Los juegos que los niños de hoy ya no conocen

Mochilazo en el tiempo

Cada vez menos niños ocupan la calle como su patio de juegos. Muchos de los más jóvenes no conocen el juego del bote pateado, ni mucho menos dominan el tiro de “uñita” de las canicas.

Texto: Gamaliel Valderrama

Diseño web: Miguel Ángel Garnica

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“¡Chiras pelas!” o "salvación por mí y por todos mis amigos", son frases que en una época fueron muy populares en escuelas y calles de la Ciudad de México; hoy son pocos los niños que conocen el significado de dichas expresiones.

El señor Manuel Chávez, de 50 años, recuerda el tiempo donde la rutina después de llegar de la escuela era comer, hacer la tarea, para luego salir a divertirse con los amigos. "Mamá, voy a jugar a la calle”, asegura, es algo que ya no se escucha hoy en día.

Entre los juegos más populares de antaño estaban las canicas y el bote pateado.

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Fotografía de 1994, tomados de las manos, niñas y niños juegan a la víbora de la mar.

“Cada tarde nos juntábamos en la calle. Era probable que los amigos ya estuvieran ahí, pero si no era el caso, íbamos a tocar a sus puertas”, comenta don Manuel. Uno de los juegos favoritos, por mucho dice, “era jugar al Bote Pateado”.

Por su parte, la señora María Jiménez, de 55 años, evoca su niñez y responde que prefería jugar con muñecas, pues su mamá no le gustaba que anduviera “correteando a sus amiguitos o jugando en la tierra”. Sin embargo, en más de una ocasión tuvo que romper las reglas para ayudar a su hermano menor, quien de vez en vez, perdía todas sus canicas.

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Expectantes, niños no dejan de observar la última jugada. “¡Atrás de la rayita!”, exige uno de los jugadores. Imagen de 1993.

En un sondeo realizado por esta casa editorial, la mayoría de los menores no reconocían los términos usados para jugar canicas y desconocía que era el bote pateado. Aunque las personas mayores que los acompañaban sí reconocía que el bote pateado se trataba de un juego similar a las escondidas, también sabían algunos términos usados en las canicas, como tiro de “uñita” y “huesito”.

Según la Federación Española de Canicas, las primeras canicas de las que se sabe provienen del antiguo Egipto y datan del año 3 mil antes de Cristo. En la época contemporánea, se comenzaron a producir en masa. “Casi en todos los países del mundo sirven para el juego de los niños”, señala la agrupación española.

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Diversión de chicos y grandes, las canicas se acostumbran jugar en un campo de tierra. Cualquier momento es bueno para llenar la bolsa de “agüitas”.

El juego de canicas tiene variaciones que depende de la época, pueblo, país, entre otros. En México, hay definiciones, palabras y variantes propias del juego, por ejemplo: hoyito, rueda y cocol o rombo. Algunas frases usadas durante el juego: las traigo, pelas. También tipos de tiro: huesito y uñita. Regularmente las canicas se juegan en un campo de tierra.

¿Cómo se jugaba? Se pintaba una raya en el piso, y esta era la salida. Todos los jugadores, se paraban “atrás de la raya”, usaban su “tirito” –canica favorita–, y lanzaban las canicas tratando de acercarse al “hoyito”, un huevo poco más grande que el tamaño de una canica. El agujero estaba a unos tres metros de la raya. La finalidad del juego era eliminar a todos los oponentes. La forma más sencilla era meter la canica en el hoyito, con lo cual podrías dejar fuera a cualquier oponente con sólo pegarle. 

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Las canicas han pasado de moda desde hace 6 mil años. Imagen de principios de siglo en México.

La rueda o círculo se juega colocando varias canicas dentro de un aro dibujado en la tierra. El objetivo es sacar las canicas de los contrincantes desde la línea de salida, se perdía el turno cuando no se lograba sacar ninguna canica. El cocol o rombo se juega de forma similar, la silueta es marcada en el piso y las canicas se ponen en el contorno y el tiro se hace desde la raya.

En el centro del país los tipos de canicas más populares son: Agüitas, hechas de vidrio transparente o de un solo color; Tréboles, transparente con pinceladas de uno o varios colores en su interior; y Bombochas, canicas del doble o triple del tamaño común, que por su dimensión son más difíciles de manipular.

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La falta de un campo de tierra no es impedimento para probar el “tirito”.

Sobre el origen del bote pateado poco se sabe, sin embargo, juegos como “Doña blanca”, “La Rueda de San Miguel” o “Las Escondidillas”, entre otros, se tiene registro de su existencia al menos desde inicios del siglo XV. El bote pateado es un juego de escondite, en el cual se necesita un bote pequeño.

El juego, básicamente se trataba de patear un bote lo más lejos posible, mientras alguien va por éste los demás se esconden. Para el desarrollo, cada que el buscador lograba ubicar a alguien, éste regresa a la base –donde había caído el bote– para anunciar el descubrimiento: “uno, dos, tres, por –la personas que había encontrado–, que está escondido en…”, aunque si el buscador se equivocaba en el nombre y lugar, los demás salían a señalarlo: “equivocación, equivocación”, en ese momento el juego reiniciaba. Otra parte del juego era que mientras el buscador está lejos del bote, los que están escondidos pueden correr hacia la base y patear el bote en tanto anuncian: "salvación por mí y por todos mis amigos", ahí se retomaba el juego. Éste concluía cuando todos eran descubiertos.

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El señor Manuel Chávez recuerda que el bote pateado le gustaba más que las “escondidas” porque había más variantes, “si alguno de los otros niños no lo encontraban, podía tomar por sorpresa al que buscaba, entonces él niño corría hacia el bote y lo volvía a patear lejos y grita: ¡salvación por mí y por todos mis amigos!”, además, afirma orgullo don Manuel que era el más veloz de la cuadra y el que más veces salvo a todos su amigos.  

María Jiménez, por su parte, relata que su mamá no le gustaba que jugara en la tierra, sin embargo, reconoce que era bastante habilidosa en la canicas, “era natural, a muchos en el barrio del gané sus canicas, pero como mi mamá se enojaba cuando estaba jugando en la tierra. Pero ahí era donde se jugaban las canicas”.

Aunque quería usar su “tirito”, el temor a las advertencias de su madre la alejo poco a poco del suelo polvoso. Pero cuando se necesitaba, reconoce la mujer de 55 años, ella “salía al quite” por su hermano menores. “Una vez a mi hermano menor le ganaron todas sus canicas. Llegó llorando a la casa. Me dio coraje y salimos a buscar a los niños que le había ganado. No pudieron conmigo, era más grandes, –dice orgullosa María– en un rato les gané todas sus canicas”.

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Imagen de los años 20 del siglo pasado. Un grupo de niños mira a la cámara, mientras en el suelo, uno de ellos no pierde detalle de tiro de “uñita” de su compañero. Mediateca INAH.

Ambas personas, María y Manuel coinciden en hoy en día son pocos los niños que salen a la calle a jugar. Lamentan que estos juegos se vayan perdiendo en el tiempo. Aunque también reconocen que hoy en día los padres no dejan salir a sus hijos por la inseguridad, por lo cual los entretienen con videojuegos u otro tipo de aparatos.

Sobre el tema, el doctor Alejandro González Villarruel, académico de la facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, afirma que a través de los juegos se prepara a los niños para asumir roles y transmitir conocimientos. En ese sentido, se puede ver a los juegos como la semilla que prepara a los más jóvenes para el mercado laboral.

El académico explica que bajo esta lógica se puede comprender uno de los motivos del porque los juegos han cambiado de espacio y dinámicas, pasando de ser colectivos a individuales, y mudándose de lo público a lo privado, de la calle a las casas. Es así que juegos como las canicas o el bote pateado se convierten en objetos de culto y de otros tiempos porque ya no se ajustan al modelo laboral actual. Sus normas y valores son ya anticuadas, por ello toman relevancia los juegos electrónicos, que están más acorde con las condiciones laborales actuales.   

Por otro lado, el doctor González Villarruel aclara que este no es el único motivo, agrega que la apropiación de la calle por parte de otros sectores, como la delincuencia, los autos, negocios, entre otros, poco a poco han ido robando espacios a los niños que salían a jugar, pero a su vez, implantado la idea de que la calle no es segura, sea cierto o no, a los adultos. Lo que crea un círculo que poco a poco va confinando el entretenimiento de los niños a espacios cerrados.

El maestro de la UNAM cuestiona, “¿quiera saber en qué barrios todavía se sigue jugando futbol en la calle? Son muy poco en la ciudad de México, responde. Podrías reivindicar estos juegos que los mayores conocimos en la calle, pero antes debemos recupera nuestra calle”, sentencia.

La mayoría de los niños consultados afirmaron que no salen a jugar debido a que sus padres consideran como peligrosa la calle. Además, refirieron que la mayoría de sus juegos son electrónicos, por lo cual no tienen la necesidad de salir a la calle, sino que pueden jugar con otros desde sus casas.

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La falta de juguetes era sustituida con la imaginación de menores.

Sobre las canicas, EL UNIVERSAL Ilustrado publicaba en agosto de 1928 el texto titulado La astucia del juego de canicas: “El chico que juega canicas aprovecha los accidentes mismos del terreno para guarecerse del ‘tiro’ del contrincante. Aguza su ingenio para cazar al enemigo y ganarle mayor número de canicas.

La astucia, esa arma detestable que la política moderna y la guerra llamada científica han venido a acrecentar en el uso de los hombres, encuentra propicio campo durante el juego de canicas para deslizarse en el alma del niño y restarle audacia y arrogancia, a la vez que aumentar su habilidad y su cálculo”.

Hoy quedan atrás los recuerdos de los adultos que solían salir a la calle para hacer de ésta su patio de juegos. “Yo era de los que siempre regresaba a casa sin canicas. Mi hermano mayor, salía sólo con una canica y regresaba con las bolsas llenas”, relata el señor Javier Mena, de 45 años.

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Del patio de juegos al Xbox
 
 

Juegos como “Doña blanca”, “La Rueda de San Miguel”, “Las Escondidillas”, “Las Estatuas de Marfil” o “¿Lobo estás ahí?”, entre otros, de los cuales se tiene registro de su existencia al menos desde inicios del siglo XV, se han ido difuminando con el transcurso de los años.

En la actualidad, las nuevas generaciones de infantes, aunque pueden aprenderlos en la escuela o de sus familiares mayores, prefieren el entretenimiento de un juego virtual a recrear aquellas rondas infantiles en la calle o el patio de la escuela o casa.

En entrevista con EL UNIVERSAL distintos expertos señalaron la importancia de aquellos juegos durante la infancia, los valores que aportan y los factores que influyen en las conductas violentas de los niños actualmente.

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Las rondas infantiles que los niños formaban entrelazando sus manos, como una manera de juego y entretenimiento, en las generaciones actuales se han ido difuminando por los cambios sociales y tecnológicos con los que los juegos infantiles han llegado a incluir realidades virtuales.

“Los juegos infantiles no se limitan a ser únicamente una actividad de recreación; son fundamentales en el proceso de socialización y aprendizaje en la niñez para el sano crecimiento. Ayudan a que, desde temprana edad, los niños aprendan a reaccionar y actuar rápidamente”, argumenta el sociólogo y sicólogo por la Universidad Autónoma Metropolitana, Arturo Martínez.

En tanto, el académico de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la UNAM, Raymundo Isidro Alavez, comenta que jugar aumenta la identidad de los niños, desarrolla su capacidad psicomotriz, a través de ellos (los juegos) conocen su cultura y eso les permite aprender valores “como la convivencia, la solidaridad, igualdad y la amistad”.

Por su parte, el sociólogo Arturo Martínez recordó que “por medio del juego, el niño expresa su mundo interior enlazándolo con el que les rodea. Descubren nuevas posibilidades de aprender”.

Los juegos de nuestros padres y abuelos
 
 

EL UNIVERSAL se dio a la tarea de preguntar a varias personas si conocían los juegos infantiles de antaño, con los que también crecieron nuestros padres y abuelos.

Había una larga lista de rondas infantiles y juegos de patio como: “La rueda de San Miguel”, “El Milano”, “La rana”, “Los 10 perritos”, “¡Que llueva, que llueva!” , “A la víbora de la mar”, “Naranja Dulce”, “Brinca la Tablita”, “Hilitos de Oro”, “Las madres de San Juan”, “En el agua clara”, “Mambrú”, “El patio de mi casa”, “Acitrón”, “Soy cojo de un pie”, “San Serafín”, “La paloma azul”, “Avena, avena” o “El relojito”, cuyo arreglo, en grabaciones que se hicieron de estas canciones en disco de acetato, se atribuye al compositor chileno Juan S. Garrido.

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Juego Con Melón o con Sandía. Imagen de la Enciclopedia 6 Siglos de Historia Gráfica de México de Gustavo Casasola. Inicios del siglo XX.

Con la nostalgia reflejada en su rostro, algunos adultos recuerdan los juegos con los que se divertían y gracias a los que compartieron momentos con otros niños de la cuadra, sus primos o amigos de la escuela.

Rememoran de manera casi perfecta las reglas de cada una de estas rondas y aseguran que se trataba de actividades en las que se requería de mucha habilidad y destreza, pero sobre todo que era muy divertido. Ahora, con los cambios tecnológicos y un nuevo panorama para la niñez y juventud, les asombra ver que el entretenimiento gire en torno a juegos virtuales.

Estos juegos tradicionales tenían como característica una canción que narraba una corta historia para hacer, al final, una pregunta o afirmación en la cual los niños que participaban debían echar a correr, esconderse o atrapar a alguno de los que jugaban.

Jovita García, de 81 años, cuenta que uno de sus juegos favoritos de la infancia era “Doña Blanca”. Para jugar tenía que haber dos personajes principales: doña Blanca y el jicotillo y los niños que formaban un círculo y se tomaban de las manos para proteger a doña Blanca.

“Teníamos que formar un circulo, quien era doña Blanca se ponía al centro de la rueda, mientras que el jicotillo estaba fuera de ella. Los niños del círculo cantaban: ‘Doña Blanca está cubierta con pilares de oro y plata. Romperemos un pilar para ver a doña Blanca (dos veces). ¿Quién es ese jicotillo que anda en pos de doña Blanca?’. Y el jicotillo respondía: yo soy ese jicotillo que anda en pos de doña Blanca”, explica.

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Jovita García de 81 años, junto a su nieta.

Los niños del círculo respondían que doña Blanca no estaba, a lo que el jicotillo debía insistir hasta que le dijeran que sí estaba e ir preguntado a todos los niños de qué era cada pilar (las manos unidas de los niños). Un niño respondía que de oro, otro de plata, de madera, hasta que llegan al de papel. Entonces el jicotillo podía romper ese pilar; doña Blanca salía corriendo del círculo y el jicotillo debía atraparla, pero si doña Blanca regresaba a la rueda, el jicotillo perdía. En cambio, si atrapaban a doña Blanca, ella se convertía en el jicotillo y quien era jicotillo elegía a la nueva doña Blanca.

La historia de este juego hace referencia a la reina Blanca de Navarra, España, cuyos padres arreglaron su boda, pero ella se negó. Ante esto, la encerraron en un castillo llamado “Peñaflor” y era alimentada de pan y agua. Después del castigo, Blanca se casó y la canción hace alusión a la época en que estuvo aislada en el castillo hasta que aceptó, según datos de la página “Libros de primaria de los 80’s”, este cantico data de principios del siglo XV.

“Eran horas las que pasé jugando, corriendo y cantando cuando fui niña”, recuerda la señora Jovita. Ahora le sorprende que para su nieto de 13 años la diversión signifique pasar horas frente a la pantalla del televisor. “Dice que juega Xbox”, exclama sorprendida.

“En la escuela, las maestras nos enseñaban a jugar `A la víbora de la mar´, nos hacían que conviviéramos con otros niños, jugábamos a correr, a saltar la cuerda”, comparte David Salgado de 63 años. Comenta que cuando platica con sus nietos sobre las tradiciones de juegos de antaño, lo ven raro. “Se les ve en la cara que no les emociona, hasta me preguntan si eso era divertido”, confiesa.

El señor David les enseñó a sus hijos algunos de los juegos con los que él se divertía, “pero con los años y conforme se fueron juntando con otros niños empezaron a preferir otras actividades y también a practicar otros juegos”, explica.

Esos otros juegos eran las apuestas con canicas, girar el trompo o la rayuela –también conocida como el avión–. “Y eran juegos que implicaban competir con otros amiguitos, había que ser más hábil”, comenta el hijo del señor David, Luis Salgado, de 40 años.

El señor David y su hijo coinciden en que si los juegos de esa época se fueron perdiendo se debe a que ahora los papás ya no tienen tiempo de platicar con sus hijos de su niñez, de las tradiciones de antes. “El ritmo de vida ahora es muy diferente y muchas veces no hay tiempo”, argumentan.

Uno de los juegos que Jessica Esquivel, a sus 25 años, evoca es “¿Lobo estás ahí?”, para éste también se necesitaba formar una rueda. “Todos nos tomábamos de las manos, pero uno se quedaba en el centro del círculo y él era el lobo; mientras dábamos vueltas, cantábamos: Jugaremos en bosque, mientras el lobo no está aquí, porque si el lobo aparece a todos nos comerá, ¿lobo estas ahí?”.

El lobo daba alguna respuesta como "no, me estoy levantando", "no, me estoy bañando", “no, estoy lavándome los dientes” o “no, estoy amarrándome las agujetas”, hasta que decía por fin “aquí estoy”, entonces todos corrían para que el lobo no los atrapara y a quien tocaba, se convertía en el lobo.

“Se sentía una emoción en la panza cuando escuchábamos que el lobo ya iba a estar listo para correr a atraparnos”, confiesa Jessica al recordar aquellos días.

Una frase del famoso sicólogo suizo, Jean Piaget decía que "El juego de reglas es una institución implica una cooperación, suscita obligación", por esto, podríamos decir que tanto “Doña Blanca” como “¿Lobo estás ahí?” al ser clasificados como rondas de persecución que conllevan una serie de reglas aportan valores como la cooperación y el respeto, además de fomentar la convivencia, pues para jugarlos se necesitaban, al menos, seis niños.

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El juego de “El Milano” a inicios del siglo XX. Era muy similar al de “Lobo, ¿estás ahí?” que conocemos, pero “El Milano” era un niño enfermo, en el cual también se hacían preguntas hasta que éste se levantaba y correteaba a los demás. Crédito: Enciclopedia 6 Siglos de Historia Gráfica de México de Gustavo Casasola.

“La rueda de San Miguel” es otro juego del pasado. Se cree que este juego tiene origen en España, donde vivía un señor de nombre Miguel que transportaba cajas de miel en un burro en varios pueblos, de quien algunos niños se reían. Un día cuando don Miguel bajaba de un pueblito querían que el burro se cayera, pero sólo don Miguel resbaló del burro, días después los niños visitaron al señor y como disculpa le hicieron esa canción.

Como su nombre lo dice se hacía un círculo, los niños se tomaban de las manos mientras cantaban: “A la rueda, rueda, de San Miguel, San Miguel. Todos cargan su caja de miel. A lo maduro, a lo maduro que se voltee Juanito de burro” (o cualquier nombre de los niños que jugaban).

Cada niño se volteaba al oír su nombre y se tomaba de las manos al contrario de los demás, hasta que todos terminaban volteados y repetían hasta regresar a ver hacia enfrente.

La ronda “La víbora de la mar” hace referencia a la época de los griegos y romanos. Los comerciantes de aquella época debían pagar una cuota a los árabes para trasladar mercancía de un pueblo a otro y había veces en que se quedaban sin mercancía o sin su última mula. Entonces, los niños de ese tiempo adaptaron esta situación a un juego. Unos niños hacían un puente y el resto simulaban ser las mulas, el último niño debía quedarse atrapado.

Con el tiempo, este juego se modificó en distintas regiones y países. La canción como se juega en México dice:

“A la víbora, víbora de la mar, de la mar, por aquí pueden pasar, los de adelante corren mucho y los de atrás se quedarán tras, tras, tras, tras.
Una mexicana que frutas vendía ciruela, chabacano, melón o sandía.
Verbena, verbena, jardín de matatena verbena, verbena, jardín de matatena
Campanita de oro déjame pasar con todos mis hijos menos el de hasta atrás tras, tras, tras, tras.
Será melón, será sandía, será la vieja del otro día, día, día, día, día.

¿A qué juegan los niños de hoy?
 
 

Es común en nuestros días ver que el entretenimiento de las nuevas generaciones infantiles está más relacionado con la tecnología y la era digital. Aunque en algunos casos sus padres o hermanos mayores les enseñaron algunos de los juegos tradicionales, saben manipular con mucha mayor facilidad el control remoto o el teclado del teléfono inteligente, argumentan que es más divertido y que es lo que tienen a la mano.

Al preguntarle a Javier, un niño de diez años, a qué juega con sus amigos, responde que casi siempre se reúne con otros niños a jugar Xbox. En la pantalla simula ser un personaje animado y a través de un control remoto maneja sus movimientos; puede luchar contra alguien, ir en una carrera de coches, cumplir alguna misión peligrosa o simplemente jugar fútbol con otros personajes virtuales, de los que sólo conoce el nombre, o contra el juego por sí solo.

En este sentido, la pedagoga Denisse Rico argumenta que esta manera de divertirse “está bien dentro de su contexto porque es lo de hoy” y obedece a que “es lo que conocen y con lo que crecen”, de manera que cuando la tecnología se usa de manera responsable puede desarrollar la inteligencia positivamente. “La ventaja para los llamados ‘millennials’ es que tienen la accesibilidad para conocer cualquier parte del mundo o cualquier cosa que les interese”, comenta.

Dos de los juegos que aún sobreviven entre los niños de hoy son las Escondidas y las Atrapadas, en los que se requería tener aún mayor habilidad e ingenio para correr y esconderse en cuestión de pocos segundos.

Gerardo tiene 13 años, pero recuerda que jugar a las escondidas era muy divertido. “Porque debíamos tener condición física para llegar antes que el que debía buscarnos para salvar a todos y que había veces que ya no quedaban más escondites y jugábamos hasta cansarnos”, fue un juego que le enseñó su tío apenas 11 años más grande que él; sin embargo, con el paso del tiempo casi nadie de sus primos quería salir a jugar y luego prefirió invertir su tiempo de diversión en la computadora y el celular.

Desde pequeña, Melisa de 11 años acostumbraba jugar con sus muñecas barbies o juegos de mesa como Turista mundial y aunque sus papás sí le enseñaron juegos tradicionales cuando era más pequeña no solía practicarlos mucho y ahora prefiere las aplicaciones del celular y la computadora. “Me gusta un juego de construir casas que se llama Sims”, detalla.

Cuando era más chico, Leonardo acostumbraba jugar con carritos. Ahora que tiene 11 años juega fútbol y le divierten las aplicaciones del celular y del Xbox. El único juego tradicional que juega son las Atrapadas. Mientras que Alan de 11 años refiere jugar con soldados de plástico y fútbol. Aunque le divierten mucho los juegos digitales, dedica en promedio dos horas jugando fútbol, y una a los juegos de la computadora.

El contexto social ha cambiado
 
 

Es importante mencionar que si bien los juegos han cambiado de una generación a otra, la transformación en los juegos infantiles no es el único factor que ha provocado cambios en el comportamiento de la niñez.

En palabras del doctor en sociología René Jiménez Ornelas, la violencia en los niños está relacionada con el contexto de inseguridad y violencia en el que se encuentra el país. "Uno de los factores que está dentro de la violencia es la situación estructural en México, en donde hemos visto cómo algunos niños llegan a agredir a profesores, incluso a personas mayores o a sus propios padres cuando llegan a determinada edad", argumentó.

Al respecto, Denisse Rico dice que “se trata de una responsabilidad compartida: los padres deben enseñar a sus hijos a utilizar las aplicaciones móviles, pero también fomentarles algunos juegos, investigar, dedicarles tiempo”.

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Niños cantan y saltan sus mochilas en una imagen de 1969.

Para muchos, estos juegos representan recuerdos de la infancia, la de nuestros padres y abuelos y que hoy prácticamente quedan en la memoria y en aquellos que sigan compartiendo con las nuevas generaciones estas tradiciones.

Los juegos tradicionales forman parte de la riqueza cultural y frente al contexto social en el que vivimos, sería importante regresar a enseñar a los niños estos juegos que forman parte de la tradiciones de la infancia y que, como afirman los expertos,  fomentaban valores como la solidaridad, el respeto a los mayores y coadyuvaban a desarrollar capacidades físicas y mentales.

Fotos: Archivo EL UNIVERSAL. Mediateca INAH.

Fuentes: Hemeroteca EL UNIVERSAL. Entrevistas con Manuel Chávez, María Jiménez y el doctor Alejandro González Villarruel, académico de la facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. EL UNIVERSAL ILUSTRADO. ¿Jugamos a las canicas?, de efdeportes.com. Mochilazo en el tiempo: Del patio de juegos al Xbox, de Karen Esquivel, noviembre de 2016.

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