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Las mujeres del poder

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¿Las madres, las esposas, las secretarias, las protegidas, las favoritas, las fans? Qué va, ¡hasta las ex novias!
OTRAS
28/08/2015
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De vuelta a las andadas en la era de WhatsApp, Tinder y Snapchat. Escritora y periodista. Promotora de abrir la mente y liberar la palabra… y el cuerpo. Divorciada y mamá de dos adolescentes. Autora...
OTRAS

Hace mucho un exitoso coach de políticos y personas célebres me advirtió que me cuidara de las mujeres del poder:

“Si un hombre, no te la perdona, una mujer menos”.

Mujeres en el poder, mujeres del poder. ¿Quiénes eran, quiénes son?

¿Las madres, las esposas, las hermanas, las novias, las secretarias, las discípulas, las elegidas, las protegidas, las favoritas y favorecidas, lasmanagers o las groupies? Qué va, hasta las ex novias. Fuera de broma, así de amplio es el abanico: las que toman las decisiones, las que ostentan los privilegios, las que encubren, las que perpetúan, las que exhortan, las que callan ante los abusos y se aguantan las ofensas y aplauden sin cuestionar.

A veces no tienen que hacer nada de lo anterior. Sólo existir, sólo tener ciertos cargos, ciertos padres, ciertos apellidos: mujeres del privilegio, que no del mérito. O quienes tienen el mérito gracias al privilegio.

Algunas veces tampoco yo he tenido que hacer algo para exasperarlas o recibir su hostilidad: nada más que existir o tener una vida o que su señor poderoso me lance una mirada o hacer alguna pregunta o expresar una opinión.

No sé por qué, pero, a menudo suelo olvidar la regla de oro que me dio elcoach. Y, aunque algunas veces me ha costado algo de cierto valor (un trabajo, una invitación, un saludo), en todos los casos la ganancia ha sido invaluable.

No estoy hablando de las mujeres poderosas y empoderadas con las que he tenido el gusto de trabajar y convivir: de quienes he aprendido y, aun ante fricciones y rupturas propias del oficio ¡y de la vida!, valoro, agradezco y reconozco, tanto como asumo las veces en que las diferencias obedecieron a errores míos: ni pex.

Con lo que nada más no comulgo es cuando alguien, por el solo hecho de ser esposa, madre, amante, hermana de otro alguien en el poder, confunda diplomacia con lambisconería y respeto con obediencia.

Todas las veces paso y pasaré, sean hombres o mujeres, y así me cueste una chamba, un saludo, una invitación.

¿Y ustedes? ¿Han padecido este tipo de poder? ¿Cómo han lidiado con él?

 

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