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La Iglesia donde se planeó la Independencia

En el centro de la Ciudad de México existe una iglesia que en 1820 fue escenario de una Conspiración para llevar a cabo la Consumación de la Independencia de México. Lugar clave para marcar el rumbo de la historia nacional, hoy en su atrio hay una cafetería.
15/09/2017
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Texto: Mauricio Mejía Castillo

Fotos: Archivo El Universal

Diseño web: Miguel Ángel Granica

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En la esquina de Madero e Isabel la Católica en el centro histórico de la capital mexicana se encuentra el templo de La Profesa o San Felipe Neri. Muchos de los feligreses que acuden a ella o paseantes que la ven por fuera, se sorprenderían al saber que en ella tuvo lugar una serie de reuniones conocidas como Conspiración de la Profesa. Dentro se fraguó la Consumación de la Independencia de México.

Historiadoras entrevistadas por EL UNIVERSAL coinciden en la importancia que esta conspiración tuvo para la historia de este país. La doctora Patricia Galena, directora del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, dice que la intención de los conspiradores era hacer de México la nueva Metrópoli, rompiendo definitivamente con España.

“Lo que pretendían era que se lograra la Independencia para que Fernando VII viniera como gobernante absoluto, sin Constitución, aquí a la nueva España. En esa reunión se les ocurrió que antes de que viniera el rey a gobernar había que pacificar al país y terminar con los pocos focos insurgentes que quedaban y es cuando le encargan a  Agustín de Iturbide que acabara con Vicente Guerrero, quien ya estaba consciente de que para consumar la independencia tenía que buscar aliados”. La doctora asegura que sí existen documentos que prueban la celebración de estas reuniones.

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Iglesia de La Profesa vista desde la calle de Madero casi esquina con Isabel la Católica en la década de los años 50. Archivo fotográfico EL UNIVERSAL.

En 1820 el sacerdote del templo, Matías Monteagudo, organizó una serie de juntas para lograr la Consumación de la Independencia de la Nueva España, a raíz del descontento de la oligarquía eclesiástica con la Constitución de Cádiz. Ésta, creada en 1812, rechazada en un principio pero jurada después por el rey Fernando VII, era de corte liberal y atentaba contra los derechos de la Iglesia. Por ello, el clero decidió lograr la independencia de España y establecer en México una monarquía absoluta.

A esta juntas, dice Lucas Alamán en su Historia de Méjico “asistían varios individuos de los más respetables de la ciudad, los cuales veían con horror las ideas que se habían manifestado en las cortes en materias religiosas, desde su reunión en Cádiz [de corte liberal, efectuada en 1812] y querían a toda costa oponerse a su reunión y ejecución en el país (…) En aquellas reuniones, desde que se recibieron las noticias de los sucesos de España, se trató de impedir la publicación de la constitución (…) para la ejecución de estas ideas, necesitaban de un jefe militar de crédito y que mereciese su confianza, y creyeron encontrarlo en Agustín de Iturbide”.

El padre Luis Martín Cano, párroco de La Profesa, comenta que lo más lógico es que las reuniones se hubieran llevado en la casa de ejercicios espirituales para varones que se encontraba a un lado del templo, misma que fue derrumbada para la apertura de la calle de Cinco de Mayo. Quienes acudían a estos ejercicios, dice el sacerdote, permanecían una semana encerrados en la casa. Esta situación pudo haber sido tomada como pretexto para las juntas secretas. Pero, sostiene, no hay nada que lo documente.

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La Profesa, construcción de estilo barroco, vista desde la calle de Isabel la Católica. Pocos saben que este fue uno de los sitios claves donde se gestó la Consumación de la Independencia.

La doctora Cristina Gómez, profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, afirma que las juntas fueron el antecedente directo del Plan de Iguala, con el que México consiguió su Independencia. El motivo que tenían estas reuniones y la participación de los miembros de la Iglesia, sobre todo del obispo de Puebla, es que ellos querían evadir las reformas secularizantes que las Cortes de Madrid estaban tomando en contra del clero. Por ejemplo, se había decidido que el diezmo ya no fuera el diez por ciento de la producción, sino el cinco; bajar o limitar el número de novicias en los conventos, suprimir todos los conventos de las órdenes militares y lo más importante: se había acordado suprimir los ingresos vía capellanía, donaciones.

“Esta fue la razón por la cual el alto clero decidió impulsar la ruptura con la metrópoli, en los diez años anteriores, desde el inicio de la lucha, el alto clero siempre combatió a los insurgentes. Pero en esta ocasión decide que ya ha llegado a un límite la reforma liberal de las cortes españolas y por eso va a impulsar la Consumación de la Independencia. En estas reuniones se redactó el plan de Iguala. Invitaron a otros individuos que no solamente eran de la Iglesia, sino que eran los representas más importantes de las oligarquías criollas. Si se observa el artículo catorce de este plan, pues dice justamente que el plan de Iguala va a conservar la riqueza, los fueros y los derechos de la Iglesia”. 

Ambas historiadoras comentan que fue María Ignacia Rodríguez de Velasco, la Güera Rodríguez, quien convenció al general michoacano de que fuera a las reuniones del templo de San Felipe. La Güera fue tomada como modelo de Manuel Tolsá para la imagen de la Purísima Concepción que se venera en el templo. El arquitecto español también diseñó las naves de estilo neoclásico.

Galeana comenta que Iturbide se dio cuenta que era imposible acabar con Guerrero, como era la orden, porque nadie conocía la Sierra como el guerrillero. Así, “Iturbide no cumplió con el plan de la Profesa porque él era el que había logrado la Consumación de la Independencia, con la negociación con Guerrero. No cumplió con los conspiradores que le habían dado la encomienda, ni con los insurgentes. Esto también hizo que su imperio fuera efímero”.

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Agustín de Iturbide también participó en estas reuniones, pues fue elegido por los jerarcas eclesiásticos y otros líderes antiliberales, como el jefe militar por tener las aptitudes para la Consumación de la Independencia.

En tanto que la profesora Cristina Gómez señala que no hay algún documento que avale que en ese templo se llevaran a cabo reuniones en contra del régimen establecido. Pudieron haber sido ahí o en otro lado”. Pero eso, dice, “no importa. Lo que importa es que fueron esos eclesiásticos los que las hicieron. La Consumación de la Independencia nace con un reforzamiento de los intereses y los derechos de la Iglesia”.

Hoy una parte de la fachada de esta iglesia, obra del arquitecto Pedro de Arrieta, sirve de decoración para la sucursal de una cadena estadounidense de cafeterías. El estilo arquitectónico de ésta contrasta, con el rojo tezontle del templo. Una cruz que quizá en los jueves santos de la colonia fue adornada por los devotos, ahora es flanqueada por las características sombrillas verdes en una terraza.

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Parte de la Iglesia de La Profesa es aprovechado como “una de las paredes” de la parte al aire libre de una sucursal de cafeterías estadounidenses que está ubicada justo al lado de esta histórica edificación.

Esta noche se conmemora el inicio de la lucha de Miguel Hidalgo en 1810. Una lucha que terminó diez años después con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México. La Conspiración de la Profesa fue el último eslabón que unió ambos acontecimientos. Esta noche es también la ocasión ideal para recordar los nombres de aquellos personajes que la hicieron posible y que el tiempo ha ido borrando de la memoria de muchos mexicanos.

Foto principal: Interior del Templo de San Felipe Neri “La Profesa” donde se observa el retablo principal de estilo neoclásico dedicado a San Felipe Neri, el cual fue diseñado por el arquitecto valenciano Manuel Tolsá.

Foto antigua comparativo: Templo de San Felipe Neri “La Profesa” tomada por Guillemo Kahlo en 1908. Colección Ricardo B. Salinas Pliego. Fomento Cultural Grupo Salinas.

Fuentes: Historia de Méjico de Lucas Alamán; entrevistas para EL UNIVERSAL con las doctoras en historia Patricia Galeana y Cristina Gómez y con Luis Martin Cano, rector de la Congregación del Oratorio. 

 

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