De los "Independientes" presidenciables y los absurdos de nuestra democracia

Óscar Mario Beteta

Las candidaturas independientes, especialmente las presidenciales, inscritas en el juego político-electoral mexicano sobre la idea de que ampliarán y fortalecerán la democracia, tienen fallas y lagunas que es necesario advertir. Todos de los que aspiran ahora a ese importantísimo cargo, carecen del respaldo de un órgano político para elaborar un Proyecto de Nación con las estrategias adecuadas para plantear al electorado alternativas a la solución de los problemas nacionales. Y el país no está para experimentos.

Con independencia de que ni uno solo de los cuarenta “candidatos ciudadanos” que pretenden gobernar México tiene posibilidades reales de ganar, aun cuando figuren en las boletas, es importante revisar su postura y los fundamentos de sus aspiraciones.

Sus pretensiones parten del hastío de la sociedad respecto de los políticos y de los partidos tradicionales que, a fuer de reiterar prácticas indebidas, para decirlo todo, busca cualquier salida. Ellos se le ofrecen como alternativa en una acción oportunista, combinada con la frustración, la desesperación y la necesidad colectivas de un cambio.

En esa línea y siempre en nombre de la democracia, se legisló en la materia. Con ella, cualquier persona puede registrarse como aspirante a todo puesto electivo, si bien los requisitos que debe cumplir, en varios aspectos, son realmente infranqueables. La actual recolección de firmas de quienes desean participar en la lucha presidencial, sólo se ve al alcance de dos o tres. Al resto casi nadie los conoce.

Empero, ¿qué propuesta ofrecen ahora como recolectores de voluntades que los ayuden a formalizar su registro como candidatos? ¡Ninguna! Para tratar de tomar las riendas de un país se debe tener una ideología, una declaración de principios, una propuesta programática, políticas públicas claras; en suma, un Proyecto de Nación con el que ninguno de ellos cuenta ni parece importarles. Y al parecer, tampoco a los potenciales electores a los que pueden envolver en su aventura.

Quienes coinciden en un fin, que es acceder al poder en este caso, hacen las propuestas de transformación y/o mejoría de la sociedad sobre planes, no sobre ocurrencias o “anhelos”. Los precandidatos presidenciales registrados hasta ahora, están actuando sobre esa base, aunque no se resistan a la idea y la práctica de la decraracionitis, que equivocadamente estiman más rentable para efectos electorales.

¿Son los independientes tan omnisapientes como para estructurar solos todo el instrumental teórico-práctico que se requiere para gobernar el país? ¿No necesitan para eso ni la aportación de un cuerpo asesor, que además les cobraría? ¿Son tan “ciudadanos” que se desciudadanizan, se apartan de toda organización para presentarse como impolutos y luego, sin brújula y sin faro pretender gobernar?

Semejante aberración es inadmisible. Más aún, es irresponsable e inmoral. La democracia que tenemos, que no es tal, no puede llevarnos a esos excesos. La ciudadanía es la única que puede evitar ya no los daños que el funesto ejercicio de las candidaturas independientes pudiera causar, porque no son una amenaza real e inminente, sino los costos que provocan ahora y que se sintetizan en una farsa, en un engaño y un derroche sin sentido.

Si quienes creen que pueden llegar al poder presidencial totalmente desprovistos y desarmados de cuanto se necesita para poder ejercerlo pecan de inconscientes por ambiciosos, los medios de comunicación están obligados con los ciudadanos a hacérselos notar. Gobernar es mucho más que un simple deseo.

En ese sentido, deberían abonar a evitar que los ciudadanos desciudadanizados, supuestamente alejados de los partidos, aunque los lleven en su corazón o en su bolsillo, participen en un juego sin objetivos democráticos reales.

SOTTO VOCE… La guerra político-electoral de “baja intensidad” que habíamos visto hasta esta semana, ha comenzado a escalar y amenaza con alcanzar proporciones y a personas inimaginadas… La aprobación por los diputados federales de la “Ley Mordaza” o “Antimeme”, que en teoría pretende coartar la libertad de expresión, será rechaza en el Senado simplemente por absurda, confusa, mal elaborada y sin sustento. Su autor, el gris priísta Pablo Elizondo García, está muy a tono con su contenido vesánico e ignorante… Inflación y paridad cambiaria; renegociación del TLC y reforma fiscal norteamericana, en combinación con las elecciones federales, sembrarán un ambiente de incertidumbre al menos durante el primer semestre de 2018…Por eso, son mis mejores deseos que esta Navidad y el Año Nuevo estén llenos de armonía, paz y felicidad para usted, amable lector… Por vacaciones, En Petit Comité volverá a publicarse hasta el 12 de enero. ¡Felicidades!

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