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Luis Manuel Otero Alcántara (La Habana, 1987), conocido por sus performances callejeros y gestos activistas en Cuba, aterrizó en Miami el 20 de julio vistiendo ropa deportiva, un gorro tejido, botas cargo, un vistoso reloj y una Virgen de la Caridad rota en brazos. El artista apenas había puesto un pie en la tierra del exilio, cuando en las redes sociales aparecieron en cascada comentarios cuestionando sus cinco años en la prisión de máxima seguridad de Guanajay, Cuba. Un mercenario al servicio de intereses extranjeros para el régimen cubano que lo encarceló en 2021 por ser una de las caras más visibles de las protestas masivas en la isla; comunista y aliado del régimen para el otro bando que no dudó en desdeñar sus años de encierro al no identificar en aquel hombre alto, robusto, de mirada radiante, a la "víctima perfecta" anhelada. Que si le lavó la cara al régimen al pasar sus últimos días en una casa de la Seguridad del Estado en la playa, compartiendo tiempo con su familia en la alberca y bebiendo cerveza; que si su estado físico era saludable como para haber estado preso; que de dónde había sacado aquel reloj valuado en unos 40 mil dólares, según sus cálculos.
"Yo soy un artista polémico que me gusta aprender del caos... Viniendo desde ahí, todo eso no es nada que me haya sorprendido, mucho menos que me haya hecho un daño", expresa el artista en videollamada desde Miami una mañana de principios de septiembre ya con todo ese ruido viral más digerido.
Para este artista autodidacta, criado en el popular barrio negro de El Cerro, en La Habana, que protagonizó varias huelgas de hambre y pasó cinco años en prisión por ser uno de los iniciadores del Movimiento San Isidro (grupo de poetas y artistas que desde 2018 organizaban eventos culturales independientes y pedían la libertad de expresión y artística en Cuba), el arte es un lugar de resistencia y resiliencia, por lo que, desde su llegada al exilio, ha estado más activo que nunca. Uno de sus primeros gestos performáticos fue restaurar la virgen rota que traía en brazos en el aeropuerto.
En esta entrevista, el artista que en 2021 compartió portada de la revista Times con Britney Spears y Bad Bunny como una de las 100 personalidades más influyentes, habla de sus proyectos —por ahora concentrados en Estados Unidos en lo que se arregla su estatus legal y que incluye su presencia en Art Basel Miami en diciembre —, de las polémicas que han rodeado su exilio y del futuro de Cuba.
Has estado trabajando casi desde el día uno en Miami, ¿estás preparando exposiciones?
Desde que estaba en la prisión entendí que habían sido cinco años de una especie de ralentización de mi tiempo y mi trabajo, a pesar de que sí trabajé en pintura y en intervenciones públicas. También planificaba el hecho de salir, llegar aquí a Miami ya con todo un cuerpo de trabajo de pinturas y demás. Desde el primer momento la acción de traer la virgen, que me llegó rota, y ahí rearmarla como un gesto simbólico y político de intentar rearmar el alma de la nación cubana.
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Después, por suerte, aparecieron varios proyectos, como el del Freedom Tower, donde pude realizar una loma de banderas y se exponen algunas pinturas y dibujos de prisión. Estoy preparando para este fin de semana un performance donde voy a mantener una llama de cuatro horas con fósforos. Ahora mismo también una de las cosas importantesísimas que estoy haciendo es un archivo con la obra que traje de prisión, para generar un nicho cultural donde se dialogue sobre temas del encierro, de las ansiedades, de toda las energías y sentimientos que surgen en la prisión.
Desde tu llegada a Miami has recibido una lluvia de críticas. En un contexto tan polarizado, ¿has tenido tiempo de dimensionar a qué país llegas, a qué mundo te enfrentas fuera de Cuba? ¿Cómo has tomado esas críticas?
Sabía que iba a existir algo como eso. Lo más interesante es que, llegando al aeropuerto, sin haber dicho una palabra todavía, ya había personajes cuestionando mi estado físico, que si el reloj, que si me pelee así, que si me puse asa. Al momento entendí todo lo que estaba pasando. Antes de estar en prisión, ya había salido de Cuba bastante, había ido a eventos, a exposiciones. Yo soy un artista polémico que le gusta aprender del caos. Me gusta aprender de la polémica, me gusta aprender de poner en crisis la situación y ponerme en crisis a mí mismo. Viniendo desde ahí, todo eso no es nada que me haya sorprendido, mucho menos que me haya hecho daño. En Miami hay un fragmento muy específico de influencers y de gente que trabajan en las redes sociales que tienen todo un algoritmo entre ellos para cuando viene una persona, un artista, un individuo que viene a poner en crisis su propia realidad o sus propias zonas de confort.
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De momento, mi prioridad número uno es seguir trabajando por las libertades de Cuba, por las libertades de los individuos dentro y fuera de Cuba, en el mundo. Entonces, un individuo como yo con esas características de poder moverizar cosas a través del arte, de la palabra, del gesto, del performance, de la pintura, pone en crisis cualquier realidad y pone a pensar a cualquiera que esté en una zona de confort.
Lo que se ha dicho a partir de esas críticas es que, quizá, lo que más molestó fue que no encajaste en el esquema de "víctima perfecta", ¿qué piensas de esto?
Eso viene de un discurso rígido y no humano porque alguien medianamente inteligente se da cuenta que las dictaduras tratan a los individuos de manera diferente. Si eres un portador de contenido y te guías por un estereotipo que se construye a partir de la vivencia de un grupo y no acepta otra realidad, otras formas de violencia, lo peor no es cómo atacas, sino cómo desacreditas a la persona, al individuo, al activista, y así echan por tierra el hecho de que estuviste cinco años en prisión. Se normaliza la prisión: '¿Estuviste cinco años en prisión? Si no te sacaron un ojo, un diente, estuviste normal'. Espérate un momento. El simple hecho de estar encerrado, aunque sea la mejor prisión del mundo, en Suecia o Noruega, sigue siendo un castigo y sigue siendo un sitio horrible. Dicen: 'Fulano estuvo 6 meses nada más en prisión'. ¿Tú sabes lo que son seis meses dentro de una reja, donde ves a tu novia o a tu hijo una vez al mes por dos horas? Tu cuerpo reacciona al punto de que por tu cabeza pasa el suicidio al menos tres veces por semana y tienes que resistir a eso. Tienes que lidiar con ansiedades, miedos, odio, con un montón de cosas que pasan por tu cuerpo.
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A estas personas que caen en esa banalidad de querer comparar un preso con otro, de que si este está flaco y este está gordo, o de que a ti te dieron unas prebendas y a otros no, tú le dices: 'Brother, estuve cinco años en prisión, ni un día más ni uno menos. ¿De qué tú estás hablando?' ¿Por qué se fueron de Cuba la mitad de esas mismas personas? Por el miedo a la prisión. Yo sé lo que pasó, yo sé dónde estuve. Esos derechos que se toman esos influencers, algunos, no todos, es de lo más triste porque la gente en Cuba no está mirando el noticiero en la televisión cubana. Cargan los teléfonos y ese está siendo su medio informativo más importante. Es lo que está mirando la gente y esa confusión es una locura.
En los primeros dibujos que has mostrado al salir de prisión te enfocas en el cuerpo y el encierro. ¿Por qué te interesaba representar esa corporalidad cotidiana en la prisión? ¿De qué medios lograste echar mano estando allí para seguir produciendo?
Pinté muchísimo. De hecho, lo único que hice dentro de la prisión fue pintura, más algunos gestos artísticos e intervenciones públicas, hablaba con amigos y generábamos esa colaboración yo dentro y ellos afuera. Hubo momentos donde tenía materiales que me quedaban, de mi reserva, porque sabía inclusive que podía ir preso en cualquier momento. Tenía un staff de materiales que me duraron los primeros meses, después mis amigos y mi familia empezaron a traerme materiales de afuera. La seguridad del Estado lo permitió. ¿Por qué? Ellos han hecho muchos test psicológicos conmigo y saben lo importante que es para mí el arte, saben que sin arte no puedo vivir, sin arte me muero. Ellos permitieron eso para tener tranquilo al artista, al individuo que si no pinta se planta, va a hacer problemas, va a generar un caos que no les interesa. Es que yo soy muy reactivo. En mayo, junio de 2021, ellos entraron a mi casa, rompieron unas obras y yo hice una huelga de hambre trancado, encerrado en mi casa, y sólo eran cinco obras. A lo mejor los influencers y demás no, pero la seguridad del Estado sí sabe que para mí el arte lo es todo. También querían salir de mí, querían llevarme al exilio, que yo saliera de una manera u otra.
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Sobre la corporeidad, mi obra estos cinco años tiene varias etapas. Hay una evolución desde el primer momento en la prisión y hasta el último día que me fui de ahí. Nunca dejé de pintar. Eso se va a ver en este archivo que estoy organizando. Y toda mi reflexión es sobre la relación con el individuo. Cuando estás en la prisión, el preso, el guardia, el ser humano que está al lado tuyo es el que te salva, el que te ayuda, el que te violenta. Están las paredes, pero la prisión es el individuo, la violencia que se genera entre individuos, la violencia institucional que genera el guardia, la institución militar. Hay otras obras que son más personales, desde mi propio sufrimiento, pero mucho ahora es mi relación con el otro, con mucha gente que vi durante esos cinco años, algunos frustrados, deprimidos, gente que se suicidó.
Sueles usar tu propio cuerpo como medio artístico y político, ¿qué ocurre cuando ese cuerpo deja de estar bajo control propio y pasa a estar bajo control de una institución en una cárcel?
Antes de entrar a la prisión, descubrí el gesto arte involuntario, que es cuando la acción artística o la acción cultural desaparece dentro del tejido social. Cuando un público cualquiera, alguien que camina por las calles teniendo una cultura académica básica, pasa delante de un suceso, una acción, un objeto, sin concebir que está viendo una obra de arte y esa acción es capaz de incidir dentro de su vida.
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Hice una obra: Me fui caminando de La Habana a Santiago de Cuba con una Virgen de la Caridad del Cobre de dos metros. Las personas que la veían, no estaban viendo una obra, estaban viendo a un peregrino en plan de sacrificio. Hubo un montón de sucesos estéticos, ideológicos al interactuar directamente con el individuo que iba por la calle, los que sembraban la tierra. Una vez, apenas saliendo de La Habana, yendo hacia Matanzas, un hombre de 50 y pico de años me paró en la noche, le echó dinero a la Virgen y me invitó a su casa a comer. Me preguntó por qué estaba haciendo eso, le dije que la Virgen me había venido en un sueño y me había pedido hacer eso por la gente. Él me dijo: '¿sabes una cosa?, iba a suicidarme'. Me enseñó la carta que le había dejado a la esposa y dijo: 'La virgen te puso delante de mí y me salvó la vida. Me diste tremenda fuerza'. Ahí descubrí ese fragmento de la realidad donde todo lo que pasa alrededor de uno influye en uno y en los otros.
Me di cuenta que la prisión generaba un campo estético, un campo ideológico dentro de un colectivo cultural y social. Y eso lo recogía como un gesto arte involuntario, donde un poder determinado incidía en mi cuerpo político, en mi cuerpo estético, en mi cuerpo artístico y la relación del poder hacia mí, aún cuando yo no lo quisiera, generaba reacciones en una comunidad. Hay una obra que hice en prisión que se llama Retrato al carbón del gato de Schrödinger, donde la gente podía "comprar" mi día en prisión, podía ser un día, una semana, un mes, los cinco años, y lo que recibía el que compra es un fragmento del almanaque para apoderarse de ese día mío en prisión. Me interesaba adueñarme del tiempo mío en la prisión. El poder siempre trata de adueñarse de tu materialidad, de tu corporalidad, también de tu tiempo, más en Cuba, donde el tiempo es un valor del que el régimen se apodera. Te lleva a las marchas, supuestamente como voluntario, te saca de Cuba, te lleva a supuestas misiones solidarias. Es mentira, estaba cobrando dinero. Juega con tu tiempo y te paga por eso lo que él decide. En Cuba el tiempo se dilata y se encoge. Yo quería que el tiempo en la prisión fuera mío.
Tu trabajo artístico ha consistido en activar contenidos en Cuba, ¿cómo hacerlo ahora desde fuera?
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Una de las razones por las que admití el exilio es buscar nuevas herramientas para incidir dentro de Cuba. El régimen cubano ya no me iba a permitir estar en las calles porque mi trabajo, mi imagen había generado ya un nivel gigante de conectividad entre la gente, al punto que me habían denominado como una especie de líder sobre la gente. Antes de estar preso los cinco años, tuve más de 90 detenciones en menos de tres años, eran detenciones de 24, 48, 72 horas, dormía en los calabozos. Gasté mucha energía que ahora mismo puedo gastar en creatividad, aún desde la supuesta distancia porque hoy la gente en Cuba, a partir de los teléfonos, ven mucho más a los influencers que están fuera que la televisión que transmite el régimen. Hay herramientas suficientes para entrar en el tejido social cubano y seguir moviendo esa dinámica social y cívica. Por ejemplo, vamos a lanzar un concurso de literatura donde los que participen van a pensar en un cuento sobre la caída de la dictadura.

¿Cómo te imaginas tú a Cuba libre?
Yo no creo en la Cuba libre. Yo creo en una Cuba con libertades. Libertades sexuales, raciales, políticas, económicas. Yo no creo en la ruptura radical, donde los dictadores que están en el poder van a ceder, van a irse y la gente o una especie de estructura democrática va a empoderarse y a empezar a articularse hacia una democracia participativa, pero yo sí creo que habrá que seguir trabajando por las libertades durante mucho tiempo.
Me imagino una Cuba feliz, próspera, una Cuba con instituciones democráticas robustas, que se empiecen a construir sobre la base del poder de la gente. Es un país que tiene un pueblo analfabeta a nivel cívico, de entender lo que es la democracia, la política y hay que enseñarles, con ayuda de actores internacionales, a tener el control y, sobre todo, a construir instituciones para distribuir el poder. Ahora mismo Cuba está presta para que venga otro individuo y le resuelva el problema los primeros cinco años con pollo, comida, que ponga electricidad y vuelva luego a instaurarse una especie de dictadura.
¿Hay todavía gente del Movimiento San Isidro haciendo arte en Cuba? ¿Cuál es la situación de la creación artística en este momento?
Es muy difícil porque a raíz de la manifestación en el Ministerio de Cultura (en 2020), el régimen se volvió intransigente con toda manifestación artística que tuviera alguna gota de cuestionamiento. Casi todos los artistas de mi generación están en Miami, en España... Allá hay artistas, hay gente que está saliendo, pero no se le está permitiendo hacer un tipo de obra que cuestione. Si un artista, por muy light que sea, convive en una realidad donde hay un nivel de miseria extrema, donde hay un genocidio y no representa eso, ¿de qué está hablando? ¿Vas a hablar de Israel y Palestina teniendo también un problema dentro de tu casa? Yo creo que se habla de los problemas y abusos que hay en el mundo, pero debo latir primero por mi gente... En Cuba ahora mismo hay más de mil presos políticos, hay racismo, golpean a la comunidad LGTB, hay una dictadura.
¿Cómo veías a Cuba antes de ser encarcelado y cómo la hallaste a tu salida? ¿Cómo ha evolucionado la situación?
Cuba ha ido en detrimento de la economía, de los valores éticos, estéticos, todo. Ahora mismo estamos hablando de que en Cuba hay un genocidio. Cada vez que hablo con algún amigo en Cuba tienen enfermedades estomacales o unas enfermedades raras que dicen que son catarros. Son enfermedades bacterianas. El agua que están tomando no tiene ningún tipo de salubridad. Están abriendo pozos en el suelo y nadie sabe de dónde sale esa agua, está contaminada, pero no hay otra agua que tomar.
Hace siete años las condiciones estaban puestas para un 11 de julio y sucedió. Ahora, desde que estaba en prisión al menos una vez cada 15 días hay una protesta cívica en Cuba. La gente protestando, dándole candela a las cosas, con cazuelas, gritando. Hay una dictadura que prefiere pasarle por encima a un pueblo a ceder el poder... El día de mañana, si hay un estallido social, ellos van a usar los tanques de guerra para matar gente y mantenerse en el poder.
***
Durante la conversación, Luis Manuel Otero Alcántara señala y mueve la mano izquierda, mira y toca frecuentemente el supuesto reloj de lujo que, en realidad, es una copia de 30 dólares que un amigo le regaló.
-Leí que ibas a subastar el reloj, ¿cómo va eso?
-No, eso fue un chiste que puede convertirse en un gesto real. Me invita una amiga a un proyecto en Europa y posiblemente lo mande como una obra de arte para resumir todo lo que generó. Después, ahora que me lo preguntas, a lo mejor me atreva y me meta en ese mismo chiste. Que al final no es un chiste, el arte puede ser lo que quiera ser...
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