Hoy mi alma enferma

no puede siquiera sostener la mirada de los cuervos.

Justo a partir de ahora, ella,

en su cuarto enferma de bronce frío,

arderá en un fuego de rosas transparentes.

Sinceramente, hermanita mía,

hoy me siento tan terriblemente mal

que no alcanzo las flores de los sauces.

20 marzo de 1922

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