Confabulario

Karl Marx, la Copa del Mundo y la bolsa de valores

Con una regulación estatal rebasada por las plataformas digitales, se estima que este Mundial moverá alrededor de 50 mil millones de dólares en apuestas

Se estima que al terminar este Mundial, se habrán apostado unos 50 mil millones de dólares globalmente.
12/07/2026 |00:59
Raúl Rojas
autor de OpiniónVer perfil

Karl Marx murió en marzo de 1883, apenas unos años antes de que el futbol se convirtiera en el nuevo opio del pueblo y mucho más tarde en una bolsa de valores con botines. Para entonces, sin embargo, ya existía en Inglaterra la Football Association, fundada en 1863, antecedente de todas las organizaciones modernas del futbol. Así que Marx no alcanzó a ver el Mundial, ni el VAR, ni las apuestas en línea, pero sí vivió en un mundo donde el futbol ya había empezado a dejar de ser simple juego de escolares para convertirse en institución.





No parece que Marx haya sido aficionado al futbol. Difícil imaginarlo interrumpiendo la redacción de El Capital para preguntar cómo iba el marcador. Pero la palabra no le era ajena. Ya en 1859, en un artículo político, había escrito que el primer ministro británico Lord Derby se había convertido en “el futbol de Francia y Rusia”. Es decir: aquellas potencias lo pateaban de un lado a otro con admirable espíritu deportivo.

Si Marx hubiera sido un fanático del futbol, habría tenido que esperar todavía algunos años para ver aparecer los primeros clubes con una auténtica raíz obrera, como el Arsenal, fundado en 1886 por trabajadores de la fábrica de armamentos de Woolwich, en Londres. Marx ya no alcanzó a verlo. Se perdió, pues, la oportunidad de que el autor de El Manifiesto Comunista escribiera unas líneas sobre la contradicción dialéctica entre el delantero, el balón y la portería rival.

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Aunque Marx no seguía el futbol, sí seguía de cerca los vaivenes de la bolsa de valores y sus crisis recurrentes. Cuando llegó a Londres en 1849, el Stock Exchange llevaba ya casi medio siglo funcionando como una institución regulada para la compraventa de acciones. Sobre su funcionamiento escribió una frase memorable: “los peces pequeños son devorados por los tiburones y las ovejas por los lobos de la bolsa”. Friedrich Engels fue aún más contundente en 1881, cuando afirmó que “nuestra sociedad capitalista no puede prescindir de una inmensa casa de juego, donde millones y millones se pierden y se ganan, como su verdadero centro”.

Pues bien, ni Marx ni Engels imaginaron que la fiebre de compra, venta y reventa de acciones pudiera extenderse algún día al futbol mundial. Hoy los aficionados pueden comprar y vender posiciones sobre Francia, España o Argentina en tiempo real, cómodamente sentados en el sillón de la sala, dentro de los mercados de apuestas en línea. La Copa del Mundo es precisamente uno de los eventos en los que esos mercados se vuelven más activos. El viejo estadio, con sus gritos, banderas y sufrimientos patrióticos, se ha convertido también en un cajero automático sobre el césped.

El funcionamiento básico es sencillo. Al inicio de un partido, por ejemplo, puedo comprar una acción de Argentina que paga un dólar si Argentina gana, pero nada si Argentina pierde. En el momento del silbatazo inicial, una acción de Argentina costaba 73.5 centavos, una de Egipto 7.5 centavos y una del empate (antes de llegar a los penales) 19.5 centavos. Es decir, quien compró una acción de Argentina al principio del partido ganó 26.5 centavos por acción al final. Nada mal por sentarse frente a la televisión para sufrir 90 minutos.

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El mercado más conocido es Polymarket, aunque existen muchos otros diseñados con estructuras similares. El mercado de apuestas en Estados Unidos explotó a partir de 2018, cuando la Suprema Corte permitió que los estados regularan por su cuenta las apuestas deportivas. Polymarket creció dentro del ecosistema de las criptomonedas y, después de varias peripecias legales (y fraudes), apareció también una versión estadounidense regulada, Polymarket USA, en la que los estadounidenses pueden apostar con dólares a su gusto y, llegado el caso, ser despelucados por los lobos de la bolsa.

La gráfica que vemos abajo muestra los movimientos del mercado de Polymarket durante el partido Argentina contra Egipto. Los apostadores pueden comprar y vender acciones durante todo el encuentro, de modo que los valores de cada equipo fluctúan según la información, los nervios y las expectativas de los participantes. El aficionado moderno ya no se conforma con gritarle al árbitro desde su poltrona: ahora mira el partido de reojo mientras compra, vende y revende continuamente, como si la angustia nacional necesitara además cotizarse en tiempo real.

Cortesía: Raúl Rojas

La gráfica se explica casi por sí sola. El precio de una acción de Argentina fluctúa desde 73.5 centavos al principio hasta caer a 4.5 centavos cuando Egipto anota el 2:0. Con el 2:1, Argentina se recupera a 9.7 centavos por acción. Con el 2:2, la apuesta más probable pasa a ser el empate, antes de los penales. Y con el 3:2, el mercado se estabiliza cerca de 100% a favor de Argentina. El volumen negociado fue de 68 millones de dólares, aunque no siempre queda claro cómo se contabiliza ese número en este tipo de plataformas. En todo caso, la cifra suena lo bastante grande como para imponer respeto y lo bastante opaca como para despertar sospechas.

Como en cualquier casino, el dinero no aparece de la nada: pasa de unas manos a otras. Como es usual, de los pequeños peces a los tiburones y de las ovejas a los lobos de la bolsa. La casa, en este caso Polymarket, se queda con una tajada de las transacciones. La interfaz está diseñada para inducir a los usuarios a seguir apostando durante todo el partido, porque mientras más compran y venden, mayores son las ganancias de la casa. El ideal del negocio es impecable: que el usuario confunda participación con conocimiento, adrenalina con análisis y compulsión con estrategia.

Esa es una de las nuevas facetas oscuras del futbol. A la ultracomercialización de la Copa del Mundo, y de todo lo que toca la FIFA, se suma ahora la irrupción cada vez más dramática de los mercados de apuestas, que ya son un gran negocio en todos los continentes. Las cifras más recientes indican que en Europa se apuestan alrededor de 24 mil millones de dólares anuales en futbol; en Asia, unos 21.2 mil millones. Y aunque Estados Unidos llegó más tarde que Europa al mundo de las apuestas deportivas en línea, se estima que cerca de 65% de los adultos estadounidenses tiene ya acceso legal a esos mercados. En muchos casos basta instalar una aplicación en el teléfono móvil.

Se ha proyectado que, al terminar este Mundial, se habrán apostado unos 50 mil millones de dólares globalmente solo en este evento. La cifra es extraordinaria, aunque no debería sorprendernos. La Copa del Mundo reúne exactamente los ingredientes que necesita la especulación: incertidumbre, pasión, masas conectadas, patriotismo, ansiedad y una pantalla que traduce todo eso en porcentajes. El gol ya no es solamente un gol; es también una corrección súbita de las cuotas.

Ya decían Marx y Engels del capitalismo: “todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado”. Y no es que uno quiera ponerse sentimental, pero con la irrupción de las apuestas incluso el futbol, que antes era pasión, barrio, nación, camiseta y rito colectivo, se convierte en una secuencia líquida de microprecios: gol o no gol, córner, tarjeta, xG, probabilidad de remontada, tiros a puerta. El hincha no sólo espera que gane su equipo; espera también que su posición financiera sobreviva al siguiente contragolpe.

Los gobiernos han sabido desde hace siglos que no pueden evitar del todo las loterías y las apuestas; por eso han preferido regularlas, gravarlas o incluso monopolizarlas como actividad estatal. Es también el caso de México, donde la Lotería Nacional se creó con fines de “beneficencia pública”, aunque la corrupción sempiterna haya logrado que en 2019 se reportaran pérdidas acumuladas por 1,155 millones de pesos en una década. Cómo perder dinero con una lotería sigue siendo uno de los secretos mejor guardados de la política mexicana. Solo en México una máquina diseñada para recaudar dinero se puede convertir en una institución que necesita ser rescatada.

Pero ahora el control estatal ha sido rebasado por la tecnología. Es de esperarse que los mercados de apuestas sigan creciendo y que las nuevas generaciones crezcan rodeadas de criptomonedas, cuotas en tiempo real, mercados de predicción y aplicaciones que convierten cada minuto del partido en una oportunidad de especulación. Marx no vio al Arsenal, pero quizá habría reconocido la escena: una multitud frente a la pantalla mirando futbol, mientras participa en una bolsa de valores encaramada sobre el juego.