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“El ‘yo te creo’ nos convierte en una persona incontaminada”: entrevista con Yuderkys Espinosa Miñoso

Entrevista a la pensadora dominicana Yuderkys Espinosa Miñoso, quien reúne en su libro De por qué es necesario un feminismo descolonial una serie de ensayos en los que cuestiona la mirada eurocéntrica

Yuderkys Espinosa ha editado libros claves sobre el feminismo, como Decolonial Feminism in Abya Yala: Caribbean, Meso, and South American Contributions and Challengues (2022). Crédito: ARCHIVO CASA DE LAS AMÉRICAS/CORTESÍA UAM
05/07/2026 |01:09Abida Ventura |
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Dentro de los feminismos latinoamericanos y caribeños, la dominicana Yuderkys Espinosa Miñoso (Santo Domingo, 1967) se ha consolidado como una de las voces más críticas del llamado feminismo eurocentrado. Desde la academia y el activismo, ha construido una obra que cuestiona la centralidad del género como categoría única de análisis y propone un pensamiento feminista descolonial que ponga en el centro las experiencias de las mujeres racializadas del Caribe y América Latina o el “Abya Yala”, un vocablo tomado del pueblo cuna (originario de algunas regiones de Panamá y Colombia) que ella emplea para nombrar al continente americano.





Una serie de ensayos y conferencias que ha dictado en los últimos años en torno a estas reflexiones se congregan en su libro De por qué es necesario un feminismo descolonial. Crítica a la razón feminista eurocentrada (2025), cuya segunda edición, ampliada y corregida, acaba de ser publicada en México por la Universidad Autónoma Metropolitana y U-Tópicas.

Con motivo de ese volumen que este 2026 también se publicará en inglés, la investigadora habla en entrevista con Confabulario. Referente del feminismo negro del Caribe y miembra fundadora del Grupo Latinoamericano de Estudios, Formación y Acción Feminista (GLEFAS), la pensadora cuestiona en esta charla el feminismo eurocéntrico y el fenómeno global surgido de ese movimiento, conocido como #MeToo; rechaza además el punitivismo y la cultura de la cancelación.

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El libro reúne muchos de tus ensayos sobre el feminismo descolonial, ¿cómo ha evolucionando tu posición en torno a este concepto?

Hay varias cuestiones: una de ellas tiene que ver con cómo se ha ido radicalizando cada vez más la crítica, no solo al feminismo como movimiento, sino a sus categorías fundamentales. Eso que empezó como una crítica a cierto solipsismo y la centralidad de la categoría de género, ha ido transformándose en una crítica radical. Está la pregunta de si la categoría de género todavía nos es efectiva para pensar la multiplicidad de las violencias de la matriz de dominación, no solamente para las mujeres, sino para el resto de seres existentes. Entonces, ya no estamos pensando solamente en un activismo centrado en o desde las mujeres, sino que esta trayectoria se ha ido alimentando de las reflexiones y las luchas de los movimientos territoriales en el Abya Yala, que han desarrollado conceptos como el de comunalidad.

Por otro lado, desde las ciencias sociales y humanas, hemos pasado del giro descolonial al giro ontológico, entonces, para mí, lo central es pensar la cuestión de la comunidad y la comunalidad, abandono el antropocentrismo.

Hay un texto pequeñito de una conferencia donde una de las preguntas que me hago es: ¿qué política para qué mundo?, es decir, ¿qué teoría para qué mundo? ¿cómo estamos pensando el mundo?. Si ya el enfoque de mirada se ha ampliado a un nivel más comunal, comunitario, entendiendo que no hay posibilidad de salvación individual ni siquiera humana, no podemos solo quedarnos en la justicia humana. La cuestión ahí sería que, en todo caso, si nos seguimos adscribiendo al feminismo, tendríamos que darnos cuenta si es cierto el eslogan de ‘si tocan a una, nos tocan a todas’.

Si lo que realmente queremos es que todas las mujeres estén bien, tenemos que llegar a la conclusión de que todo tiene que estar bien, como me dijo una compañera de origen aymara en Bolivia. Esto en el sentido de que somos complementarias. Si queremos que todas estén bien, hay que aceptar que nuestra lucha es por el bien de todo lo existente. Eso significa cambiar las condiciones sociales en general y el modelo civilizatorio para mejorar las condiciones de aquellas que están dominadas por el clasismo, el racismo, la homofobia, la lesbofobia, la transfobia. Entonces, todo esto implica abandonar esta idea del feminismo como una lucha de y para las mujeres. En ese punto diría yo que es en el que me encuentro.

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Eso quiere decir que es un feminismo que también busca el bienestar de los hombres…

Exactamente. Se me viene a la cabeza algo que aprendí con algunas compañeras de origen maya con todo lo que pasó en los juicios de Sepur Zarco, donde en medio de la guerra interna en Guatemala muchas comunidades y compañeras indígenas fueron violadas por el ejército y los grupos armados que estaban allí. Una de las cuestiones que sale a relucir, y que lo retrata muy bien Aura Cumes, es cómo en los relatos de estas compañeras el dolor profundo que ellas tienen no es solamente porque las hayan violado. Su dolor es mucho más profundo porque tiene que ver con una comunidad que ha sido azotada, violentada, desaparecida en su conjunto, donde la mayoría de sus hermanos, primos, tíos, esposos, hijos, han desaparecido. Si a ellas las habían violado, a sus compañeros, a los varones de su pueblo los habían desaparecido. Entonces, esa división que hace el feminismo, donde el dolor y la violencia que viven las mujeres es solamente por lo que les atañe a su cuerpo, desaparece cuando una puede realmente darle valor de escucha y de verdad a las historias y dolores que expresan las historias de aquellas que están en menor condición de privilegio.

En uno de tus ensayos te refieres al feminismo como una empresa salvacionista de Occidente y mencionas las políticas de organizaciones, como Naciones Unidas. ¿Cuál es el riesgo de llevar este feminismo progresista a ciertas regiones? ¿Esta idea del feminismo se ha usado de alguna forma como un caballo de Troya imperialista?

Totalmente. No sé cuál es el riesgo, porque eso parecería que es a futuro, pero eso ya ha ocurrido. Hace mucho tiempo vengo hablando de la razón feminista eurocentrada y lo que estoy intentando señalar es cómo ese feminismo se instaló como la verdad para pensar a las mujeres de manera universal. Eso es un problema porque esa verdad ha sido construida por aquellas que están en mayor condición de privilegio, pero también por la mirada eurocéntrica. Y también: ¿qué es para la modernidad europea bienestar? ¿Cuál es su deseo de justicia? ¿Cómo piensa la justicia? ¿Cómo piensa la liberación?. Cuando esto se lleva a las comunidades que han sido vistas y representadas por ese mismo proyecto europeo como grupos incivilizados, salvajes que quedan en el pasado, estamos hablando de proyectos de mundo muy distintos, basados en una razón imperialista.

Entonces, esa racionalidad feminista, en la medida en que ha ido imponiéndose como la única verdad y como el único formato de liberación y el único modelo de justicia, va arrasando con modelos de justicias ancestrales, modelos civilizatorios centrados en la relación. Ha implicado la destitución y la destrucción de modelos mucho más amables. Al centrarse en la relación, no están centrados en el individuo, sino en la convivencia de todo lo existente allí. Eso significa que esos mundos están desapareciendo y una de las maneras en que ese proyecto civilizatorio se ha ido imponiendo es a través del feminismo, centrado en el yo individual, no en el yo comunal; centrado en el cuerpo, como un cuerpo individual. Ahí están eslóganes como ‘mi cuerpo es mío’. Muchas de las compañeras de los territorios hablarían de que mi cuerpo no es mío, mi cuerpo es un yo relacional. Ubuntu significa ‘yo soy porque somos’. El cuerpo es el cuerpo social, el cuerpo comunitario. Todo implica parte de ese cuerpo y cuando algo está mal, está todo mal. Entonces, la diferencia es significativa. Este proyecto moderno colonial, que se impone a través de la mirada de género, lo que hace es fracturar lo que, en principio, son comunidades de vida.

Desde esa mirada, ¿cómo ves las agendas progresistas que se han instalado en América Latina y el retroceso de esas políticas en algunos países con la llegada de gobiernos ultraconservadores?

El tema es que, cuando una mira más allá de las apuestas de derecha, de ultraderecha o de izquierda, cuando una hace estos análisis que estoy señalando, una comienza a ver que tanto un proyecto como otro forman parte del mismo modelo civilizatorio, solamente que uno es más amable y apela a ciertos principios de posibilidad de existencia en el mundo, pero ccon unos ideales que siguen siendo parte de ese proyecto que, de todas maneras, es de muerte.

Todo lo que hemos visto en los últimos tiempos, el ascenso del trumpismo, de la derecha, la islamofobia, la prácticamente ya desaparecida Palestina a través de un sionismo que se expande a nivel global y que está dando las recetas para la ultraderecha, lo que nos muestra todo eso es la debilidad de esas herramientas que se idearon dentro del proyecto humanista moderno para tratar de garantizar ciertos derechos. El proyecto no cambia, solamente hay normativas de derecho, y entonces, cuando llega el ala más terrible y temible de la propia modernidad, puede prescindir de esas herramientas y las pueden pasar por alto. Hoy en día, prácticamente todas las leyes internacionales, todos los mecanismos de protección han sido burlados por Israel, por Estados Unidos y por la derecha en el mundo, donde quiera que esté. Esto nos habla de las deficiencias de este modelo humanista.

¿Desde la academia qué peso está teniendo este enfoque descolonial del feminismo? En general, se sigue hablando mucho de Virginia Woolf o Simone de Beauvoir.

Creo que sí ha ganado mucho espacio; hay mucho espacio de visibilidad, de representación, espacios que han permitido que gente como yo pueda ser escuchada, pero eso no significa que se ha sustituido el paradigma dominante dentro del feminismo. Creo que están conviviendo los dos, pero creo que incluso en un tiempo donde lo descolonial se volvió de moda y cualquiera es feminista descolonial, antirracista, en todo el continente, el paradigma dominante sigue siendo la centralidad del género. Eso lo podemos ver incluso en compañeras racializadas que son parte de estos movimientos feministas negros y que, sin embargo, de negro solo tienen la piel. Como diría Frank Fano: ‘piel negra, máscaras blancas’, porque su proyecto político no cambia más allá de simplemente pedir inclusión o representación. Quieren un espacio dentro del feminismo, pero las verdades que alimentan, aquello en lo que creen sigue siendo producido por el feminismo eurocentrado, para no decir ya feminismo blanco.

Hay compañeras jóvenes que están siendo educadas por ese feminismo mainstream, producido en Europa y en los Estados Unidos y que luego se ha replicado en nuestros países y eso es lamentable porque hoy en día hay acceso a mayor cantidad de bibliografía, discursos que hacen una crítica tan tangible y contundente contra esa teoría feminista, pero también contra su programa político y de liberación.

Tampoco soy pesimista, creo que han habido las dos cosas. No estamos igual que hace 20 años, se ha ampliado la cantidad de activistas negras, compañeras indígenas que están hablando y diciendo lo suyo, han aparecido feminismos musulmanes descoloniales, feminismos decoloniales en África, donde una pensaría que no tiene por qué haber feminismo descolonial, pero el feminismo allí también fue blanco, producido por las que fueron parte de la colonización o las que fueron a estudiar a África.

Esa teoría feminista eurocentrista sigue viva, sigue dándose en las universidades, sigue estudiándose de manera autónoma por los feminismos populares. Acabas de mencionar a Virginia Wolf, yo en mis cursos muchas veces he puesto a mis alumnos a leerla, pero para encontrar allí los vicios racistas, colonialistas, eurocéntricos.

En ese sentido, ¿qué balance haces del MeToo, que también fue una tendencia que llegó de Estados Unidos a todos lados?

El MeToo fue empezado por una mujer negra estadounidense, eso ha salido muchas veces como una reivindicación. Y ojo, porque en la mayoría de los lugares ni se sabía que había sido un movimiento iniciado por una mujer negra y entonces comienzan a reivindicarla como una cosa buena. ¿Por qué hubo una necesidad de decir que era una mujer negra? Porque era tan parecido al tipo de accionar político y la racionalidad de ese movimiento. Era exactamente o estaba basada en la misma racionalidad que conocemos del feminismo eurocentrado, blanco: el hombre es el enemigo, el hombre es un depredador por naturaleza, las mujeres unidas todas vamos a ir en contra de los hombres. Mantiene ese mito de las mujeres de un lado, los hombres del otro.

Yo no estoy diciendo con eso ni estoy negando que efectivamente hay compañeras que han estado en peligro y que han sufrido violencia. Lo que estoy diciendo es que la racionalidad que se replica allí está centrada en el género, es decir: Yo estoy siendo violentada porque soy una mujer y eso no importa si soy negra, si soy india, si soy blanca o lo que sea o si soy mestiza. No importa. Es porque soy una mujer y es por un problema de género. Es la interpretación de la violencia que ha hecho el feminismo basada en el género. Entonces, este movimiento es muy bienvenido por el feminismo blanco. Se vuelve una ola internacional, que llega a olvidar que esto fue una mujer negra porque al final de cuenta era parte de la misma racionalidad. Las consecuencias de esta oleada del MeToo ha sido terrible porque ese “yo te creo”, sin necesidad de pruebas y solamente te creo por el hecho de que eres una mujer, nos convierte a las mujeres en una persona incontaminada, cuya voz debe ser creída siempre. No importa su condición, la situación que ocurrió, no importa nada. Es una voz incuestionable. Y eso es un problema porque ninguna voz puede ser incuestionable; se tiene que dar la posibilidad de demostrar. Que hay un problema en la justicia patriarcalista del estado moderno, eso es un tema que hay que trabajar, pero pasar de ahí a pensar que todo lo que decimos es real, es un problema.

Voy a poner un ejemplo de lo que está pasando con el estado de Israel. Es intocable porque a la persona judía se la convirtió en la víctima absoluta. Todo lo que tú hagas está permitido porque eres siempre la víctima y es permitido porque voy siempre a sospechar. Siempre voy a creer en tu palabra porque tú eres la víctima incuestionable. Y eso mismo ha pasado con las mujeres y no saben el mal que eso ha hecho al interior de los movimientos sociales. Esto ha traído una ola punitivista que, por suerte, trajo por el contrario, una ola antipunitivista de la cual yo soy parte y que trabaja en una justicia restaurativa, que no sigue pensando en acudir a una ley que, ya sabemos, tiene todos los defectos y que siempre va a darle más potestad a aquellos que tienen poder.