complejo. Por eso, seguramente, al escuchar que el señor Lepe Ruiz lo llamaba “payaso”, sacó la pistola y la disparó. 

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Foto: Hemeroteca El Universal​​​​​​​

Vacila un cerebro normal ante el relato del diabólico sujeto

Concurrieron en el crimen circunstancias que la imaginación no puede alcanzar. Con carcajadas rubrica Sobera de la Flor los puntos culminantes de su narración dantesca. Se investiga si ha cometido otros crímenes

Por lo menos otra persona, aparte de la señorita Hortensia López Gómez y el señor Armando Lepe Ruiz, ha sido asesinada por Higinio Sobera de la Flor, el repugnante degenerado que ya se encuentra en la Penitenciaría, esperando —como dice él mismo— que sus millones lo rescaten de la cárcel.

La investigación no ha terminado todavía, pues se sigue trabajando para saber si no hay otros crímenes más perpetrados por Higinio, quien seguramente es el autor de la muerte del joven Arnoldo Galván Santoya, ocurrida el pasado día 9 en los Viveros de Coyoacán.

Sobera de la Flor, ha seguido creyéndose el personaje de una novela y ayer, cuando lo entrevistamos dijo cínicamente y tras de lanzar una carcajada: “Yo soy otro Landrú, pero más refinado, con más inteligencia”.

—¿Qué sabes tú de Landrú?

—Que mataba a las mujeres, pero yo soy más refinado porque lo mismo mato hombres que mujeres.

Luego nos pregunta si somos periodistas y al contestarle afirmativamente, se muestra disgustadísimo. No se le ha hecho justicia.

—Hoy he leído que me llaman cínico, por las fotografías que me sacan sonriéndome y francamente no estoy de acuerdo. Aquí es un relajo tremendo. Si me río porque me hacen reír ustedes, entonces ahí está la fotografía para publicarla. Vamos a estar serios por unos minutos y entonces que saquen las fotografías... pero francamente son ustedes unos vaciladores...

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Silvestre Fernández, como Jefe del Servicio Secreto de la Jefatura de Policía, no quiere relatarnos la historia del crimen de Hortensia, desea que la oigamos a viva voz, por eso nos invita a la celda donde Higinio está acostado.

—Cuéntale aquí al señor, cómo estuvo la muerte de esa señorita —ordena don Silvestre a Higinio que riendo pregunta cuántas veces va  a tener que repetirla.

—Bueno, sólo porque usted que es cuatito lo pide, voy a relatarla otra vez.

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Foto: Hemeroteca El Universal

“A eso de las 10 horas aproximadamente, salí del hotel Monte,donde me asfixiaba, pues estaba muy nervioso. Comencé a caminar por el Paseo de la Reforma y de pronto vi a una muchacha muy linda... me gustó mucho... ¡Qué chula era!... Trataba ella de abordar un carro de los que corren por Poniente a Oriente…”

Antes de seguir, Higinio encía de un cerillo que lleva a la boca de su pipa, con la que comienza echar bocanadas de humo espeso de un tabaco Inglés de agradable olor.

—Me tiró a "lucas”, no me hizo caso, seguramente porque no le gusté y eso me dió (sic.) mucho coraje, por eso cuando paró al automóvil y se subió a él, yo me subí por la fuerza... protestó pero yo quise simular que la conocía desde antes y le proponía hasta darle mil pesos a cambio de que se fuera conmigo pasear y a tomar unas copas… ella se enojó mucho y me dió (sic.) una cachetada, entonces saqué la pistola y la maté… después le quité al chofer el carro, si no lo mataba también porque a mí nadie me desobedece… yo soy el amo. Entonces me la llevé a la Posada “Palo Alto”, sobre la carretera de Toluca. La saqué del carro cargando porque ya estaba bien muerta. La metí al cuarto…

Hace el relato, efectivamente, descarnado, lleno de lujo de detalles que revelan la bajeza del asesino y sus instintos más bestiales.

Otro crimen

El Jefe del Servicio Secreto ha seguido realizando averiguaciones relacionadas con otros crímenes.

Higinio Sobera de la Flor trata de eludir las respuestas simulando que está demente, habla entre dientes o con palabras incoherentes.

—¿Tú anduviste en días pasados por Coyoacán y ahí disparaste tu pistola?”, le pregunta el Jefe de Grupo Alfonso García Limón.

—Cuatro veces la disparé, pero no maté a nadie…

—¿Quién te ha preguntado si mataste a alguien?

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Foto: Hemeroteca El Universal

—Bueno, yo creía, porque como aquí me han estado diciendo que he matado a muchos y que si el crimen de Chapultepec. que si de una mujer y quién sabe cuántos más, por eso adelanto.

Se le reprende para que se comporte decentemente y entonces cambia su actitud.

—Vamos a hablar de la muerte de este muchacho de Coyoacán.

—Bueno, sí lo maté... se rió de mí y le disparé cuatro veces,.. pero yo no sé qué pasó después.

Esta muerte que se supone fué cometida por Sobera de la Flor, fué (sic.) perpetrada el día 9 del corriente mes en la esquina de las calles de Madrid y Avenida Coyoacán, cerca de los Viveros, donde cayó abatido de cuatro tiros Arnoldo Galván Santoyo de 18 años de edad. 

Fue decretada la formal prisión a Higinio Sobera de la Flor

Higinio Sobera de la Flor, el hombre que se ha concitado el odio de todo México, fué (sic) declarado ayer, a las 14 hrs, formalmente preso. Ni una palabra dijo: no apeló de la resolución. Y solamente, cuando recibió la boleta respectiva, preguntó con la mayor naturalidad: “¿y ahora a dónde debo pasar?”...

Poco antes, durante el careo con el chofer Esteban Hernández Quezada, a bordo de cuyo automóvil perpetró el asesinato de la señorita Hortensia López Gómez, el monstruo se puso a “flirtear” con una muchacha de las innumerables que acudieron al juzgado movidas por la curiosidad. Para él había desaparecido el aparato de la justicia y no quedaba sino la silueta de una nueva mujer para una nueva aventura…

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El agente del Ministerio Público, licenciado Alfonso Narváez Angulo, nos dijo con énfasis enérgico:

“Mientras yo tenga a mi cargo los intereses de la sociedad, ese hombre no sale de la prisión”...

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Foto: Hemeroteca El Universal

La formal prisión fué (sic.) por los homicidios de Lepe Ruiz y de la señorita López Gómez; por las lesiones a Guadalupe Manzano López; por el robo de automóvil de Esteban Hernández Quezada; por la profanación del cadáver de la joven y por portación ilegal de armas de fuego.

Hace tiempo debía estar preso el criminal

Desde enero de 1950 existe orden de aprehensión en contra del bestial homicida Higinio Sobera de la Flor, sin que hasta la fecha el criminal hubiera sido presentado ante el juzgado por los agentes de Policía Judicial, encargados de detenerlo “porque jamás pudieron localizarlo”, según rezan los partes oficiales.

El caso corresponde a las lesiones sufridas por una señora, cuyo nombre nos callamos por razones obvias, que estuvo a punto de ser víctima de un atentado del degenerado. Al ofrecer resistencia, Sobera de la Flor montó en ira, y chocó su automóvil, resultando su acompañamiento con lesiones que pusieron su vida en peligro.

fjb

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