Ecocidio en el Parque Las Águilas

Adriana Malvido

¿Qué clase de gobierno es el que, en pleno siglo XXI, destruye un área verde para convertirla en basurero?

Sus palabras se me grabaron: “La Ciudad de México es un monumento a la violación de los derechos humanos ambientales”. Así me lo dijo el especialista Javier Riojas en plena contingencia durante la primavera de 2016. Hoy, lejos de reivindicar la calidad de vida como una prioridad, la capital del país se ha convertido en un monumento al absurdo. ¿O acaso no lo es el hecho de que el gobierno capitalino pretenda transformar un parque en un basurero?

La fiebre constructiva, el culto a los centros comerciales, la religión del consumo, la corrupción inmobiliaria… han convertido a las áreas verdes de la ciudad en espacios de oportunidad para la avaricia. No importa que la Organización Mundial de la Salud recomiende al menos 16 metros cuadrados de área verde por habitante y que nosotros sólo contemos con 5.3 por persona. Tampoco interesa a los gobernantes que en todos los estudios de diseño urbano se revaloren los espacios públicos como sitios para la reconciliación social, la resiliencia, el encuentro con los otros o con el silencio, elementos que inciden en la salud mental y en los índices de felicidad de los ciudadanos. No les quita el sueño a los funcionarios la idea de arrebatarles a 10 mil personas la posibilidad de seguir disfrutando de un parque para jugar, hacer deporte, pasear a sus hijos o a sus perros, convivir o meditar. Nada de eso parece importarle a las autoridades de la delegación Álvaro Obregón que permanecen impasibles mientras que, en pleno parque ecológico Las Águilas-Japón, al sur de la ciudad, se pretende construir un Centro de Recolección y Transferencia de Basura cuyas consecuencias van desde la tala de más de 200 árboles, hasta la movilización diaria de 300 camiones con desechos sólidos en el área.

En las últimas décadas, las grandes infraestructuras, los enormes edificios y la construcción de vialidades orientadas al predominio del automóvil han deshumanizado la ciudad, clausurado lugares de encuentro, cultura y diversión al aire libre. El parque ecológico Las Águilas-Japón se ha defendido, durante más de 30 años, de la voracidad comercial e inmobiliaria y se ha convertido en espacio para la convivencia y la salud: aloja al Centro Ecuestre de Rehabilitación, una asociación civil dedicada a la equino terapia con excelentes resultados en niños y adolescentes con alguna discapacidad. Hay campos de futbol soccer y americano, instalaciones deportivas y de recreación, un parque acuático de uso gratuito y lugar para la Asociación de Scouts de México.

Pero aquí, donde la ciudadanía pasa de un sobresalto a otro porque jamás se le consulta, los vecinos de Las Águilas se toparon un día con más de 150 árboles numerados en orden a talarse para abrirle paso, en pleno parque, al centro de transferencia de basura que funcionó durante años en el área industrial de Prolongación San Antonio. El traslado, para dejar el espacio libre a un gran proyecto inmobiliario y un nuevo centro comercial de la desarrolladora Danhos, en ese sitio.

En medio de la creciente inseguridad urbana, cuando más necesarios son los espacios públicos, agredir así a la ciudadanía es una bofetada a la democracia, al medio ambiente y al desarrollo sustentable. Es un paso a la descivilización.

“No lo permitiremos”, aseguran los vecinos de Las Águilas organizados y listos para un amparo. Y es que, si la ciudad es un espejo vivo donde se refleja la sociedad que la habita, ¿qué clase de gobierno es el que, en pleno siglo XXI, destruye un área verde para convertirla en basurero?

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