“Chapultepec, capricho presidencial y dedazo”

Cuauhtémoc Medina, crítico de arte e historiador, examina el proyecto, cuestiona los fines de varios museos propuestos y se pregunta si son necesarios

“Chapultepec, capricho presidencial y dedazo”
Foto: Archivo EL UNIVERSAL
Cultura 19/08/2020 00:12 Sonia Sierra Actualizada 11:15
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El crítico de arte e historiador, Cuauhtémoc Medina, concluye que el “capricho presidencial” y el posterior “dedazo” son el fondo del proyecto “Bosque de Chapultepec. Naturaleza y Cultura”. Advierte improvisación, ocurrencias y la carencia de un estudio previo en la propuesta que describe también como “una regresión política”, de la cual no tendríamos por qué estar hablando ahora, cuando hay en el país más de 57  mil muertos por Covid-19 y las instituciones culturales están inoperantes ante la Ley de Austeridad que, más bien llama “austericidio”.

“No podemos evadir el hecho de que el problema más serio no es quién lo hará ni cómo llegamos a tener que sufrir este proyecto, sino que estamos en la emergencia sanitaria más importante desde 1919 y en la catástrofe económica más importante en un siglo. En esas condiciones, tenemos, al mismo tiempo, una política de parálisis total del aparato cultural federal por la vía de una Ley de Austeridad que en realidad es un austericidio, que pone en peligro de preservación del patrimonio, que ha retrasado los proyectos arqueológicos, históricos, de mantenimiento de acervos, y los artísticos y, por otra parte, un ejercicio de voluntarismo y arbitrariedad absoluta en el uso de los recursos. Es uno de los hechos más lamentables de la historia de la política cultural mexicana”.

En entrevista con EL UNIVERSAL, en la serie “Conversaciones sobre Chapultepec”, el curador en jefe del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), dice que el proyecto para Chapultepec implica una “regresión política” y es “la producción de una ocurrencia en una serie de improvisaciones que llevan a una variedad de arbitrariedades”.

El hecho simbólico de que Andrés Manuel López Obrador no quisiera vivir en Los Pinos derivó, opina, en un vacío que ahora se llena con la idea de un museo: “El Presidente quiere un museo patriótico”.

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Cuestiona, en primer lugar a Alejandra Frausto –“la llamada secretaria de Cultura que no defiende el presupuesto ni la cultura”. Y abunda: “La secretaria pretende salvar la inexistencia de sustancia de su gestión, al contratar a un artista mexicano con prestigio global, para que lleve a cabo lo que yo llamaría un acto mimético: establecer una restauración de un poder caciquil presidencial en la forma de una designación caciquil de un artista. ¡Eso está muy mal! ¡Eso no debería ocurrir!”

Cuestiona que el Presidente celebre que un artista haga un trabajo gratis –“como si la cultura fuera un campo que no requiere ser remunerado”--; y  cuestiona que las instituciones continuaran con el proyecto a pesar de que se habló de un plagio. “Esa es la palabra que corresponde al tomar un plan del bosque que fue desarrollado por Alberto Kalach y su equipo”.

Evaluación de los nuevos espacios

Cuauhtémoc Medina, como otros especialistas en cultura y arquitectura, se pregunta acerca de la apertura de más museos: “¿Por qué hacer crecer aún más la concentración de espacios culturales más importante del continente americano? Por un lado está el tema de qué tanto puede llegar a afectar eso al terreno del bosque; por otro, la consideración de que las nuevas instituciones que quieren hacer podrían vivir en otros lugares de la República, y por otro, el que algunas de esas instituciones no las necesitamos”.

Por ejemplo, dice Medina, ¿por qué un museo de la Guardia Nacional o de las Fuerzas Armadas? “Ya bastantes edificios con banderas raídas, cañones descompuestos y bayonetas torcidas tenemos en este país. No necesitamos un museo de celebración de una historia militar que tampoco es particularmente significativa”.

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Otro museo que pone en duda es el que se propone a la cultura política, y que estaría en Los Pinos: “Yo he trabajado durante decenios como ciudadano en la movilización de lo que llamamos la izquierda democrática, yo voté por este Presidente, pero en ningún momento me pasó por la cabeza que lo que estábamos haciendo era buscar que nos convirtieran en figuras de cera en una vitrina. Es monstruoso. Es la fábula de ‘La oveja negra’, de Augusto Monterroso: van a matar a la oveja negra –la izquierda mexicana-- para hacerla una estatua. Ese museo no solamente es innecesario sino indecente”.

El curador no cree que la Cuarta Sección del Bosque de Chapultepec sea el mejor lugar para abrir bodegas para los museos del INBAL. “Pero además, el hecho es que tenemos una estructura estatal que no gasta dinero en comprar arte, que no colecciona, que está, como el pariente rico que ya no tiene dinero, viviendo de glorias pasadas”.

El museo que Cuauhtémoc Medina expresa que sí haría falta es uno de historia natural, para el cual bastaría con invertir la décima parte del proyecto que, en su primer año, implicará una inversión de mil 100 millones de pesos.

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Y sobre el pabellón de arte contemporáneo que estará en el actual Jardín Botánico, opina: “El problema es que con el argumento del arte contemporáneo se nos plantee que van a quedar integradas las distintas etapas de la cultura mexicana, desde lo prehispánico a lo contemporáneo.  Yo pensaba que la variedad de posibilidades del arte contemporáneo, en este país, implicaba escapar, burlarnos y bailar encima de la idea limitada e inútil de que tenemos que operar en la lógica del relato nacional. Porque la idea  coloca el ámbito de las preocupaciones de los artistas en el eje de la patria. La senda de la sociedad mexicana contemporánea no consiste en atar lo antiguo con lo moderno, debe integrar las preguntas de las feministas, el reconocimiento de naciones diferentes a la nación mestiza, las preguntas sobre lo que implica ser una sociedad de migrantes… El reescribir el tipo de proyecto que podrían imaginar Jaime Torres Bodet o Gustavo Díaz Ordaz produce una risa gutural interminable”.

Cuauhtémoc Medina es muy crítico no sólo de las obras de infraestructura, sino de la decisión presidencial que hay atrás de todo ello: “El proyecto Chapultepec es una obra que viene de un capricho presidencial, que se convirtió en un dedazo, que se basó en un plagio y que ahora se convierte en una exhibición de la servidumbre en medio de la tragedia. Aquí no hay Cuarta Transformación; hay regresión absoluta: se hace lo que el Presidente quiere y los recursos fluyen en esa dirección. Entonces, lo que uno ve son funcionarios y áreas desesperados por captar una migaja de esa estructura. Es el viejo estilo de tratar de solucionar algo cuando al mandamás se le ocurre tirar recursos en alguna dirección. Lamento que haya todavía algún artista que esté haciéndole la tarea a un poder falto de lógica. Esto hace muy triste el recorrido que implica la obra de Gabriel Orozco”.

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