Imposible entender

Sara Sefchovich

Desde hace muchos años, he venido diciendo que eso de que todos en México desean la paz, es falso. La paz no les interesa ni les conviene a quienes se benefician de la delincuencia.

Pero lo que yo no sabía, y esto me lo acaba de enseñar el Presidente, es que quienes quieren que haya paz son los conservadores. Esto lo dijo Andrés Manuel López Obrador en una de sus mañaneras recientes en respuesta a un reportero: “Quienes quieren la paz son básicamente los conservadores”.

En las definiciones clásicas, el conservador es el que quiere que las cosas no cambien y el progresista es el que quiere que sí cambien. Pero para nuestro Primer Mandatario parece ser de otro modo y son los conservadores los que quieren que las cosas cambien, que ya no haya violencia sino que haya paz. ¿Podemos inferir que los progresistas serían los que quieren que las cosas no cambien y que se mantenga al país sin paz?

Ya he dicho en este espacio que las personas tenemos maneras de pensar diferentes, e incluso lógicas distintas y muchas veces incompatibles, tal que lo que a uno le parece justo o correcto o normal, a otro le parece injusto, incorrecto o incluso aberrante.

Esto es evidente en el caso mencionado, pues no logro entender la lógica presidencial detrás de esas afirmaciones, siendo que en su discurso los conservadores son los malos de la película y la paz en cambio, es el deseo más importante y la meta a cumplir del gobierno y de los ciudadanos.

Algo similar me sucedió con una legisladora que culpó a los medios de comunicación de magnificar la tragedia de Minatitlán para favorecer a la oposición a AMLO.

En mi lógica, no hay manera de magnificar una tragedia como esa, pues los hechos son de por sí enormes. Pero en la lógica de esa señora, lo terrible no es el montón de muertos sino que se hable de ello y se lo considere terrible, porque eso, asegura, tiene como único objetivo oponerse a López Obrador.

Este tipo de discursos donde los culpables de las tragedias son los que dan cuenta de ellas y su objetivo es desacreditar al gobierno, no por casualidad siempre vienen precisamente del poder que ha sido incapaz de evitarlas. En tiempos de Calderón un alto funcionario dijo que “horas y horas de transmisión en los medios de comunicación advirtiendo sobre el clima de inseguridad que existe en el país, han terminado por hacer de ese ambiente una realidad”. La idea es la misma: la violencia es producto de que se transmitan las noticias y no de las acciones de los delincuentes o de las deficiencias del gobierno.

Pero la lógica se me enreda todavía más, porque no entiendo a cuál oposición se supone que se favorece cuando se relatan esas situaciones: ¿A la que no quiere que haya más matanzas (que según AMLO son los conservadores porque ellos desean la paz)? ¿O a la que sí quiere que esas acciones sigan (que serían los que no desean la paz, o sea, los no conservadores)? ¿Entonces la oposición al presidente no viene de los conservadores como nos han dicho y recalcado? ¿ De quién viene entonces? ¿de los progresistas?

Complicado entender, pues se trata de mensajes contrarios a los que nos dan los discursos oficiales.

La joya de la corona del enredo son las palabras de una legisladora morenista: en el país solo hay dos tipos de personas, los pobres que son la mayoría y han sido explotados por el neoliberalismo y los ricos que son minoría y están vinculados con la delincuencia. Dicho de otro modo: que los pobres no son delincuentes y todos los ricos sí lo son.

Más allá de que estas afirmaciones no cuadran con lo que vemos que sucede, tampoco cuadran con la visión presidencial de quiénes son los conservadores y quiénes los progresistas, quienes los adversarios y quiénes los seguidores.

Lo que sí tengo claro es que yo no soy conservadora y no estoy en la oposición a López Obrador y sin embargo deseo la paz, la deseo ardientemente.


Escritora e investigadora en la UNAM

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