¿Cómo se genera un delito? Es una de las preguntas que nos hacemos con mucha frecuencia y también es una de las que siempre ha causado impresión e interés en la sociedad. Es un cuestionamiento difícil, sin duda, y como tal no tiene una sola respuesta. La conducta delictiva es el resultado de varios factores los cuales influyeron de mayor o menor medida en la vida del sujeto pero que al fin y al cabo derivaron en una acción antisocial.

La idea del delito se genera en la mente del criminal pues es aquí donde se analizan los pros y los contras de llevar a cabo dicha conducta, así como de todas las acciones de la vida diaria, sin embargo, la idea criminal se alimenta o debilita de diversos factores como el entorno familiar, social y económico. Asimismo, para que se lleve a cabo un ilícito deben presentarse las condiciones necesarias a fin de que dicho comportamiento pueda manifestarse. No sólo porque una persona visualice un comportamiento criminal significa que lo va a llevar a cabo. Las circunstancias presentes juegan un papel sumamente importante para la comisión del delito.

Existen factores endógenos y ambientales que forman parte de una persona y que se generan desde una edad temprana; de igual manera están presentes durante toda la vida de un sujeto y dichos aspectos son de vital importancia para conocer los motivos que tiene una persona para realizar un acto que va en contra de la ley.

Los factores exógenos son aquellos que se relacionan con el ambiente del individuo  y pueden determinar si un acto delictivo se lleva a cabo o no. Estos componentes pueden ser la familia, el barrio, las amistades del sujeto, el nivel socioeconómico que entre otras características motivan a una persona a cometer un delito.

La motivación que tiene una persona para cometer un acto criminal deriva del aprendizaje que haya adquirido en la niñez. Durante esta etapa los niños suelen aprender de las experiencias diarias que observan en los adultos y de la actitud que estos últimos tengan con los demás. Un ambiente de consumo excesivo de alcohol, drogas y violencia familiar, generado por los padres, muestra un modo de vida al infante en el que resultará fácil replicar estos comportamientos. La escuela o grupos sociales juegan un papel muy importante y benéfico que permiten exponer al menor a un abanico de condiciones y convivencia positiva que igualmente influirá durante su vida a la par del entorno familiar del niño.

Existen muchas teorías que intentan responder por qué una persona comete un delito, sin embargo, todas parten de la mente. Con esto no se hace referencia a que los individuos con tendencia a cometer actos delictivos tengan alguna anormalidad cerebral como se creía anteriormente con la teoría de César Lombroso. A través de los años y diversos estudios se ha demostrado que no es acertada tal conclusión. Por otro lado, Seelbach manifiesta como parte de los factores endógenos que es posible que se puedan presentar algunas alteraciones en la corteza cerebral y dichas variaciones pueden derivar en una conducta delictiva. Asimismo, las teorías biológicas señalan que una persona puede cometer delitos debido a la manera en cómo manejan sus emociones, con ciertos grados de predisposición genética. No obstante, este grupo representa una minoría por lo que es más común que una persona pueda desarrollar actos antisociales debido al aprendizaje.

Otra teoría refiere que la razón por la cual las personas cometen delitos es debido a que se pueden localizar agentes fisiológicos y bioquímicos, sobre todo relacionados con los procesos químicos del cerebro. Se han presentado casos en los que la falta o exceso de algún neurotransmisor puede generar conductas en el sujeto que lo pueden llevar a cometer un delito, por ejemplo, la bipolaridad, que se deriva de la insuficiencia o ausencia de un neurotransmisor. Esta condición psiquiátrica se ha relacionado con algunos actos delictivos.

La delincuencia no es un mal que se pueda acabar, pero sí se controla por medio de programas adecuados a cada sector de la sociedad. A partir de ello, es indispensable utilizar los aspectos benéficos de la comunidad para contrarrestar las prácticas nocivas. Sin embargo, para generar un buen programa que busque la prevención del delito es necesario que se haga un estudio profundo sobre las personas que han cometido delitos. Por desgracia hay muchos individuos que han realizado tales conductas y se debe aprender de ellos con el fin de identificar los factores externos que refuerzan estas conductas y mantener esa información presente en los programas sociales y escuelas de las comunidades, así como el respeto a los valores como parte del fortalecimiento del tejido social.

Referencias.

  1. Bandura, A. y Walters, R. (1974). Aprendizaje social y desarrollo de la personalidad. Stanford, California. Alianza Editorial.
  2. Rodríguez, L. (2009) Criminología. México: editorial Porrúa.
  3. Saiz, D. & Soria, M. (2005) Psicología Criminal. Madrid: Pearson Educación.
  4. Seelbach, G. (2012) Bases biológicas de la conducta. México: Red Tercer Milenio.

Carlos Alberto Carmona Díaz

@ObsNalCiudadano @occuauhtemoc

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