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En la casa embrujada de la ficción: reseña de El fantasma de las novelas de Martín Solares

Reseña de El fantasma de las novelas, nuevo libro de ensayos de Martín Solares que es al mismo tiempo un manual de técnicas para lograr relatos efectivos

Martín Solares obtuvo el Premio Bellas Artes de Ensayo Literario Malcolm Lowry 2025 por El fantasma de las novelas y otros métodos instantáneos de análisis literario. Crédito: Diego Simón Sánchez
17/05/2026 |01:04Vicente Alfonso |
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En su célebre manual de Metodología de las ciencias sociales, el politólogo John Gerring se permite una observación respecto a los procesos de creación artística. Nos dice que si bien “el acto creativo es misterioso, parece tener algunos rasgos persistentes”. Citando a Arthur Koestler, Gerring señala que con frecuencia los hallazgos literarios consisten no tanto en descubrir elementos nuevos sino en establecer asociaciones entre elementos que ya estaban allí. Por lo tanto, dice Gerring, “descubrir es conectar cosas que antes se consideraban separadas”.





Así, estableciendo asociaciones, procede El fantasma de las novelas y otros métodos instantáneos de análisis literario, nuevo libro de ensayos de Martín Solares publicado bajo el sello de Ediciones Era. Distinguido con el Premio Bellas Artes de Ensayo Literario, este volumen de 129 páginas destaca porque combina dos elementos que rara vez se ven juntos: erudición y sencillez. Pocas conversaciones son tan atractivas como aquellas en que un amigo nos habla, a ras de suelo, de las lecturas que le apasionan: Beloved, Moby Dick, Crónicas marcianas, Los detectives salvajes, El tesoro de la sierra madre, Huckleberry Finn, Bajo el volcán…

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Crédito: Archivo de El Universal

Conformado por diecisiete ensayos de extensión variable (de una hasta veintinueve páginas), Solares nos comparte la experiencia acumulada en dos décadas de carrera literaria si tomamos como partida la aparición de su primera novela, Los minutos negros (Random House, 2006). La efemérides resultaría forzada de no ser por los muchos elementos que vinculan ambos libros, y que apenas alcanzaré a esbozar aquí.

El primer apartado de El fantasma de las novelas, titulado “Mi tío y el tigre”, consiste en un relato que evoca la anécdota de un tío cazador para hurgar entre las diferencias entre el cuento y la novela. De dicha fábula, muy bien trazada, se desprende una enseñanza no de índole moral sino artística. Para no adelantar demasiado baste decir que para contar un cuento sobre la vida y la muerte basta con un hombre y un tigre, pero si lo que queremos es una novela, hay que aprender a observar más allá de la foto y hacer las preguntas adecuadas. Además, para quienes hemos leído varias veces aquella opera prima de Solares, resulta imposible no identificar los vasos comunicantes entre ambos relatos.

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El segundo ensayo (“El héroe que salió de un sombrero”) profundiza sobre la importancia de los detalles en el arte. Para hacerlo, el autor aprovecha una intersección entre dos elementos cotidianos: los sombreros y el cine. A partir de una serie de observaciones sobre los sombreros, bombines, cascos, gorras y capuchas utilizados por ciertos personajes cinematográficos, Solares da cátedra respecto a las estrategias para complejizar personajes de ficción. El capítulo, muy bien logrado, recuerda los diálogos entre el sabio Magistrodontos y su alumno en otro libro-manual para narradores: El agua grande (Tusquets, 2002), de Hugo Hiriart. Acaso guiado por el ejemplo de Hiriart, Solares predica con el ejemplo construyendo personajes y haciéndolos mutar con la habilidad de un prestidigitador frente a la atónita mirada de sus lectores.

El tercer ensayo es una diatriba contra la idea de inspiración y una defensa de la disciplina. En este caso el cruce es entre tal concepto —la inspiración— y los recursos de los artistas para titular sus creaciones. Para fraguar el texto, Solares echa mano de otra de sus líneas de investigación: conocedor del surrealismo, sus orígenes y sus procesos, nos comparte anécdotas que al final son mucho más que eso, como el sistema que siguió allá por 1927 el pintor Yves Tanguy para titular sus primeros cuadros con ayuda de André Breton. Este puente al surrealismo también está presente en el último de los ensayos, titulado “¿Puede un cuento salvarnos la vida?”. Difícil aquí no pensar en otro de los grandes proyectos novelísticos de Martín Solares: la trilogía protagonizada por el detective Pierre Le Noir ambientada en la Francia de hace un siglo, en donde los maestros del surrealismo son protagonistas.

Al momento de diseccionar estructuras de novela, Solares expone el equivalente narrativo a aquello que Denis Diderot llamaba la paradoja del comediante: para que una estructura parezca espontánea debe estar muy bien planeada. Al respecto, un apunte: el tamaulipeco reserva un apartado para un género que conoce bien como lector y como autor: la novela negra. (Una vez más, entre líneas, se asoman las obsesiones trazadas en Los minutos negros. Por ello sus análisis se detienen especialmente en las aportaciones de Dashiell Hammett, de Raymond Chandler y de Patricia Highsmith).

Al combinar sencillez con profundidad, Solares logra un libro que destaca por su claridad expositiva y su fuerza argumentativa. De esta manera va tocando asuntos cotidianos en la creación literaria como la invención del autor, el efecto producido en la historia al variar los tiempos verbales e incluso la construcción de un árbol de palabras a partir de las obsesiones y los temores de los personajes. En no pocos casos, el también editor propone ejercicios que permiten a los lectores experimentar de primera mano el hechizo de la creación. Así, por ejemplo, el ensayo titulado "Tres formas del fuego” cierra con un decálogo alrededor del cuento que dialoga con los que en su momento acuñaron autores como Quiroga, Borges, Monterroso y Piglia.

A medida que avanza la lectura, nos damos cuenta de que el volumen no se limita a su dimensión de manual. En una época en donde el tiempo resulta un bien escaso, ¿no sería oportuno preguntarse por qué dedicamos cientos de horas al año a consumir historias en forma de libros, películas y otros dispositivos narrativos? Solares lo hace. Reflexiona en torno a las ficciones y su papel en nuestras vidas: “a diferencia de las verdades científicas y las calumnias callejeras, las ficciones son autosuficientes”, observa. Sus valiosos hallazgos, contenidos en este libro fascinante, ameno y erudito, nos permiten atisbar por qué las mejores ficciones son adictivas, imperecederas y suelen tener un alcance universal.