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Cuando el mérito es desigual

23/09/2017
01:55
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Ahora las mejores plazas, son para los mejores maestros.

Uno de los logros más importantes de la Reforma Educativa, aprobada en 2013, fue la consolidación del Sistema Nacional del Servicio Profesional Docente. Como su nombre lo indica, su propósito es regular y profesionalizar el magisterio que trabaja para la Secretaría de Educación Pública. Dentro de sus acciones, a la que más se le ha dado realce es al método de obtención de plazas, el cual es ahora por medio de exámenes o concursos de oposición. Los aspirantes que obtienen los puntajes más altos en dichas pruebas, son los que primero pueden decidir en qué lugar trabajar. Y como es lógico, se opta por aquellas escuelas más favorecedoras para ellos, considerando, entre otras cosas; cercanía, contexto, prestigio, y por supuesto, sueldo.

Sin duda, representa un logro que debe aplaudirse. Sobre todo, si tenemos conciencia de lo oscuro que era el proceso anterior de obtención de plazas, el cual permanecía en las garras del sindicato y de prebendas políticas. Quien no tenía influencia, no adquiría experiencia; pues difícilmente se entraba a una buena plaza en el Sevicio por sí solo. Y además, dichos espacios de trabajo eran heredables, lo cual impedía aún más el asegurar que las personas preparadas llegaran a las aulas.

Sin embargo, no todo está resuelto, ni este mecanismo es la panacea, como lo promueven los discursos triunfalistas de la Secretaría de Educación Pública. Más allá de que un examen no es suficiente para probar la competencia de un docente, y de que se requiere invertir más en capacitación, existe en el mecanismo una grave deficiencia: no resuelve el problema de la desigualdad del Sistema Educativo Mexicano. Y además, lo perpetúa.

La desigualdad educativa, como lo explica el investigador mexicano en educación, Carlos Ornelas, es el fenómeno que describe los enormes contrastes en el desempeño de nuestras escuelas de nivel básico. Mientas existen zonas con excelentes, buenos, o incluso aceptables niveles de desempeño, persisten muchísimas otras que están descuidadas casi por completo; tanto en infraestructura, como en pedagogía, e incluso atención familiar. Escuelas en la que los niños acuden prácticamente para cubrir un horario. Y el Sistema está diseñado para que las zonas favorecidas se sigan beneficiando aún más, mientras que los esfuerzos por rescatar las otras, que son las que en verdad nos atrasan, son insuficientes. Sin embargo, el mayor esfuerzo debería estar en estas últimas zonas, pues es preferible que todos tengamos un nivel aceptable, a que existan contrastes que después sigan alimentando las cifras que hoy nos revelan que el El 1% de la población recibe 21% de ingresos de todo el país (Estudio Oxfam Desigualdad Extrema en México, 2015), con todos los problemas e injusticias que ello acarrea.

El economista indio, Amartya Sen, y la filósofa estadounidense, Marhta Nussbaum, nos hablan de la importancia de que los mejores maestros vayan a las zonas más desfavorecidas. Con el sistema de asignación de plazas actual, sucede exactamente lo contrario: los mejores maestros van a las zonas más favorecidas, porque es en ellas donde está el incentivo y reconocimiento a su preparación.

Por supuesto que necesitamos buenos maestros en las zonas con buenos contextos, pero la realidad es que dichos ambientes hacen mucho más fácil que cualquier profesor que llegue a ellos ejerza muy bien su trabajo, debido, principalmente, a la supervisión y apoyo de los padres de familia. En cambio, un docente con menor preparación; que no cuenta ni con condiciones que hagan atractivo su trabajo, ni con la vigilancia de los padres de sus alumnos, ni con la correcta supervisión del Sistema (como, por lo general, sucede); es un maestro que, en resumen, no tiene incentivos para mejorar. Y la desigualdad seguirá consolidándose.

Los mejores maestros deben seguir siendo reconocidos. La cultura del mérito debe estar presente no sólo en el magisterio, sino en todas las profesiones. Por ello, las plazas más atractivas, para que las tomen los mejores maestros, tienen que ser ahora aquéllas que estén en los contextos desfavorecidos. De esa manera, el mérito seguirá teniendo su recompensa, pero la justicia social no será desatendida. Necesitamos ofrecer más a los que más lo necesitan, y así decir que ahora, las mejores plazas son para todos nuestros alumnos.

Ganadora del concurso de oratoria de EL UNIVERSAL 2017
Ganadora del concurso de oratoria de EL UNIVERSAL 2017
 

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