Perdón, sheriff Arpaio

Alejandro Hope

Joseph Michael Arpaio, antes sheriff del condado de Maricopa, antes amo de Phoenix, hoy octogenario furibundo, siempre flagelo de migrantes, es un hombre afortunado.

Su amigo, su compinche, su faro, su presidente, Donald J. Trump decidió indultarlo. El sheriff no pisará la cárcel, su desacato reiterado de órdenes judiciales no tendrá consecuencias. Por orden presidencial, queda perdonado.

Es que es un patriota, dice Trump. Es que preservó la seguridad de Arizona, remata. Y, además, ¿de qué se acusa al dulce italiano del desierto? De pura nimiedad. Por ejemplo:

Creó una prisión al aire libre, llamada Tent City y descrita por él mismo como un “campo de concentración”, donde migrantes sin documentos, muchos de ellos mexicanos, tenían que sobrevivir en tiendas de campaña a temperaturas superiores a 50 grados.

Al menos 157 prisioneros murieron en las cárceles del Condado de Maricopa entre 1999 y 2015. De ese grupo, no menos de 39 se quitaron la vida, un porcentaje de suicidios muy por encima al de cualquier otra cárcel en EU.

Sus custodios amarraron a una silla de castigo a un hombre parapléjico, detenido por posesión de marihuana, lo cual le produjo la ruptura de vértebras y la pérdida del funcionamiento de los brazos.

Hizo desfilar por las calles del condado a decenas de prisioneros, de origen mexicano en su mayoría, vestidos con trajes a rayas, encadenados entre sí, hasta su campo de concentración. Siete de cada diez no habían recibido ninguna sentencia.

Usando acusaciones inventadas y pruebas falsas, ordenó la detención de los dueños de un medio local, llamado Phoenix New Times, por publicar múltiples reportajes sobre los abusos de la oficina del sheriff. A consecuencia de ese hecho, el condado de Maricopa tuvo que pagar 3.75 millones de dólares en daños y perjuicios a las dos personas detenidas.

Organizó un autoatentado que envió cuatro años a la cárcel a un hombre inocente y que le acabó costando a los contribuyentes de Phoenix al menos un millón de dólares más en compensación.

Bajo sus instrucciones, los policías del condado de Maricopa incurrieron de manera sistemática en prácticas de discriminación y uso de estereotipos raciales (racial profiling) en contra de la población de origen hispano, según la resolución de un juez federal. Dicho de otra manera, detenían a personas sin más evidencia o base de sospecha que el color de su piel y los rasgos fisionómicos.

Desobedeció al tribunal y mantuvo las prácticas discriminatorias, a resultas de lo cual las autoridades federales le abrieron un acusación penal. Durante el proceso, intentó destruir evidencia requerida por el tribunal y contenida en computadoras de la oficina del sheriff. Eventualmente, fue declarado culpable de desacato a autoridad judicial.

Como se ve, todo es pura pequeñez. Si hubo algún abuso, fue contra los bad hombres. Si hubo algún exceso, fue por vocación de servicio. Todo fue por patriotismo, por amor al prójimo, por defender a los buenos ciudadanos (blancos) de Arizona.

Joe Arpaio merece entonces algo más que un indulto presidencial. Merece una estatua. Merece una disculpa ¿Cómo pudimos pensar que es un troglodita racista, un supremacista blanco, un sádico irredento, un salvaje adicto a los reflectores y desdeñoso de la ley? ¿Cómo se nos pudo ocurrir tal cosa de tan buen hombre?

Perdón, sheriff Arpaio. Disfrute su bien ganada libertad.

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